Shop Mobile More Submit  Join Login
About Varied / Student César AusMale/Unknown Groups :iconcleanformers: Cleanformers
Transformers Art Collection
Recent Activity
Deviant for 8 Years
Needs Premium Membership
Statistics 86 Deviations 26,827 Comments 52,198 Pageviews

Newest Deviations

Random Favourites

Activity


Christus surrexit,
sicut dixit,
alleluia!


-------


Osanna, Sanctus Deus Sabaoth,

superillustrans claritate tua

felices ignes horum malacoth!

alleluia!


___________________________________________________
Hosanna holy God of Sabaoth,/ abundantly illumining with thy brightness/ the blessed fires of these kingdoms ...
-------
¡Felices Pascuas de Resurreción!

Que Dios los Bendiga a ustedes, sus familiares, y demás seres queridos.

-------

DEFINICIÓN DEL TIEMPO PASCUAL.

Se da el nombre de Tiempo pascual al período de semanas que transcurre desde el domingo de Pascua al sábado después de Pentecostés. Esta parte del Año litúrgico es la más sagrada, aquella hacia la cual converge el Ciclo completo. Se comprenderá esto fácilmente, si se considera la grandeza de la fiesta de Pascua, que la antigüedad cristiana embelleció con el nombre de Fiesta de las fiestas, Solemnidad, de las solemnidades, a la manera, nos dice San Gregorio Papa en su Homilía sobre este gran día, que lo más augusto en el Santuario era llamado el Santo de los Santos, y se da el nombre de Cantar de los cantares al sublime epitalamio del Hijo de Dios que se une con la Santa Iglesia. Ciertamente, en el día de Pascua es cuando la misión del Verbo encarnado obtiene el fin que estuvo anhelando hasta entonces; en el día de Pascua el género humano es levantado de su caída y entra en posesión de todo lo lo que había perdido por el pecado de Adán.

CRISTO VENCEDOR.

Navidad nos había dado un Hombre-Dios; hace tres días recogimos su sangre de un precio infinito para nuestro rescate. Mas en el día de la Pascua, no es ya una víctima inmolada y vencida por la muerte, la que contemplamos; es un vencedor que aniquila a la muerte, hija del pecado, y proclama la vida, la vida inmortal que nos ha conquistado. No es ya la humildad de los pañales, ni los dolores de la agonía y de la cruz; es la gloria, primero para él, después para nosotros. En el día de Pascua, Dios recupera, en el Hombre-Dios resucitado, su obra primera: el tránsito por la muerte no ha dejado en él huella ninguna, como tampoco la dejó el pecado, cuya semejanza se había dignado asumir el Cordero divino; y no es solamente él quien vuelve a la vida inmortal; es todo el género humano. "Así como por un hombre vino la muerte al mundo, nos dice el Apóstol, por un hombre debe venir también la resurrección de los muertos. Y así como en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados".1

LA PREPARACIÓN DE LA PASCUA.

Así, pues, el aniversario de este acontecimiento constituye cada año el gran día, el día de la alegría, el día por excelencia; a él converge todo el Año litúrgico y sobre él está fundado. Mas, como este día es santo entre todos, ya que nos abre las puertas de la vida celestial, donde entraremos resucitados como Cristo, la Iglesia no ha querido luciera sobre nosotros antes de que hubiésemos purificado nuestros cuerpos por el ayuno y corregido nuestras almas por la compunción. Con este fin instituyó la penitencia cuaresmal, y también nos advirtió desde Septuagésima* que habla llegado el tiempo de aspirar a las alegrías serenas de la Pascua y de disponernos a los sentimientos que su venida debe despertar. Ya hemos terminado esta preparación y el Sol de la Resurrección se eleva sobre nosotros.

SANTIDAD DEL DOMINGO.

Mas no basta festejar el día solemne que contempló a Cristo-Luz huyendo de las sombras del sepulcro; a otro aniversario debemos tributar el culto de nuestra gratitud. El Verbo encarnado resucitó el primer día de la semana, el día en que el Verbo increado del Padre había comenzado la obra de la creación, al sacar la luz del seno del caos y separarla de las tinieblas, inaugurando así el primero de los días. Por tanto, en la Pascua nuestro divino resucitado santifica por segunda vez el domingo y desde entonces el sábado deja de ser el día sagrado. Nuestra resurrección en Jesucristo, realizada en domingo, colma la gloria de este primero de los días; el precepto divino del sábado es abolido con toda la ley mosaica; y los Apóstoles mandarán en lo sucesivo a todo fiel celebrar como día sagrado el primer día de la semana, en el que la gloria de la primera creación se une a la de la divina regeneración.

1 I Cor., XV, 21, 22.

CORONACIÓN DEL AÑO LITÚRGICO.

De todas las estaciones del Año litúrgico, el Tiempo pascual, es ciertamente el más fecundo en misterios; más aún: puede decirse que este tiempo es el culmen de toda la mística de la liturgia en el período anual. Quien tenga la dicha de entrar con plenitud de espíritu y de corazón en el amor y en la inteligencia del misterio pascual, ha llegado a la medula misma de la vida sobrenatural; y por esta razón, nuestra Madre la Santa Iglesia, acomodándose a nuestra flaqueza, nos propone de nuevo cada año esta iniciación. Todo lo que ha precedido no es más que la preparación; la espera del Adviento, las alegrías del tiempo de Navidad, los graves y severos pensamientos de Septuagésima, la compunción y la penitencia de Cuaresma, el espectáculo desgarrador de la Pasión, toda esta gama de sentimientos y maravillas, no han servido sino para llegar al término a que hemos llegado. Y a fin de hacernos comprender que en la solemnidad pascual se trata del mayor interés del hombre terrestre, Dios ha querido que estos dos grandes misterios, Pascua y Pentecostés, que tienen un mismo fin, se ofreciesen a la Iglesia naciente con un pasado que contaba ya quince siglos: período incalculable que a la divina Sabiduría no pareció demasiado prolongado, para preparar, por medio de figuras, las grandes realidades que nosotros poseemos ahora.

En estos días se juntan las dos grandes manifestaciones de la bondad de Dios para con los hombres: la Pascua de Israel y la Pascua cristiana; el Pentecostés del Sinaí y el Pentecostés de la Iglesia; los símbolos concedidos a un solo pueblo, y las verdades mostradas sin sombras a la plenitud de las naciones. Mostraremos particularmente la realización de las figuras antiguas en las realidades de la nueva Pascua y Pentecostés, el crepúsculo de la ley mosaica ilumina-do por el día perfecto del Evangelio; mas ¿no nos sentimos desde ahora impresionados de santo respeto, al pensar que las solemnidades que celebramos cuentan ya más de tres mil años de existencia, y que deben renovarse cada año hasta que resuene la voz del ángel que clamará: "Ya no habrá más tiempo" (Apoc., X, 6) y se abran las puertas de la eternidad?

LA PASCUA DE LA ETERNIDAD.

La eternidad bienaventurada es la verdadera Pascua; y por esta razón la Pascua terrena es la fiesta de las fiestas, la Solemnidad de las solemnidades. El género humano había muerto, estaba abatido con la sentencia que le retenía en el polvo del sepulcro; las puertas de la vida se le habían cerrado. Mas he aquí, que el Hijo de Dios se levanta del sepulcro y entra en posesión de la vida eterna; y no es él solamente el que ya no morirá; su Apóstol nos enseña que "es el primogénito entre los muertos" (Col., I, 18). La Santa Iglesia quiere, pues, que nos consideremos ya como resucitados con él y como en posesión de la vida eterna. Estos cincuenta días del tiempo pascual, nos enseñan los Padres, son imagen de la bienaventurada eternidad. Están consagrados plenamente a la alegría; está desterrada toda tristeza; y la Iglesia no sabe decir nada a su Esposo sin mezclar el Aleluya, ese grito del cielo que resuena sin fin en las calles y plazas de la Jerusalén celestial, como nos lo dice la liturgia1.

Durante nueve semanas nos hemos visto privados de este cántico de admiración y de gozo; sólo nos restaba morir con Cristo nuestra víctima; mas ahora que hemos salido del sepulcro con él, y que no queremos morir en lo sucesivo con la muerte que mata al alma y que hizo ex-pirar sobre la cruz a nuestro Redentor, el Aleluya, vuelve a ser nuestro.

1 Pontificial romano, para la Dedicación de las Iglesias.

Dom Guéranger
El año litúrgico

Tomo III, El Tiempo Pascual

Capítulo I - Historia del Tiempo Pascual --- Capítulo II - Mística del Tiempo Pascual

Primera Edición Española, traducida y adaptada para los países Hispano-Americanos por los monjes de Santo Domingo de Silos.

1954, Editorial Aldecoa, Burgos.

*Septuagésima es el noveno domingo antes de la Pascua, el tercero antes de la Cuaresma conocido entre los griegos como "Domingo del Pródigo" del Evangelio según San Lucas 15, el cual leen en ese día, llamado también Dominica Circumdederunt por los latinos, de la primera palabra del introito de la Misa... En el Martirologio Romano la septuagésima se inaugura con las palabras: "domingo de Septuagésima, en el cual se deja de decir el cántico al Señor, Aleluya". El sábado anterior, el Breviario Romano señala que después de "Benedicamus" de vísperas se añaden dos aleluyas, y que de ahí en adelante se omite hasta la Pascua, y en su lugar se dice el "Laus tibi Domine" al principio del Oficio. - The Catholic Encyclopedia. Vol. 13. ec.aciprensa.com/wiki/Septuag%…


-------

Happy Easter!

May God Bless you, your families and your other dear ones.

-------

PASCHAL TIME.

We give the name of Paschal Time to the period between Easter Sunday and the Saturday following Whit Sunday. It is the most sacred portion of the Liturgical Year, and the one towards which the whole Cycle converges. We shall easily understand how this is, if we reflect upon the greatness of the Easter Feast, which is called the Feast of feasts, and the Solemnity of sletnnities, in the same manner, says St. Gregory,1 as the most sacred part of the Temple was called the Holy of Holies; and the Book of Sacred Scripture, wherein are described the espousals between Christ and the Church, is called the Canticle of canticles. It is on this day, that the mission of the Word Incarnate attains the object towards which it has hitherto been unceasingly tending: mankind is raised up from his fall, and regains what he had lost by Adam's sin.

JESUS CHRIST THE CONQUEROR.

Christmas gave us a Man-God; three days have scarcely passed, since we witnessed His infinitely precious Blood shed for our ransom; but now, on the day of Easter, our Jesus is no longer the Victim of death: He is a Conqueror, that destroys death, the child of sin, and proclaims life, that undying life which He has purchased for us. The humiliation of His swathing-bands, the sufferings of His Agony and Cross, these are passed; all is now glory,- glory for Himself, and glory also for us. On the day of Easter, God regains, by the Resurrection of the Man-God, His creation such as He made it at the beginning; the only vestige now left of death, is that likeness to sin which the Lamb of God deigned to take upon Himself. Neither is it Jesus alone that returns to eternal life; the whole human race also has risen to immortality together with our Jesus. 'By a man came death,' says the Apostle; 'and by a Man the Resurrection of the dead: and as in Adam all die, so also in Christ all shall be made alive.''1

THE PREPARATION FOR EASTER.

The anniversary of this Resurrection is, therefore, the great Day, the day of joy, the day by excellence; the day to which the whole year looks forward in expectation, and on which its whole economy is formed. But as it is the holiest of days,- since it opens to us the gate of Heaven, into which we shall enter because we have risen together with Christ,- the Church would have us come to it well prepared by bodily mortification and by compunction of heart. It was for this that she instituted the Fast of Lent, and that she bade us, during Septuagesima*, look forward to the joy of her Easter, and be filled with sentiments suit able to the approach of so grand a solemnity. We obeyed; we have gone through the period of our preparation; and now the Easter sun has risen upon us!

SANCTITY OF SUNDAY.

But it was not enough to solemnize the great Day when Jesus, our Light, rose from the darkness of the tomb: there was another anniversary which claimed our grateful celebration. The Incarnate Word rose on the first day of the week,- that same day, where on, four thousand years before, He, the Uncreated Word of the Father, had begun the work of the Creation, by calling forth light, and separating it from darkness. The first day was thus ennobled by the creation of light. It received a second consecration by the Resurrection of Jesus; and from that time forward Sunday, and not Saturday, was to be the Lord's Day. Yes, our Resurrection in Jesus which took place on the Sunday, gave this first day a preeminence above the others of the week: the divine precept of the Sabbath was abrogated together with the other ordinances of the Mosaic Law, and the Apostles instructed the faithful to keep holy the first day of the week, which God had dignified with that twofold glory, the creation and the regeneration of the world.

1 I Cor., XV, 21, 22.

THE MYSTERY OF PASCHAL TIME

Of all the Seasons of the Liturgical Year, Easter-tide is by far the richest in mystery. We might even say that Easter is the summit of the Mystery of the sacred Liturgy. The Christian who is happy enough to enter, with his whole mind and heart, into the knowledge and the love of the Paschal Mystery, has reached the very centre of the supernatural life. Hence it is, that the Church uses every effort in order to effect this: what she has hitherto done, was all intended as a preparation for Easter. The holy longings of Advent, the sweet joys of Christmas, the severe truths of Septuagesima, the contrition and penance of Lent, the heart-rending sight of the Passion,- all were given us as preliminaries, as paths, to the sublime and glorious Pasch, which is now ours.

And that we might be convinced of the supreme importance of this Solemnity, God willed that the Christian Easter and Pentecost should be prepared by those of the Jewish Law:- a thousand five hundred years of typical beauty prefigured the reality: and that reality is ours!

During these days, then, we have brought before us the two great manifestations of God’s goodness towards mankind :—the Pasch of Israel, and the Christian Pasch; the Pentecost of Sinai, and the Pentecost of the Church. We shall have occasion to show how the ancient figures were fulfilled in the realities of the new Easter and Pentecost, and how the twilight of the Mosaic Law made way for the full lay of the Gospel; but we cannot resist the feeling of holy reverence, at the bare thought that the Solemnities we have now to celebrate are more than three thousand years old, and that they are to be renewed every year from this till the voice of the Angel shall be heard proclaiming: “Time shall be no more !” (Apoc., X, 6) The gates of eternity will then be thrown open."


Dom Guéranger
The Liturgical Year - Vol. III Paschal Time

Chapter I, History of the Paschal Time--- Chapter II, The Mystery of Paschal Time

Translated from the French by Dom Laurence Shepherd O.S.B

Jubilee year 2000
Limited edition

2000, Loreto Publications, Fitzwilliam, NH.

From: www.theliturgicalyear.org

*Septuagesima is the ninth Sunday before Easter, the third before Lent known among the Greeks as "Sunday of the Prodigal" from the Gospel, Luke 15, which they read on this day, called also Dominica Circumdederunt by the Latins, from the first word of the Introit of the Mass... Septuagesima is today inaugurated in the Roman Martyrology by the words: "Septuagesima Sunday, on which the canticle of the Lord, Alleluja, ceases to be said". On the Saturday preceding, the Roman Breviary notes that after the "Benedicamus" of Vespers two Alleluias are to be added, that thenceforth it is to be omitted till Easter, and in its place "Laus tibi Domine" is to be said at the beginning of the Office. - The Catholic Encyclopedia.Vol. 13. www.newadvent.org/cathen/13721…

-------

Dominica Resurrectionis:

INTROIT ("Entrance Chant") • Resurrexi sung by the  Gloriæ Dei Cantores Schola.



GRADUAL • Haec dies sung by the Benedictine monks of the Abbey of Notre-Dame de Fontgombault.



SEQUENCE • Victimae paschali laudes sung by Gloriæ Dei Cantores Schola.



ALLELUIA • Pascha nostrum sung by the monks of Triors.



OFFERTORY • Terra Tremuit sung by the Abbey of Notre-Dame de Fontgombault.



COMMUNION • Pascha nostrum immolátus est Christus, allelúja: itaque epulémur sung by the monks of Triors.



-------

The Holy Rosary in Latin:


Litaniae Sanctorum:

  • Mood: Joy
  • Listening to: Pascha Nostrum
  • Reading: Sobre el Domingo de Resurrección
  • Watching: Videos de cantos
Epifanía.
La manifestación del Señor


El Evangelio de San Mateo (2,1-12) relata la historia de los magos.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12

1. Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén,
2. diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.»
3. En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén.
4. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo.
5. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta:
6. Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel.»
7. Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella.
8. Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle.»
9. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño.
10. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría.
11. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.
12. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

Epifanía

Epifanía significa "manifestación". Jesús se da a conocer.   Aunque Jesús se dio a conocer en diferentes momentos a diferentes personas, la Iglesia celebra como epifanías tres eventos:

• Su Epifanía ante los Magos de Oriente: Manifestación a los paganos.

• Su Epifanía del Bautismo del Señor: Manifestación a los judíos por medio de San Juan Bautista.

• Su Epifanía de las Bodas de Caná: Manifestación a Sus discípulos y comienzo de Su vida pública por intercesión de su Madre María.

Los Magos

La Epifanía que mas celebramos en el occidente es la de los Magos, la manifestación a los paganos. Esta debe ser causa particular de alegría y agradecimiento para nuestros pueblos, convertidos del paganismo.

Dios llama a todos los pueblos, de todas las razas, culturas y religiones. Pero la llamada requiere respuesta. Hay que salir de donde estamos e ir al Señor hasta encontrarlo en los brazos de María.

"Reyes Magos"

En aquella época, los persas llamaban "magos" al sacerdote.  Mas tarde la tradición les llamó "reyes", por alusión al salmo 72,10-11 : "Los reyes de occidente y de las islas le pagarán tributo. Los reyes de Arabia y de Etiopía le ofrecerán regalos. Ante él se postrarán todos los reyes y le servirán todas las naciones"

De oriente:

El oriente, para los judíos, era Arabia, Persia o Caldea.

Sus nombres y regalos:

Sus nombres no aparecen en la Biblia, solo sabemos que vienen de oriente. Pero la tradición les ha dado nombres:

Melchor, tradicionalmente un anciano blanco con barbas, trae como regalo oro que representa la realeza de Cristo.

Gaspar, joven, de piel morena, trae incienso, representando la divinidad de Cristo.

Baltasar, de raza negra, ofrece al Niño Dios mirra (sustancia que se utiliza para embalsamar cadáveres) representando Su humanidad, el sufrimiento y la muerte del Señor.

Las tradiciones populares han ido añadiendo detalles sobre lo que en verdad se conoce. Por ejemplo, se dice que los reyes eran, uno rubio, uno moreno, otro negro.

Muy posible los magos conocían algunas profecías mesiánicas de los judíos porque estos residían en todos los países, por eso llegaron a Jerusalén y acuden al palacio de Herodes preguntando por el rey de los judíos, cuya estrella habían visto.

Los Padres de la Iglesia reconocían en la adoración del Niño por los Reyes Magos, la aceptación de la divinidad de Jesucristo por parte de los pueblos paganos. Los magos no eran parte del pueblo de Israel, pero supieron utilizar sus conocimientos (astronomía) para descubrir al Salvador.  Se cumplió primero en ellos la profecía de que por medio de Israel, Dios se manifestaría a todos los hombres. Jesús vino para salvar a todos, no solo los judíos.

Herodes descubre en el anuncio del nacimiento de un rey una amenaza para sus intereses. Utiliza la mentira con intenciones criminales. No se sentía seguro en su trono porque los judíos lo odiaban. Era hijo del idumeo Antipatro, quien ayudó a los romanos a conquistar a Palestina. Su título de rey se lo debía a los romanos y los judíos no aceptaban que un extranjero fuese su rey. Herodes se había casado con una princesa judía pero la mandó a asesinar junto con los hijos que tuvo con ella.

Los sumos sacerdotes y los maestros de la ley, por su parte, supieron informar a los Reyes Magos sobre donde debía nacer el Mesías según las profecías (Miqueas 5,2): en Belén de Judá; sin embargo ellos mismos no fueron a adorarlo.

Los magos buscaban a Dios en las estrellas, pero estas les guiaron para encontrarlo en la tierra, en la humildad, junto con María, Su Madre.

Tomado de: www.corazones.org/diccionario/…

También nosotros venimos a adorarte, oh Cristo, en esta regia Epifanía que nos reúne hoy a tus pies a todas las naciones. Nosotros seguimos la huella de los Magos; porque  hemos visto también la estrella y hemos acudido. ¡Gloria a Ti, Rey Nuestro!, a Ti que dices en el cántico de David: "He sido entronizado rey sobre Sión, sobre el monte Santo, para anunciar la ley del Señor. El Señor me dijo que me daría los pueblos por herencia, y un imperio hasta los confines de la tierra. Comprended, pues, ahora ¡oh reyes! ¡Enteraos los que gobernáis el mundo"! (salmo II)

Pronto dirás, oh Emmanuel por tu propia boca: "Todo poder me ha sido dado en el Cielo y en la Tierra". Hoy vemos despuntar la aurora de este día maravilloso; tus conquistas comienzan hoy; ¡Oh rey de los siglos! Desde el Oriente llamas a las primicias de la gentilidad que tenías abandonada, y en adelante va a formar parte de tu herencia. Durante muchos siglos la raza de Abrahán fue tu predilecta; en adelante lo seremos nosotros los gentiles; Israel fue sólo un pueblo, y nosotros en cambio somos numerosos como la arena del mar y cómo las estrellas del cielo. Israel vivió bajo la ley del temor; la ley del amor fue reservada para nosotros.

Dom Guéranger, El Año Litúrgico.


EPIFANIA DEL SEÑOR

NOMBRE DE LA FIESTA. — La fiesta de Epifanía es continuación del misterio de Navidad; pero se presenta en el ciclo litúrgico con una grandeza. Su nombre, que significa Manifestación, indica bien claramente que su objeto es honrar la aparición de un Dios en medio de los hombres.

Efectivamente, durante muchos siglos se dedicó este día a la celebración del Nacimiento del Salvador; y cuando los decretos de la Santa Sede obligaron a todas las Iglesias a celebrar en lo sucesivo con Roma, el misterio de Navidad el día 25 de diciembre, el 6 de enero no quedó del todo privado de su antigua gloria. Conservó el nombre de Epifanía con el glorioso recuerdo del Bautismo de Jesucristo, cuyo aniversario fija una tradición en este día.

La Iglesia griega da a esta fiesta el misterioso y venerable nombre de Teofanía, nombre célebre en la antigüedad para significar una Aparición divina. Se halla este vocablo en Eusebio, en San Gregorio de Nacianzo, en San Isidoro de Pelusa; es el nombre propio de esta fiesta en los libros litúrgicos de la Iglesia griega.

Los Orientales la llaman aún las Santas Luces, a causa del Bautismo que se administraba antiguamente en este día, en memoria del Bautismo de Jesucristo en el Jordán. Es sabido que los Padres llamaban al Bautismo, Iluminación y a los que lo recibían, iluminados.

Nosotros la llamamos familiarmente, Fiesta de Reyes,  en recuerdo de los Magos, cuya llegada a Belén se conmemora de un modo particular en este día.

La Epifanía participa con las fiestas de Navidad, Pascua, la Ascensión y Pentecostés del honor de ser calificada de día santísimo, en el canon de la Misa; se la considera como una de las fiestas cardinales, es decir, una de las fiestas sobre las que descansa la economía del Año litúrgico. De ella toma su nombre una serie de seis Domingos, lo mismo que otras toman el título de Domingos de Pascua o Domingos de Pentecostés.

A consecuencia del Concordato hecho en 1801 entre Pío VII y el Gobierno francés, el legado Caprara, llegó a una reducción de fiestas, y la piedad de los fieles vió con gran pena suprimidas muchas de ellas. Fueron numerosas las que, sin ser suprimidas, se trasladaron al Domingo si-guiente. Epifanía fué una de ellas, de manera que cuando el 6 de enero no cae en Domingo, nuestras Iglesias (el autor habla de Francia) aplazan hasta el próximo domingo el esplendor de un día tan celebrado en todo el mundo católico. Esperemos que luzcan días mejores para nuestra Iglesia, y que un futuro más afortunado nos devuelva el gozo de que nos privó durante un tiempo la prudente condescendencia de la Santa Sede.

Es, pues, un gran día la fiesta de la Epifanía del Señor; la alegría causada por la Natividad del Niño Dios, debe seguir aumentando en esta fiesta. En efecto, los nuevos destellos de Navidad nos muestran con un nuevo esplendor; la gloria del Verbo Encarnado; y sin hacernos perder de vista los inefables encantos del divino Niño, manifiestan en todo el brillo de su divinidad, al Salvador que amorosamente se nos ha mostrado. Los pastores no son los únicos llamados por los Ángeles a reconocer al  VERBO HECHO CARNE;  también el género humano, y la naturaleza entera son invitados por la misma voz de Dios a adorarle y escucharle.

Dom Prosper Gueranguer
El Año Litúrgico
Adviento - Adviento y Navidad

Primera Edición Española, traducida y adaptada para los países Hispano-Americanos por los monjes de Santo Domingo de Silos.

1954, Editorial Aldecoa, Burgos.




Bendición de las Casas

Entre las distintas tradiciones de la piedad popular para la fiestas de navidades está la bendición de la tiza en el día de la Epifanía. El Directorio sobre la piedad popular recoge esta costumbre atestiguada en el Rituale Romanum y el Bendicionale anterior a la reforma litúrgica 1 . Se trata de una bendición de las casas, sobre cuyas puertas se traza la cruz del Señor, el número del año comenzado, las letras iniciales (acróstico) de los nombres tradicionales de los santos Magos (C+M+B), Gaspar (Caspar2) , Melchior y Baltassar que también son las iniciales de la formula de bendición: "Christus mansionem benedicat" ,y el final del año actual. Tal inscripción se realiza con una tiza bendecida. Estos gestos, son realizados en familia: padres y niños expresando no sólo la bendición de Cristo por intercesión de los santos Magos sino también la dimensión social y caritativa del mensaje cristiano puesto que es una ocasión para recoger ofrendas que se dedican a fines misioneros y de caridad.

El día de la Epifanía El verbo eterno se hace tiempo. Por eso, se marca en la puerta el año, expresando que Cristo, se manifiesta (epifanía) como Señor de la historia y del tiempo. El Directorio sobre la piedad popular dice: " El Año litúrgico es la estructura temporal en la que la Iglesia celebra todo el misterio de Cristo: desde la Encarnación y la Navidad hasta la Ascensión , al día de Pentecostés, y a la expectativa de la dichosa esperanza y venida del Señor". Es precisamente en el día de Pentecostés donde la inscripción se borra de la puerta de la casa . La presencia del Espíritu, que nos hace decir con la Iglesia "Ven Señor Jesús", nos abre a la espera del Señor del tiempo, que viene a cubrir de eternidad a la creación.

Ejemplo:

20+C+M+B+15

Leer más en: es.scribd.com/doc/57585698/Ben…

Ritual de Bendición de la tiza en el día de la Epifanía.

Lo pueden encontrar en el siguiente enlace, dirigiéndose a la parte que lleva tal nombre. Además de distinguirse por las rúbricas en rojo.

es.scribd.com/doc/57585698/Ben…

También pueden leer y descargar este PDF:

es.scribd.com/doc/57585698/Ben…

En el mismo sitio (LexOrandi.es), encontrarán más recursos Litúrgicos e información.

1El motu propio Motu Proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI, nos está abriendo a una riqueza de símbolos y tradiciones litúrgicas, que podían caer en el olvido. Estas tradiciones nos pueden ayudar para la evangelización de las comunidades cristianas, que sacan del baúl de la revelación lo viejo y lo nuevo para anunciar a Cristo al hombre de hoy.

2 Entre los etruscos se usaba indistintamente para representar los fonemas /c/ y /g/. Esta ausencia se prolongó en los primeros alfabetos latinos tal como se descubre del cipo del foro romano ( Lapis niger Romuli ). En el siglo III a.C., el liberto Espurio Carvilio —quien fuera esclavo del cónsul Espurio Carvilio Ruga—, decidió agregar un pequeño rasgo a la C para producir una letra nueva, y representar así el fonema velar oclusivo sonoro como distinto del velar oclusivo sordo.


------

EPIPHANY

From the Holy Gospel according to Saint Matthew:

The offerings of the wise men: the flight into Egypt: the massacre of the Innocents.

[1] When Jesus therefore was born in Bethlehem of Juda, in the days of king Herod, behold, there came wise men from the east to Jerusalem. [2] Saying, Where is he that is born king of the Jews? For we have seen his star in the east, and are come to adore him. [3] And king Herod hearing this, was troubled, and all Jerusalem with him. [4] And assembling together all the chief priests and the scribes of the people, he inquired of them where Christ should be born. [5] But they said to him: In Bethlehem of Juda. For so it is written by the prophet:

[6] And thou Bethlehem the land of Juda art not the least among the princes of Juda: for out of thee shall come forth the captain that shall rule my people Israel. [7] Then Herod, privately calling the wise men, learned diligently of them the time of the star which appeared to them; [8] And sending them into Bethlehem, said: Go and diligently inquire after the child, and when you have found him, bring me word again, that I also may come to adore him.  [9]  Who having heard the king, went their way; and behold the star which they had seen in the east, went before them, until it came and stood over where the child was. [10] And seeing the star they rejoiced with exceeding great joy.
[11]
And entering into the house, they found the child with Mary his mother, and falling down they adored him; and opening their treasures, they offered him gifts; gold, frankincense, and myrrh. [12] And having received an answer in sleep that they should not return to Herod, they went back another way into their country.

CHRISTMASTIME


For most, Christmas is over by December 26 and life has resumed its normal activities. The Church, on the other hand, observes an Octave of Christmas until January 1 (after the Jewish practice of an 8 day celebration) and an extended Christmastime until January 6, the Feast of the Epiphany. (It is now celebrated on the Sunday between January 2 and January 8.) The popular Christmas song, "The Twelve Days of Christmas," is rooted in the festive celebration of Christmastime and a celebration of the Catholic faith, from a time in England and Ireland when Catholics had to disguise their Catholic beliefs.

During Christmastime, there are feasts of three martyrs: St. Stephen on December 26, who represents those who went to their death willingly; St. John the Evangelist on December 27 who represents those who were willing to die but were not put to death, and the Holy Innocents on December 28, representing those who were put to death without their choice, recalling the events surrounding the Birth of Christ.

On the Sunday between Christmas and January 1, the Church celebrates the Holy Family. This feast is especially important today as many families today face struggles and challenges in living their Faith.

Epiphany


Epiphany is normally celebrated on January 6, although it can be celebrated on the Sunday between January 2 and 8, as is done in the United States and many other countries. It may also combine the celebration of all three epiphanies ("showing forths") of Christ – His epiphany to the Magi at His birth, His epiphany to St. John at His baptism in the Jordan and His epiphany to the disciples and the opening of His public ministry by the miracle of Cana.

However, its primary significance is the closing of the Christmas season with the celebration of the visit of the Magi to the manger (Matthew 2:1-12). The Messiah is thus shown to have come to all people, not just the Jews. The three kings represent the three major races:

Melchior, an old white man with a long white beard, bearing the gift of gold for Christ's royalty;

Caspar, young and of darker hue, carrying incenses for Christ's divinity; and

Balthasar, a black man, offering myrrh for Christ's suffering and death.

The names of the wise men are not given in the Bible, but were supplied by later story tellers to enrich the meaning and celebration of the Epiphany.


THE EPIPHANY OF OUR LORD


The Feast of the Epiphany is the continuation of the mystery of Christmas; but it appears on the Calendar of the Church with its own special character. Its very name, which signifies Manifestation, implies that it celebrates the apparition of God to his creatures.

For several centuries, the Nativity of our Lord was kept on this day; and when, in the year 376, the decree of the Holy See obliged all Churches to keep the Nativity on the 25th December, as Rome did - the Sixth of January was not robbed of all its ancient glory. It was still to be called the Epiphany, and the Baptism of our Lord Jesus Christ was also commemorated on this same Feast, which Tradition had marked as the day on which that Baptism took place.

The Greek Church gives this Feast the venerable and mysterious name of Theophania, which is of such frequent recurrence in the early Fathers, as signifying a divine Apparition. We find this name applied to this Feast by Eusebius, St. Gregory Nazianzum, and St. Isidore of Pelusium. In the liturgical books of the Melchite Church the Feast goes under no other name.

The Orientals call this solemnity also the holy on account of its being the day on which Baptism was administered, (for, as we have just mentioned, our Lord was baptised on this same day.) Baptism is called by the holy Fathers Illumination, and they who received it Illuminated.

Lastly, this Feast is called, in many countries, King’s Feast: it is, of course, an allusion to the Magi, whose journey to Bethlehem is so continually mentioned in today’s Office.

The Epiphany shares with the Feasts of Christmas, Easter, Ascension, and Pentecost, the honour of being called, in the Canon of the Mass, a Day most holy. It is also one of the cardinal Feasts, that is, one of those on which the arrangement of the Christian Year is based; for, as we have Sundays after Easter, and Sundays after Pentecost, so also we count six Sundays after the Epiphany.

The Epiphany is indeed great Feast, and the joy caused us by the Birth of our Jesus must be renewed on it, for, as though it were a second Christmas Day, it shows us our Incarnate God in a new light. It leaves us all the sweetness of the dear Babe of Bethlehem, who hath appeared to us already in love; but to this it adds its own grand manifestation of the divinity of our Jesus. At Christmas, it was a few Shepherds that were invited by the Angels to go and recognise THE WORD MADE FLESH; but now, at the Epiphany, the voice of God himself calls the whole world to adore this Jesus, and hear him.

From:

The Liturgical Year
Abbot Prosper Gueranger O.S.B.

Advent

Translated from the French by Dom Laurence Shepherd O.S.B

Jubilee year 2000
Limited edition

2000, Loreto Publications, Fitzwilliam, NH.

From: www.theliturgicalyear.org


Blessing of Homes

A tradition associated with Epiphany is the blessing of homes with holy water and incense. Using blessed chalk, a parent or priest can mark the inside of the main door of the house with the initials of the Magi and a code of the current year connected with crosses: 20+C+M+B+15.

From: www.ewtn.com/devotionals/adven…

The letters have two meanings. They are the initials of the traditional names of the Three Magi: Caspar, Melchior and Balthasar. They also abbreviate the Latin words Christus mansionem benedicat. May Christ bless the house." The letters recall the day on which the inscription is made, as well as the purpose of blessing.

The crosses represent the protection of the Precious Blood of Christ, Whose Sacred Name we invoke, and also the holiness of the Three Magi sanctified by their adoration of the Infant Christ.

The inscription is made above the front door, so that all who enter and depart this year may enjoy God's blessing. The month of January still bears the name of the Roman god Janus, the doorkeeper of heaven and protector of the beginning and end of things. This blessing "christens" the ancient Roman observance of the first month. The inscription is made of chalk, a product of clay, which recalls the human nature taken by the Adorable and Eternal Word of God in the womb of the Virgin Mary, by the power of the Holy Spirit.

From: vultus.stblogs.org/2013/01/epi…

Blessings of chalk and homes (on Epiphany)


Scroll to numerals 7 and 8 (BLESSING OF CHALK, and BLESSING OF HOMES)

Here: www.sanctamissa.org/en/resourc…

In the same site (SanctaMissa.org/en) you can find more Liturgical resources and information.


-------


Epiphany


INTROIT ("Entrance Chant") • Ecce Advenit sung by the Edmundite Novices.



GRADUAL • Benedictus Dominus sung by the Benedictine Monks of Saint-Benoît-du-Lac.



ALLELUIA • Vidimus Stellam sung by the Schola des Moines de Montserrat.



OFFERTORY • Reges Tharsis sung by the Schola des Moines de Montserrat.



COMMUNION • Vidimus Stellam sung by monks of St. Benedict's Monastery in São Paulo (Brazil).




-------


English Propers

INTROIT • Ecce Advenit frome Corpus Christi Watershed.



OFFERTORY • Reges Tharsis from Corpus Christi Watershed.



COMMUNION • Vidimus Stellam from Corpus Christi Watershed.




-------


The Holy Rosary in Latin:



Litaniae Sanctorum:

  • Mood: Christmas Spirited
  • Listening to: Ecce Advenit sung by the Edmundite Novices
  • Reading: Sobre la Epifanía
  • Watching: Videos de cantos
¡Felíz Año Nuevo!

¡Dios los Bendiga a ustedes, sus famílias y demás seres queridos!

-------

VENI, CREATOR SPIRITUS

“El más famoso de los himnos” (Frere), se asigna en el Breviario Romano a las Vísperas (I y II) y a Tercia de Pentecostés y en toda su octava. La Iglesia también lo canta en funciones solemnes tales como la elección de Papas, la consagración de obispos, la ordenación de sacerdotes, la dedicación de iglesias, la celebración de sínodos o concilios, la coronación de reyes, etc. También se canta en ceremonias más privadas que acompañan la apertura y el cierre del año académico en instituciones de enseñanza.

La Congregación de Ritos decretó (20 de Junio de 1899) que la doxología pascual (Deo Patri sit gloria – Et Filio qui a mortuis – Surrexit ac Paraclito – In saeculorum saecula) debería ser usada siempre, sin que importara la fiesta o la época del año que fuera. El Gradual Vaticano (1908) da el texto más antiguo, (del que no hay testimonio anterior al Siglo IX) y también, bajo el encabezamiento “secundum usum recentiorem”, el texto del Breviario actual, que es una revisión, en interés de la prosodia clásica, del texto más antiguo, hecha por los correctores del Breviario bajo Urbano VIII. La doxología del texto más antiguo (que probablemente no es la original del propio texto) es: “Sit laus Patri cum Filio – Sancto simul Paraclito – Nobisque mittat Filius – Charisma Sancti Spiritus”. Esta doxología se asocia generalmente con el himno “Beata nobis gaudia”.

Más en:

ec.aciprensa.com/wiki/Veni_Cre…


Se concede Indulgencia Plenaria www.corazones.org/diccionario/… a quienes reciten el Te Deum en público, el 31 de Diciembre y en la Solemnidad de Pentecostés.

Se concede Indulgencia Plenaria a quienes reciten el Veni Creator el 1° de Enero.


-------

Happy New Year!

God Bless you, your family and friends!

VENI, CREATOR SPIRITUS

(Come Holy Spirit, Creator Blest)


One of the most widely used hymns in the Church, Veni, Creator Spiritus, is attributed to Rabanus Maurus; (776-856). It is used at Vespers, Pentecost, Dedication of a Church, Confirmation, and Holy Orders and whenever the Holy Spirit is solemnly invoked. A partial indulgence is granted to the faithful who recite it. A plenary indulgence is granted if it is recited on January 1st or on the feast of Pentecost.

From the Catholic Encyclopedia:

The "most famous of hymns" (Frere), is assigned in the Roman Breviary to Vespers (I and II) and Terce of Pentecost and throughout the octave. The Church also sings it at such solemn functions as the election of popes, the consecration of bishops, the ordination of priests, the dedication of churches, the celebration of synods or councils, the coronation of kings, etc. It is also sung in the more private devotions attending the opening and closing of that scholastic year in institutions of learning. The Congregation of Rites decreed (20 June, 1899) that the Eastertide doxology (Deo Patri sit gloria — Et Filio qui a mortuis — Surrexit ac Paraclito — In sæculorum sæcula) should always be used, no matter what, the feast or season of the year might be. The Vatican Graduale (1908) gives the older text, (attestation of which does not go back beyond the ninth century) and also, under the heading "secundum usum recentiorem", the present Breviary text, which is a revision, in the interest of classical prosody, of the older text, by the correctors of the Breviary under Urban VIII. The doxology of the older text (which is probably not original with the text itself) is: "Sit laus Patri cum Filio — Sancto simul Paraclito — Nobisque mittat Filius — Charisma Sancti Spiritus". This doxology is generally associated with the hymn "Beata nobis gaudia".

More on:

www.newadvent.org/cathen/15341…


-------

26
§ 1. A plenary indulgence is granted to the Christian faithful who, in a church or in an oratory, are present [take part] in a recitation or solemn chant of: ...

1° the hymn Veni Creator ... on the first day of the year, imploring divine assistance for the whole of the coming year...

2° the Te Deum hymn, on the last day of the year, in thanksgiving to God for the favors received in the course of the entire year.
(Reference: Enchiridion Indulgentiarum, 4th edition, al. concessiones.)


Indulgences: www.ewtn.com/devotionals/mercy…

-------

Veni, Creator Spritus (Latin)

Veni, Creator Spiritus,
mentes tuorum visita,
imple superna gratia
quae tu creasti pectora.

Qui diceris Paraclitus,
altissima donum Dei,
fons vivus, ignis, caritas,
et spiritalis unctio.

Tu, septiformis munere,
digitus paternae dexterae,
Tu rite promissum Patris,
sermone ditans guttura.

Accende lumen sensibus:
infunde amorem cordibus:
infirma nostri corporis
virtute firmans perpeti.

Hostem repellas longius,
pacemque dones protinus:
ductore sic te praevio
vitemus omne noxium.

Per te sciamus da Patrem,
noscamus atque Filium;
Teque utrisque Spiritum
credamus omni tempore.

Deo Patri sit gloria,
et Filio, qui a mortuis
surrexit, ac Paraclito,
in saeculorum saecula.
Amen.

V. Emítte Spíritum tuum et creabúntur,
R. Et renovábis fáciem terræ.

Oremus: Deus, qui corda fidélium
Sancti Spíritus illustratióne docuísti;
da nobis in eódem Spíritu recta
sápere, et de eius semper
consolatióne gaudére. Per Chrístum
Dóminum nóstrum.

R. Amen.


Veni, creator Spiritus (Español)

Ven, Espíritu Creador, visita las almas
de tus fieles y llena de la divina gracia
los corazones, que tú mismo creaste.


Tú eres nuestro Consolador, don de
Dios Altísimo, fuente viva, fuego,
caridad y espiritual unción.


Tú derramas sobre nosotros los siete
dones; tú, el dedo de la mano de Dios;
tú, el prometido del Padre;
tú, que pones en nuestros labios los tesoros de
tu palabra.


Enciende con tu luz nuestros sentidos;
infunde tu amor en nuestros
corazones; y, con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra débil carne.


Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto la paz,
sé tú mismo nuestro guía,
y evitaremos todo lo nocivo.

Por ti conozcamos al Padre, y también
al Hijo; y que en ti, Espíritu de
entrambos, creamos en todo tiempo.

Gloria a Dios Padre, y al Hijo que
resucitó, y al Espíritu Consolador, por
los siglos infinitos. Amén.

V. Envía tu Espíritu y seran creados.
R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oración: Oh Dios, que has instruido
los corazones de los fieles con la luz
del Espíritu Santo, concédenos según
el mismo Espíritu, conocer las cosas
rectas y gozar siempre de sus divinos
consuelos. Por Jesucristo nuestro
Señor.

R. Amén.

Veni, Creator Spiritus (English)

Come, Holy Spirit, Creator blest,
and in our souls take up Thy rest;
come with Thy grace and heavenly aid
to fill the hearts which Thou hast made.

O comforter, to Thee we cry,
O heavenly gift of God Most High,
O fount of life and fire of love,
and sweet anointing from above.

Thou in Thy sevenfold gifts are known;
Thou, finger of God's hand we own;
Thou, promise of the Father,
Thou Who dost the tongue with power imbue.

Kindle our sense from above,
and make our hearts o'erflow with love;
with patience firm and virtue high
the weakness of our flesh supply.

Far from us drive the foe we dread,
and grant us Thy peace instead;
so shall we not, with Thee for guide,
turn from the path of life aside.

Oh, may Thy grace on us bestow
the Father and the Son to know;
and Thee, through endless times confessed,
of both the eternal Spirit blest.

Now to the Father and the Son,
Who rose from death, be glory given,
with Thou, O Holy Comforter,
henceforth by all in earth and heaven.
Amen.

V. Send forth Thy Spirit, and they shall be created.
R. And Thou shalt renew the face of the earth.

Let us Pray: O God, Who didst instruct the hearts of the faithful by the light of the Holy Ghost: give to us, in the same Spirit, to know what is right, and ever rejoice in His consolation. Through Jesus Christ, Thy Son, our Lord, Who with Thee livest and reignest in the unity of the same Holy Spirit, God. World without end. Amen.

From:

www.ewtn.com/library/prayer/ve… and www.fluvium.org/textos/devocio…

-------

TE DEUM (In Latin)

Te Deum laudamus: te Dominum confitemur.
Te aeternum Patrem omnis terra veneratur.
Tibi omnes Angeli; tibi caeli et universae Potestates;
Tibi Cherubim et Seraphim incessabili voce proclamant:
Sanctus, Sanctus, Sanctus, Dominus Deus Sabaoth.
Pleni sunt caeli et terra maiestatis gloriae tuae.
Te gloriosus Apostolorum chorus,
Te Prophetarum laudabilis numerus,
Te Martyrum candidatus laudat exercitus.
Te per orbem terrarum sancta confitetur Ecclesia,
Patrem immensae maiestatis:
Venerandum tuum verum et unicum Filium;
Sanctum quoque Paraclitum Spiritum.
Tu Rex gloriae, Christe.
Tu Patris sempiternus es Filius.
Tu ad liberandum suscepturus hominem, non horruisti Virginis uterum.
Tu, devicto mortis aculeo, aperuisti credentibus regna caelorum.
Tu ad dexteram Dei sedes, in gloria Patris.
Iudex crederis esse venturus.
Te ergo quaesumus, tuis famulis subveni: quos pretioso sanguine redemisti.
Aeterna fac cum sanctis tuis in gloria numerari.

V. Salvum fac populum tuum, Domine, et benedic hereditati tuae.
R. Et rege eos, et extolle illos usque in aeternum.

V. Per singulos dies benedicimus te.
R. Et laudamus nomen tuum in saeculum, et in saeculum saeculi.

V. Dignare, Domine, die isto sine peccato nos custodire.
R. Miserere nostri, Domine, miserere nostri.

V. Fiat misericordia tua, Domine, super nos, quemadmodum speravimus in te.
R. In te, Domine, speravi: non confundar in aeternum.


TE DEUM (En Español)

A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.

Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios de los ejércitos.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.

A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra,te aclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, defensor.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el Reino de los Cielos.
Tú sentado a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.

Creemos que un día has de venir como juez.

Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.

Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.

Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre.

TE DEUM (In English)

O God, we praise Thee, and acknowledge Thee to be the supreme Lord.
Everlasting Father, all the earth worships Thee.
All the Angels, the heavens and all angelic powers,
All the Cherubim and Seraphim, continuously cry to Thee:
Holy, Holy, Holy, Lord God of Hosts!
Heaven and earth are full of the Majesty of Thy glory.
The glorious choir of the Apostles,
The wonderful company of Prophets,
The white-robed army of Martyrs, praise Thee.
Holy Church throughout the world acknowledges Thee:
The Father of infinite Majesty;
Thy adorable, true and only Son;
Also the Holy Spirit, the Comforter.
O Christ, Thou art the King of glory!
Thou art the everlasting Son of the Father.
When Thou tookest it upon Thyself to deliver man,
Thou didst not disdain the Virgin's womb.
Having overcome the sting of death, Thou opened the Kingdom of Heaven to all
believers.
Thou sitest at the right hand of God in the glory of the Father.
We believe that Thou willst come to be our Judge.
We, therefore, beg Thee to help Thy servants whom Thou hast redeemed with Thy
Precious Blood.
Let them be numbered with Thy Saints in everlasting glory.

V. Save Thy people, O Lord, and bless Thy inheritance!
R. Govern them, and raise them up forever.

V. Every day we thank Thee.
R. And we praise Thy Name forever, yes, forever and ever.

V. O Lord, deign to keep us from sin this day.
R. Have mercy on us, O Lord, have mercy on us.

V. Let Thy mercy, O Lord, be upon us, for we have hoped in Thee.
R. O Lord, in Thee I have put my trust; let me never be put to shame.

-------

TE DEUM • Sung by the Schola Bellarmina



-------

VENI, CREATOR SPIRITUS • Sung by the Schola Bellarmina



-------

The Holy Rosary in Latin:



Litaniae Sanctorum:

  • Mood: Christmas Spirited
  • Listening to: Veni, Creator Spiritus • Giovanni da Palestr
  • Reading: About Veni Creator Spirirtus
  • Watching: Videos de cantos
¡Hola!

Espero tengan una muy Bendecida Navidad en compañía de sus familias.

EL SANTO DIA DE NAVIDAD

FIN DE LA VIGILIA. — El día feliz de la Vigilia de Navidad toca a su fin. La Iglesia ha clausurado ya los Oficios divinos propios del Adviento con la celebración del gran Sacrificio. Con maternal clemencia ha permitido a sus hijos quebrantar desde medio día el ayuno preparativo; los fieles se han sentado a la frugal mesa con una alegría espiritual que los hace sentir de antemano la que invadirá sus corazones en la noche que les va a traer al divino Emmanuel. 

Mas, una fiesta tan solemne como la de mañana debe comenzar desde el día anterior, como acostumbra hacerlo la Iglesia en sus festividades. Dentro de unos momentos va a llamar la Iglesia a los cristianos al templo para el Oficio de las Primeras Vísperas, en el que se ofrece a Dios el incienso de la tarde. El esplendor de las ceremonias y la magnificencia de los cantos van a preparar a las almas para las emociones de amor y gratitud que las dispondrán a recibir las gracias en el momento supremo.

En espera de la llamada que nos ha de invitar a la casa de Dios, aprovechemos los instantes que nos quedan para ahondar en el misterio de tan gran día y, en los sentimientos que embargan a la Santa Iglesia en esta fiesta, y en las tradiciones católicas que tanto ayudaron a que la celebraran dignamente nuestros antepasados. 

SERMÓN DE SAN GREGORIO NACIANCENO. — Primeramente, escuchemos la voz de los santos Padres que resuena con un énfasis y una elocuencia capaces de despertar a toda alma que no esté muerta. He aquí en primer lugar a San Gregorio el Teólogo, Obispo de Nacianzo, en su discurso treinta y ocho dedicado a la Teofanía o Nacimiento del Salvador: ¿quién será capaz de permanecer frío oyendo sus palabras? "Cristo nace; ensalzadle. Cristo baja del cielo; salidle al encuentro. Cristo está ya en la tierra; oh hombres, elevaos. Cante al Señor toda la tierra y para decirlo todo en una sola palabra: Alégrense los cielos y salte de gozo la tierra por causa de Aquel que es al mismo tiempo del cielo y de la tierra. Cristo se viste con nuestra carne, estremeced de temor y alegría: de temor por razón de vuestros pecados, de alegría por la esperanza. Cristo nace de una Virgen; mujeres, honrad la virginidad para que lleguéis a ser Madres de Cristo.

¿Quién no adorará al que existió eternamente? ¿quién no alabará y ensalzará al que acaba de nacer? He aquí que se deshacen las tinieblas; es creada la luz; Egipto permanece en las sombras, e Israel es alumbrado por la columna luminosa. El pueblo que estaba sentado en las tinieblas de la ignorancia ve el resplandor de una profunda ciencia. Ha terminado lo antiguo; todo es ya nuevo. Le letra huye, triunfa el espíritu; las sombras han pasado; la verdad ha hecho su aparición. La naturaleza ve sus le-yes violadas; ha llegado el momento de poblar el mundo celestial: Cristo manda; guardémonos de oponer resistencia. 

Aplaudid, naciones todas: porque un Niño nos ha sido dado, un Hijo nos ha nacido. La señal de su principado está sobre sus espaldas: porque la cruz ha de ser el instrumento de su exaltación; su nombre es Angel del gran consejo, es decir, del consejo paterno. 

Ya puede San Juan exclamar: ¡Preparad el camino del Señor! En cuanto a mí, quiero publicar la magnificencia de tan gran día: El incorpóreo se encarna; el Verbo toma carne; el Invisible se deja ver de nuestros ojos, el Impalpable se deja tocar: el que no conoce el tiempo, toma principio en él; el Hijo de Dios se hace hijo del hombre. Jesucristo fué ayer; es hoy, y será siempre. Escandalícese el Judío; mófese el Griego, muévase la lengua del hereje en su boca impura. También, ellos creerán por fin en el Hijo de Dios, cuando le vean subir al cielo; y, si aún entonces se niegan hacerlo, creerán cuan-do baje del cielo para juzgarlos en su tribunal justiciero". 

SERMÓN DE SAN BERNARDO. — Oigamos ahora, en la Iglesia latina, al piadoso San Bernardo, que, en el Sermón VI de la Vigilia de Navidad derrama una dulce alegría en sus melodiosas palabras. 

"Acabamos de oír una noticia llena de gracia y a propósito para ser recibida con transportes de alegría: Jesucristo, Hijo de Dios, nace en Belén de Judea. Mi alma se ha derretido al oír esta frase; mi espíritu se agita dentro de mí, obligándome a comunicaros esta felicidad. Jesús quiere decir Salvador: ¿Hay algo más necesario que un Salvador para los que estaban perdidos, más deseable para los desgraciados, más conveniente para los que carecían de esperanza? ¿Dónde estaba la salvación, dónde ni siquiera la esperanza de salvación por ligera que fuese, bajo esa ley de pecado, en ese cuerpo de muerte, en medio de esa maldad, en esa mansión de llanto, si la salvación no hubiese nacido de repente y contra toda esperanza? ¡Oh hombre, deseas ciertamente la salud; pero conociendo tu debilidad y tu flaqueza, temes la dureza del tratamiento! No temas: Cristo es dulce y suave; in-mensa su misericordia; por ser Cristo, ha recibido la unción para derramarla sobre tus heridas. Mas, al decirte que es dulce, no vayas a creer que carece de poder; porque se añade que es Hijo de Dios. Saltemos, pues, de gozo repasando dentro de nosotros mismos y pronunciando esa dulce frase, esa suave palabra: ¡Jesucristo, Hijo de Dios, nace en Belén de Judea!"

SERMÓN DE SAN EFRÉN. — Es, pues, un gran día el del Nacimiento del Salvador: día esperado por el género humano durante miles de años; esperado por la Iglesia en esas cuatro semanas de Adviento, de tan grato recuerdo; esperado por la naturaleza entera, que, a su llegada, vuelve a ver todos los años el triunfo del sol material sobre las tinieblas siempre crecientes. El gran Doctor de la Iglesia Siria, San Efrén, celebra con entusiasmo el encanto y la fecundidad de este misterioso día; tomemos sólo una muestra de esa divina poesía y digamos con él: 

"Dignáos, Señor, permitirnos celebrar hoy el día propio de tu natalicio, que la fiesta de hoy nos trae a la memoria. Este día es semejante a Ti; es amigo de los hombres. Vuelve anualmente a través de los siglos; envejece con los viejos y se rejuvenece con el niño que acaba de nacer. Todos los años nos visita y pasa, para volver con nuevos atractivos. Sabe que la naturaleza humana no podría prescindir de él; lo mismo que Tú, trata de ayudar a nuestra raza en peligro. Todo el mundo, Señor, ansia el día de tu nacimiento; este feliz día lleva en sí todos los siglos venideros; es uno y se multiplica. Sea, pues, semejante a Ti también este año, y tráiganos la paz entre el cielo y la tierra. Si todos los días son testigos de tu magnanimidad, ¿cuán-to más deberá serlo éste? Los demás días del año toman de él su belleza. y las fiestas que van a seguir le deben la dignidad y el esplendor con que brillan. El día de tu nacimiento es un tesoro, Señor, un tesoro des-tinado a pagar la deuda común. Bendito sea el día que nos ha hecho ver el sol a los que andábamos errantes en la noche oscura; que nos ha traído la mies divina con la que nadaremos en la abundancia; que nos ha dado la rama de la viña, abundante en el líquido de salvación que nos comunicará a su debido tiempo. En medio del invierno que priva a los árboles de sus frutos, la viña se ha revestido de una exuberante vegetación; en la estación del hielo, el tallo ha brotado de la raíz de Jesé. En diciembre, en este mes que guarda todavía en sus entrañas la semilla que se le confió, es cuando la espiga de nuestra salvación se yergue del seno de la Virgen, a donde había bajado en los días de la primavera, cuando los corderuelos triscan por las praderas."

No es, pues, de extrañar que este día haya sido privilegiado en la economía del tiempo, y hasta vemos con satisfacción que las mismas naciones paganas presienten en sus calendarios la gloria que le estaba reservada en el curso de los siglos. Hemos visto también que no fueron los Gentiles los únicos en prever misteriosamente las relaciones del divino Sol de justicia con el astro caduco que ilumina y da calor al mundo; los santos Doctores y la Liturgia entera hablan continuamente de esta inefable armonía. 

BAUTISMO DE CLODOVEO. — Con el fin de grabar más hondamente la importancia de tan sagrado día en la memoria de los pueblos cristianos de Europa, pueblos de elección en los designios misericordiosos de Dios, el soberano Señor de los acontecimientos quiso que el reino de los Francos naciera el día de Navidad (496), cuando en el Baptisterio de Reims, en medio de las pompas de esta solemnidad, Clodoveo, el fiero Sicambro, convertido en dulce cordero, fué sumergido por San Remigio en la fuente de salvación, de la que salió para fundar la primera monarquía católica entre las nuevas naciones, ese reino de Francia, el más bello, se ha dicho, después del cielo. 

LA CONVERSIÓN DE INGLATERRA. — Un siglo después (597) sucedía algo parecido al pueblo anglosajón. El Apóstol de la isla de los Bretones, el monje San Agustín, después de haber convertido a la religión verdadera al rey Etelredo, se guía conquistando almas. Dirigiéndose hacia York, predicaba la palabra de vida, y un pueblo entero se reunía pidiendo el Bautismo. Fué fijado el día de Navidad para la regeneración de los nuevos discípulos de Cristo; y el río que corre bajo las murallas de la ciudad fué elegido para servir de fuente bautismal a aquel ejército de catecúmenos. Diez mil hombres, sin contar mujeres y niños, bajan a las aguas cuya corriente debe llevarse la impureza de sus almas. La crudeza del tiempo no es capaz de detener a aquellos nuevos pero fervientes discípulos del Niño de Belén, los cuales desconocían hasta su nombre pocos días antes. Un ejército completo de neófitos sale radiante de alegría e inocencia del seno de las olas heladas, y el día de su Nacimiento cuenta Cristo una nación más bajo su imperio. Mas no bastará esto todavía al Señor, empeñado en la tarea de honrar el día del Nacimiento de su Hijo. 

LA CORONACIÓN DE CARLOMAGNO. —  Otro ilustre nacimiento debía aún embellecer este feliz aniversario. En Roma, en la Basílica de San Pedro, y en la fiesta de Navidad del año 800, nacía el Sacro Imperio Romano, al que estaba reservada la misión de propagar el reino de Cristo en las regiones bárbaras del Norte, y mantener la uní-dad europea, bajo la dirección del Romano Pontífice. San León III colocaba en este día la corona imperial sobre la cabeza de Carlomagno; y la tierra, admirada, volvía a contemplar a un César, un Augusto, no un César o un Augusto sucesor de los Césares y Augustos de la Roma pagana, sino investido de esos gloriosos títulos por el Vicario de Aquel que en las profecías se llama Rey de reyes y Señor de los señores. 

LA GLORIA DEL DÍA DE NAVIDAD. — De este modo ha querido Dios hacer brillar a los ojos de los hombres la gloria del real Niño que ha nacido hoy; así ha dispuesto de cuando en cuando, a través de los siglos, esos ilustres aniversarios de la Natividad que da gloria a Dios y paz a los hombres. 

Los siglos venideros podrán decir cómo se reserva aún el Altísimo el derecho de glorificar en este día su nombre y el de su Emmanuel. Entretanto, las naciones de Occidente, conocedoras de la dignidad de esta fiesta y considerándola con razón como el principio universal de todo, en la era de la renovación del mundo, contaron durante mucho tiempo sus años partiendo de Navidad, como se puede apreciar por los antiguos calendarios, por los Martirologios de Usuardo y de Adón y por un gran número de Bulas, de Cartas y Diplomas. En 1313 un concilio de Colonia nos muestra subsistente todavía en esa época esta costumbre. Varios pueblos de la Europa católica, han guardado hasta el día de hoy la costumbre de celebrar el nuevo año en la fiesta de Navidad. Se desea feliz Navidad como entre nosotros el día primero de enero feliz año nuevo. Se cambian cumplidos y regalos; se escribe a los amigos ausentes: ¡restos preciosos de las antiguas costumbres que tenían la fe como fundamento y muralla inexpugnable! Es tal la alegría que a los ojos de la Santa Iglesia debe llenar a los fieles en la Natividad del Salvador, que, asociándose a ella misericordiosamente, dispensa el día de mañana el precepto de la abstinencia cuando Navidad cae en viernes o sábado. Esta dispensa se remonta al Papa Honorio III, que gobernaba en 1216; pero ya desde el siglo ix San Nicolás I, en su res-puesta a consultas de los Búlgaros, había manifestado una condescendencia parecida, con objeto de animar la alegría de los fieles en la celebración no sólo de la fiesta de Navidad, sino también en las de San Esteban, de San Juan Evangelista, de la Epifanía, de la Asunción de Nuestra Señora, de San Juan Bautista y de San Pedro y San Pablo. Pero esta dispensa no fué universal y sólo se ha mantenido para la fiesta de Navidad, contribuyendo así a aumentar la alegría popular. La legislación civil de la Edad Medía, en su deseo de confirmar a su modo la importancia que daba a una fiesta tan querida de toda la cristiandad, concedía a los deudores la facultad de suspender el pago a los acreedores durante toda la semana de Navidad, que por esta razón era apellidada semana de remisión, lo mismo que las de Pascua y Pentecostés. 
Pero dejemos un momento estos datos familiares que nos hemos complacido en reunir a propósito de la gloriosa festividad que conmueve tan dulcemente nuestros corazones; es hora de que acudamos a la casa de Dios, a donde nos llama el Oficio solemne de las Primeras Vísperas. Por el camino, vayamos pensando en Belén, a donde han llegado ya José y María. El sol material camina rápidamente al ocaso; y el divino Sol de justicia permanece todavía oculto por algunos momentos bajo la nube, en el seno de la más pura de las vírgenes. Se acerca la noche; José y María recorren las calles de la ciudad de David, buscando un asilo para albergarse. Atención, pues, corazones fieles, ¡unios a los dos in-comparables peregrinos! Ha llegado la hora de que salga de toda lengua humana un canto de gloria y agradecimiento. Para expresarnos, aceptemos con diligencia la voz de la Santa Iglesia, que estará a la altura de tan noble tarea.

Fuente: 

Dom Prosper Gueranguer
El Año Litúrgico 
Adviento - Adviento y Navidad

Primera Edición Española, traducida y adaptada para los países Hispano-Americanos por los monjes de Santo Domingo de Silos.

1954, Editorial Aldecoa, Burgos.


-------

Hi!

I hope you have a Blessed Christmas in the company of your family.

CHRISTMAS DAY: AFTERNOON OF THE EVE 

Christmas Eve, with its own happy spirit, is drawing to its close. Already has the Church terminated all her Advent Offices, by the celebration of the Holy Sacrifice. In her maternal considerateness, she has permitted her children to break their Fast of preparation for the great Feast, by taking their meal at mid-day. Whilst refreshing their bodies with this repast, to which Abstinence gives merit, the Faithful feel an instinct of gladness which comes as a harbinger, to tell them of that immense joy which this beautiful Night will bring them, by giving them their Emmanuel.

But so great a Solemnity as that of to-morrow could not possibly be an exception to that usage of the Church whereby she anticipates all her Feasts on their Eves. In a few moments the Office of First Vespers, in which is offered to God the evening incense, will call us to the Church, and the splendour of the function, and the magnificence of the chants, will open our hearts to those feelings of love and gratitude which will prepare them to receive the graces of to-night.
Let us spend the interval in endeavouring to gain a clear knowledge of the Mystery of our Feast; and let us absorb well the sentiments and spirit of the Church. We shall be assisted to do both by considering some of the principal traditions which attach to this joyful Solemnity.

Let us begin by listening to the Holy Fathers speaking of Christmas Day with an eloquence worthy of the Feast. And first we have St Gregory the Theologian, Bishop of Nazianzum, who thus opens his thirty-eighth discourse, which is on the Theophania, or Nativity of our Lord. 

‘Christ is born - glorify him! Christ comes down from heaven - go ye forth to meet him! Christ is on the earth - be ye lifted up above it! O sing to the Lord, all thou earth! [Ps xcv i] and to say all in one word, Let the heavens rejoice, and let the earth be glad [ibid. xcv 11], because he that is now born is both of heaven and of earth! Christ has assumed our Flesh - exult in fear and in joy; in fear, because of sin; in joy, because of hope! Christ is born of a Virgin: women! honour holy virginity, that you may become Mothers of Christ!

‘Who would not adore him that is from the beginning? Who would not praise and extol him that is born in time? Darkness is at an end; Light is created; Egypt remains in darkness, and Israel is enlightened by the pillar of fire. The people that sat in the darkness of ignorance, now possess the bright light of knowledge and wisdom. The old things are passed away, and lo! all things are made new. The letter has given way, the spirit has triumphed; shadows have faded, the reality is come. ... The laws of nature are set aside; the world of Heaven is to be peopled; Christ commands it -  let us obey.

‘O clap your hands, all ye nations! [ibid. xlvi 2] - for a Child is born unto us, and a Son is given unto us. The emblem of his Government is upon his shoulder, for his exaltation shall come by the Cross; and his name shall be called the Angel of the Great Counsel, that is, of the Counsel of his Father [Isa. ix 6].  

‘Let the Baptist now cry out: Prepare ye the way of the Lord! We, too, will proclaim the virtues and power of this day. He that is without flesh takes flesh; the Word takes a Body; the Unseen is seen; the Intangible may be touched; the Eternal has a beginning; the Son of God is made the Son of Man - Jesus Christ, yesterday and to-day, and the same for ever [Heb. xiii 8]. Let the Jew take scandal, and the Greek mock, and the heretic prate. They will believe when they shall see him ascending into heaven; and if not even then, at least when they shall see him coming down from heaven, and seated on his judgement-seat.’ 

It is hard to hear such thrilling eloquence as this, and remain cold. But let us now give ear to a Father of the Latin Church, the devout St Bernard, who, in his Sixth Sermon for Christmas Eve, pours forth his heart's joy in these fervent words: 

‘We have just heard the saying, which is full of grace, and worthy of all acceptation: Jesus Christ, the Son of God, is born in Bethlehem of Juda. At these words my soul melts with love, yea, and my spirit that is within me burns with impatience to tell you, as in other years, of this joy, this thrilling joy. Jesus means Saviour. And what so necessary to them that are lost? what so welcome to them that are in misery? what so precious to them that are in despair? Besides, what salvation, what chance of salvation, was there in the law of sin, in that body of death, in so evil a day, and in such a place of affliction - had not a new and unlooked-for Salvation been born? Say not that thou dost indeed desire salvation, but that, knowing thy delicacy and the grievousness of thy sickness, thou fearest lest the cure be violent. No, fear not: this Jesus is Christ, that is, he is all sweetness; he is meek and plenteous in mercy; he is anointed with the oil of gladness above his fellows, that is, above them who, though they receive not the fulness, yet receive of his fulness. Yet lest thou shouldst think that because this Jesus is the Anointed with sweetness, he is therefore weak in power, it is added, he is the Son of God. ... Let us, then, be exceeding glad, as we think over within ourselves, or say to each other, this sweet sentence: Jesus Christ - the Son of God - is born in Bethlehem of Juda! ’

Glorious day, indeed, is this of the Birth of the Saviour! It had been looked forward to by the human race for four thousand years. The Church had prepared for it by the four weeks of her Advent, a Season which has ever such a charm about it. Nature, too, longs for this day, on which the Sun begins his yearly victory over the dreary reign of wintry darkness. A Holy Doctor of the Syrian Church, St Ephrem, has written the most admirable words on the beauty and fruitful virtue of this mysterious day. Let us borrow some of these from him and say them with his enthusiasm. 

‘Grant, O Lord! that we may now celebrate this the Day of thy Birth, which to-day's Solemnity brings round to us. This Day is like thyself - it is the friend of mankind. It comes to us in its regular course, visiting us each year. It grows old with the old; it is young and fresh with little children. We remember when we were young, how it came and passed away; and here it is again, faithful as ever in its welcome visit. It knows that nature could not do without it; here again like to thee, it comes in search of our fallen race. The whole earth thirsts after thy Birthday, O Jesus! It stands, as it were, between the past and the future, commanding all ages, as thou dost. It is one, and yet it multiplies itself, as thou dost. And since we behold thy past Birthday in this present Feast, make the two resemble each other in this also - that as thy Birthday brought Peace between heaven and earth, when the infinitely High God descended to this low earth; so may this solemnity signify and give us Peace. ... And truly, if every day of the year be rich in thy gifts, how much more ought not this to overflow with them? 

‘The other days of the year borrow their beauty from this, and the other Feasts owe to this all their solemnity and loveliness. ... Thy Birthday, O Jesus! is a treasure out of which we all take wherewith to pay our debts. ... Blessed be the Day which has brought us back the Sun, after we had been wandering in the dark night; which has brought us the Divine Sheaf that enriches us with plentifulness; which has given us the Vine-Branch that is to yield us, in due time, the cup of our salvation. ... In the bosom of that Winter which robs our trees of their fruit, the virgin Vine has given forth its divine growth. In the Season of frost, which strips our plants of their beauty, the Root of Jesse has given us its Bud. It is in December, which hides the seed sown in the earth, that the Wheat of our salvation appears from the Virgin’s womb, into which he had entered in that fresh Spring-time, when the lambkins were skipping in our meadows.’ [Third Sermon On our Lord’s Nativity.

It is not, therefore, to be wondered at, if this day, which, we may say, is an important one even to God himself, has been made a privileged one above those of the rest of the year. We have already seen that the old pagan world paid homage to it, and thus, in their own way, were carrying out the design of God. The Holy Doctors, and the Church herself in her Liturgy, allude continually to the material Sun being the symbol of him who is called the Sun of Justice. Then again, there is the venerable tradition which tells us that the Incarnation of the Son of God having been accomplished on a Friday (March 25), the Birth of Jesus, the Light of the world, must have taken place on December 25, a Sunday. This gives a peculiar sacredness to Christmas Day when it falls on a Sunday, as it was on that day of the week that God began the Creation, and said: Let there be Light! and on the same, also, did our Lord rise from the tomb. St Sophronius of Jerusalem has beautifully treated this mystery in his first homily for Christmas Day. 

In order to impress the nations of Europe, that is, of the favoured portion of the Church, with the importance of this ever-blessed day, God, who is the Sovereign Ruler of all things, has willed that on it should happen certain events of intense interest. We will select three of these. To begin with the first in order of time: it was on a Christmas Day that the Kingdom of the Franks was founded; for it was on this glorious Solemnity that King Clovis was baptized at Rheims by St Remigius. The haughty Sicambrian, thus admitted into the Fold of Christ, became a meek and humble Christian, and the founder of the first Catholic monarchy, which is now the nation of France. 

A century later, that is in the year 596, our own dearest country was converted to the true faith by the labours of St Augustine, of whom St Gregory the Great, who sent him, says: ‘he was a Monk of my Monastery.’ [Lib. 8, Ep. 30]. This holy Missionary had baptized King Ethelbert, and travelled through the land, preaching everywhere the name and Gospel of our Lord Jesus Christ. Having reached York, he preached the word of Eternal Life to the people, and when he had ended, they seek baptism from his hands. Christmas Day is fixed upon for the regeneration of the Catechumens, and the river which flows through the City is chosen as the Baptismal Font. Ten thousand men, not counting women and children, go down into this stream, whose waters were to cleanse their souls. The severity of the season is unheeded by these fervent disciples of the Babe of Bethlehem, who, but a few days before, knew not so much as his name. From the frozen waters there comes, full of joy and innocence, the long line of Neophytes; and the Birthday of Jesus counts, that year, one nation more as belonging to his Kingdom. 

Three hundred years after this, God gives us another glorious event in honour of the Birthday of his Son. It was on this divine Anniversary, in the year 800, and at Rome, in the Basilica of St Peter, that the Holy Roman Empire was created, to which God assigned the grand mission of propagating the Kingdom of Christ among the barbarian nations of the North, and of upholding, under the direction of the Sovereign Pontiffs, the confederation and unity of Europe. St Leo III crowned Charlemagne Emperor. Here, then, was a new Caesar, a new Augustus, on the earth; not, indeed, a successor of those ancient Lords of Pagan Rome, but one who was invested with the title and power by the Vicar of him who is called, in the Sacred Scriptures, King of Kings and Lord of Lords.

Thus has God glorified, in the eyes of men, the Divine Babe who is this day born: thus has he prepared, at various times, worthy anniversaries of that Birth which gave glory to God and Peace to men. Time will reveal in what other ways the Most High still wishes to magnify, upon this twenty-fifth of December, himself and his Christ. 

Impressed with the extreme importance of this Feast, and justly looking upon it as the beginning of the Era of the world’s regeneration, the nations of the West, for a long time, began their year with Christmas Day, as we find in the ancient Calendars, in the Martyrologies of Usuard and Ado, and in numberless Bulls, Charts and Diplomas. It is evident, from a Council held at Cologne m 1310, that this manner of computing the year was still observed at that time. In several countries of Europe, our own among the rest, the custom has been kept up of wishing a Happy Christmas, which was the ancient salutation when this Feast was the beginning of a new year. Hence too, in these countries, the custom of making presents, of writing letters of good wishes, and other friendly acts. How many of our practices of everyday life have originated from Faith, and yet are looked upon as mere consequences of natural good-feeling, or even compliments which society requires us to pay to each other! 

To encourage her children in their Christmas joy, the Church has dispensed with the law of abstinence, if this Feast fall on a Friday. This dispensation was granted by Pope Honorius III, who ascended the Papal Throne in 1216. It is true that we find it mentioned by Pope St Nicholas I, in the ninth century; but the dispensation was not universal; for the Pontiff is replying to the consultations of the Bulgarians, to whom he concedes this indulgence, in order to encourage them to celebrate these Feasts with solemnity and joy; Christmas Day, St Stephen, St John the Evangelist, the Epiphany, the Assumption of our Lady, St John the Baptist, and SS Peter and Paul. When the dispensation for Christmas Day was extended to the whole Church, these other Feasts were not mentioned. 

In the Middle Ages, the Civil Law, also, contributed to the people’s love of Christmas, by enacting that no creditor could demand any payment from his debtors during the entire week of Christmas, which was called, on that account, the week of remission - a name which it had in common with the weeks of Easter and Pentecost. 

But let us interrupt these interesting details regarding the grand Solemnity, whose near approach makes our hearts throb with joy. Let us repair to the House of our Heavenly Father, for the Hour of Vespers is near; and on our way, let our thoughts be at Bethlehem, where Joseph and Mary are already arrived. The sun is rapidly setting; and our Divine Sun of Justice is still hid beneath the Cloud, the Womb of The purest of Virgins. Night is coming on: Joseph and Mary are going through the narrow streets of the City of David, seeking a shelter. Let our hearts be attentive, and united in love with the two holy Pilgrims. Every heart and voice should now be giving forth to our God the tribute of praise and grateful love. Oh! happy we, that have a tribute of Song and Psalmody ready for our use, worthy of the day and of its ineffable Mystery - it is our Mother that offers us her Liturgy. Let us prepare to join her. 

From:

The Liturgical Year
Abbot Prosper Gueranger O.S.B.

Advent

Translated from the French by Dom Laurence Shepherd O.S.B 

Jubilee year 2000
Limited edition

2000, Loreto Publications, Fitzwilliam, NH.

www.youtube.com/watch?v=sp-fWQ…

From: www.theliturgicalyear.org


-------


Christmas Daytime Mass:

INTROIT ("Entrance Chant") • Puer Natus Est Nobis sung by the Benedictine Monks of Santo Domingo de Silos.



GRADUAL • Viderunt Omnes sung by the Benedictine monks of St. Martin Beuron.



ALLELUIA • Dies Sanctificatus sung by the Schola des Moines de Monserrat.



OFFERTORY • Tui Sunt Caeli.



COMMUNION • Viderunt omnes fines terrae, sung by the Benediktinerabtei Münsterschwarzach.





English Propers, Christmas Daytime Mass

INTROIT • Puer Natus Est from Corpus Christi Watershed



OFFERTORY • Tui Sunt Caeli from Corpus Christi Watershed



COMMUNION • Viderunt omnes fines terrae from Corpus Christi Watershed.




-------


The Holy Rosary in Latin:



Litaniae Sanctorum:

  • Mood: Christmas Spirited
  • Listening to: Puer natus in bethleem
  • Reading: Sobre la Navidad
  • Watching: Videos de cantos
¡Feliz Navidad!

¡Dios los Bendiga a ustedes, sus familias y demás seres queridos!

24 DE DICIEMBRE

Consideremos a la Santísima Virgen acompañada siempre por su fiel esposo José, saliendo de Jerusalén y camino de Belén. Llegan allí después de algunas horas, y, obedeciendo a la voluntad del cielo, dirígense al lugar donde conforme al edicto del Emperador, habrán de empadronarse. En el registro público toman nota de un carpintero llamado José, natural de Nazaret de Galilea; seguramente añaden también el nombre de María, su esposa, que le ha acompañado en su viaje; tal vez la califican de mujer encinta, en su mes noveno: eso es todo. Oh Verbo encarnado; a los ojos de los hombres no eres aún ni siquiera un hombre; visitas la tierra, y eres en ella ignorado; y sin embargo de ello, todo ese movimiento, toda esa agitación que lleva consigo el censo del Imperio no tienen más finalidad que la de llevar a tu Madre María a Belén, para que te dé a luz al mundo. ¡Oh inefable Misterio! ¡Qué sublimidad en esta aparente bajeza! ¡cuánto poder en esa humildad! Pero aún no se ha humillado bastante el soberano Señor. Ha recorrido las moradas de los hombres y los hombres no han querido recibirle. Y se va a buscar una cuna al establo de unos animales irracionales: allí, en espera de los cantos angélicos, de los homenajes de los Pastores y de la adoración de los Magos, encuentra al "buey que reconoce a su amo y al asno atado al pesebre de su Señor". ¡Oh Salvador de los hombres, Jesús, Emmanuel! también nosotros nos dirigimos al establo; no consentiremos que el Nacimiento de esta próxima noche se realice en la soledad y en el abandono. Ahora vas llamando a las puertas, y los hombres no quieren abrirte; por la voz del Cantar de los Cantares vas diciendo a las almas: "Ábreme, hermana mía, amiga mía, porque mi cabeza está llena de escarcha y mis cabellos impregnados del rocío de la noche." No queremos que traspases nuestra morada: te rogamos que entres; estamos vigilando a la puerta. "Ven, pues, Señor Jesús, ven."

LA VIGILIA DE NAVIDAD

Por fin, dice San Pedro Damiano en su Sermón para este día, "hénos ya llegados de la alta mar al puerto, de la promesa a la realidad, de la desesperación a la confianza, del trabajo al descanso, del destierro a la patria. Se habían venido sucediendo los mensajeros de la divina promesa, pero sólo traían consigo la renovación de esa misma promesa. Por esta razón el Salmista se había ya dejado dominar del sueño, de suerte que los últimos acentos de su lira patentizan la tardanza del Señor. Nos has rechazado, decía, nos has abandonado; y has aplazado la venida de tu Ungido. (Salmo LXXXVIII.) Después, pasando de la queja a la audacia, había exclamado con voz imperiosa: ¡Manifiéstate, pues, Tú, que te sientas sobre los Querubines! (Salmo LXXIX.) Sentado sobre el trono de tu poderío, rodeado de batallones de Angeles voladores, ¿desdeñarás posar tu mirada sobre los hijos de los hombres, víctimas, es cierto del pecado cometido por Adán, pero por Ti permitido? Acuérdate de nuestra naturaleza creada a tu semejanza; porque aunque es cierto que todo mortal es vanidad, pero no en cuanto es tu imagen. Deja, pues, las alturas y baja; inclina los cielos de tu piedad sobre los desgraciados que te suplican y no los olvides eternamente."

"Isaías a su vez, en el ímpetu de sus deseos, exclamaba: Por Sión no me callaré, y por Jerusalén no descansaré hasta que se levante en su esplendor el Justo esperado. Rasga, pues, los cielos y baja." Finalmente, todos los Profetas, cansados de tanto esperar, continuaron lanzando sus súplicas, gemidos, y hasta a veces, sus gritos de impaciencia. Ya hemos oído y repetido bastante tiempo sus palabras; es hora de que se retiren; para nosotros no hay alegría ni consuelo hasta que el Salvador, honrándonos con el beso de su boca, nos diga él mismo en persona: Habéis sido escuchados.

Mas ¿qué es lo que acabamos de oír? Santifícaos, oh hijos de Israel, y estad preparados; porque mañana descenderá el Señor. Sólo lo que queda de este día, y a penas media noche, nos separan ya de la gloriosa visita, y nos ocultan todavía al Hijo de Dios y su admirable Nacimiento. Dáos prisa, horas veloces; terminad pronto vuestra carrera, para que podamos ver cuanto antes al Hijo de Dios en la cuna, y honrar esa Natividad, que es la salvación del mundo. Yo supongo, hermanos míos, que sois verdaderos hijos de Israel, y estáis purificados de todas las impurezas de la carne y del espíritu, bien preparados para los misterios de mañana, impacientes por dar muestras de vuestra devoción. Al menos así lo puedo esperar, dado como habéis pasado los días dedicados a la preparación del Advenimiento del Hijo de Dios. Pero si, a pesar de todo, hubiesen caldo en vuestro corazón algunas gotas del vaho de la corrupción, apresuráos hoy a secarlas y cubrirlas con el blanco lienzo de la confesión. Yo os lo garantizo de la bondad del Niño que va a nacer; quien confesare contrito su pecado, merecerá que la Luz del mundo nazca en él; se desvanecerán las falaces tinieblas y le será comunicado el verdadero esplendor. Porque ¿cómo se había de negar misericordia a los desgraciados, la noche en que nace el Señor misericordioso? Abatid, pues, el orgullo de vuestras miradas, la osadía de vuestra lengua, la crueldad de vuestras manos, la sensualidad de vuestros deseos; apartad vuestros pies de la veredas tortuosas, y luego venid y ved si el Señor no rasga esta noche los cielos y desciende hasta vosotros y arroja todos vuestros pecados al fondo del mar.

Este santo día es, en efecto, un día de gracia y de esperanza, y debemos pasarlo en santa alegría. La Iglesia, haciendo caso omiso de sus costumbres habituales, quiere que, si la Vigilia de Navidad cae en domingo, el Oficio y la Misa de la Vigilia prevalezcan contra el Oficio y la Misa del cuarto domingo de Adviento; tan solemnes la parecen estas últimas horas que preceden inmediatamente al Nacimiento del Señor. En las demás fiestas, por importantes que sean, sólo comienza la solemnidad en las primeras Vísperas; hasta ellas la Iglesia guarda silencio, celebrando los Oficios divinos y la Misa según el rito cuaresmal. Hoy, por el contrario, comienza ya la gran fiesta desde el amanecer, en el Oficio de Laudes. La entonación solemne de este Oficio nos anuncia un rito doble, cantándose las antífonas antes y después de cada salmo o cántico. En la Misa, aunque se conserva el color morado, no hay que estar de rodillas como en las demás ferias de Adviento, ni tampoco hay más que una sola Colecta en vez de tres que se suelen decir en una Misa menos solemne.

Participemos del espíritu de la santa Iglesia y preparémonos con el corazón rebosante de alegría a salir al encuentro del Salvador, que viene a nosotros. Practiquemos con fidelidad el ayuno que aligerará nuestros cuerpos y facilitará nuestra marcha; pensemos ya desde la madrugada que no volveremos a acostarnos sin haber visto nacer, en una hora sagrada, al que viene a iluminar a todas las criaturas; porque es obligación de todo fiel hijo de la Iglesia Católica, celebrar con ella esta feliz noche en la que todo el mundo, a pesar del enfriamiento de la piedad, honra todavía la venida de su Salvador, como último rescoldo de la piedad antigua, que no se habría de apagar sin gran perjuicio para la tierra.

Fuente:

Dom Prosper Gueranguer
El Año Litúrgico
Adviento - Adviento y Navidad

Primera Edición Española, traducida y adaptada para los países Hispano-Americanos por los monjes de Santo Domingo de Silos.

1954, Editorial Aldecoa, Burgos.


LA NAVIDAD

Navidad es la fiesta instituida para celebrar la memoria del nacimiento temporal de Jesucristo, que tiene la particularidad, entre todas las otras fiestas, de celebrar los divinos oficios en la noche precedente.

La Iglesia ha querido conservar la costumbre de celebrar de noche los oficios de Navidad para renovar con vivo reconocimiento la memoria de aquella noche, en que el divino Salvador dio principio con su nacimiento a la obra de nuestra redención.

En el Evangelio de la Misa Vespertina de la Vigilia de Navidad, la Iglesia propone a nuestra consideración la genealogía del Señor "hijo de David, hijo de Abraham", que comprende tres ciclos de 14 generaciones, desde este santo patriarca hasta el mismo Cristo; al mismo tiempo que nos recuerda el sueño de San José en que un ángel le revela el misterio de la Encarnación.

En el Evangelio de la Misa de Nochebuena, la Iglesia nos invita a meditar que la Santísima Virgen, en compañía de San José, fue de Nazaret a Belén a empadronarse, según las órdenes del emperador, y no hallando otro albergue, dio a luz a Jesucristo en un establo y le puso en un pesebre o comedero de bestias.; al mismo tiempo que nos recuerda la manifestación de una multitud del ejército celestial que se aparece a los pastores alabando a Dios. Relato que continúa en el Evangelio de la Misa de la Aurora con la visita de estos mismos pastores al divino Niño.

En la Misa del Día de Navidad, la Iglesia nos hace considerar, por medio del Prólogo del Evangelio de San Juan, cómo este Niño que vemos nacer de María Virgen en el tiempo, es desde la eternidad Hijo de Dios. En esta Misa se celebra la revelación del Salvador a todas las naciones y a todos los hombres, y la realeza universal de Jesucristo.

Al proponer a nuestra consideración los misterios de las Misas de Navidad, quiere la Iglesia que demos gracias al Redentor divino por haberse hecho hombre por nuestra salvación, que le reconozcamos, con los pastores, y le adoremos como verdadero Hijo de Dios, atendiendo a las enseñanzas que calladamente nos da con las circunstancias de su nacimiento. Con las cuales circunstancias nos enseña Jesucristo renunciar a las vanidades del mundo y a estimar la pobreza y los trabajos.

Aunque en la Solemnidad de la Natividad del Señor sólo tenemos obligación de oír una Misa; sería muy bueno oírlas todas para conformarnos mejor con las intenciones de la Iglesia.

Para aprovechar adecuadamente la Navidad, la Iglesia nos aconseja hacer estas cuatro cosas:

* prepararnos la víspera con un recogimiento mayor que de costumbre;
* procurar gran pureza por medio de una buena confesión y vivos deseos de recibir al Señor;
* asistir, si nos es posible, a los divinos oficios de la noche anterior y a las Misas, meditando el misterio que se celebra;
* emplear ese día, cuanto nos sea posible, en obras de cristiana piedad.

Basado en:

Catecismo Mayor de San Pio X
Parte Primera
De las fiestas del Señor

¿Que es la Navidad?

La Iglesia en su misión de ir por el mundo llevando la Buena Nueva ha querido dedicar un tiempo a profundizar, contemplar y asimilar el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios; a este tiempo lo conocemos como Navidad. Cerca de la antigua fiesta judía de las luces y buscando dar un sentido cristiano a las celebraciones paganas del solsticio de invierno, la Iglesia aprovechó el momento para celebrar la Navidad.

En este tiempo los cristianos por medio del Adviento se preparan para recibir a Cristo,"luz del mundo" (Jn 8, 12) en sus almas, rectificando sus vidas y renovando el compromiso de seguirlo. Durante el Tiempo de Navidad al igual que en el Triduo Pascual de la semana Santa celebramos la redención del hombre gracias a la presencia y entrega de Dios; pero a diferencia del Triduo Pascual en el que recordamos la pasión y muerte del Salvador, en la Navidad recordamos que Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros.

Así como el sol despeja las tinieblas durante el alba, la presencia de Cristo irrumpe en las tinieblas del pecado, el mundo, el demonio y de la carne para mostrarnos el camino a seguir. Con su luz nos muestra la verdad de nuestra existencia. Cristo mismo es la vida que renueva la naturaleza caída del hombre y de la naturaleza. La Navidad celebra esa presencia renovadora de Cristo que viene a salvar al mundo.

La Iglesia en su papel de madre y maestra por medio de una serie de fiestas busca concientizar al hombre de este hecho tan importante para la salvación de sus hijos. Por ello, es necesario que todos los feligreses vivamos con recto sentido la riqueza de la vivencia real y profunda de la Navidad.

Por último, es necesario recordar que durante la Navidad celebramos en tres días consecutivos, 26, 27 y 28 de diciembre, tres fiestas que nos hacen presente la entrega total al Señor :

San Esteban, mártir que representa a aquellos que murieron por Cristo voluntariamente.

San Juan Evangelista, que representa aquellos que estuvieron dispuestos a morir por Cristo pero no los mataron. San Juan fue el único Apóstol que se arriesgó a estar con La Virgen al pie de la cruz.

Los Santos Inocentes que representan a aquellos que murieron por Cristo sin saberlo.

Tomado de: www.aciprensa.com/navidad/navi…


Evangelio de la Misa de Vigilia de Navidad

Continuación del santo Evangelio según San Mateo.
(I,  18-20.)

La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo.

Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.

Así lo tenía planeado, cuando el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo.

Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.»

Evangelio de la Misa del Gallo

Continuación del Santo Evangelio según San Lucas (II, 1-14.)

En aquel tiempo salió un edicto de César Augusto ordenando que se inscribiera todo el orbe. Esta primera inscripción fué hecha siendo Cirino gobernador de Siria. Y fueron todos a inscribirse, cada cual en su ciudad. Y subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, porque era de la casa y familia de David, para inscribirse con María, su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y sucedió que, estando ellos allí, se cumplieron  los  días de  dar a luz. Y parió a su Hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y le acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada. Y había unos pastores en la misma tierra, que guardaban y velaban las vigilias de la noche sobre su ganado. Y he aqui que el Angel del Señor vino a ellos y la claridad de Dios los cercó de resplandor, y tuvieron gran temor. Mas el Angel les dijo: No temáis porque os voy a dar una gran noticia, que será de gran gozo para todo el pueblo: es que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor. Y ésta será la señal para vosotros: hallaréis al Niño envuelto en pañales y echado en un pesebre. Y súbitamente apareció con el Angel una gran multitud del ejército celeste, alabando a Dios y diciendo: Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

En la plenitud de los tiempos vino la plenitud de la divinidad

Ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre. Gracias sean dadas a Dios, que ha hecho abundar en nosotros el consuelo en medio de esta peregrinación, de este destierro, de esta miseria.

Antes de que apareciese la humanidad de nuestro Salvador, su bondad se hallaba también oculta, aunque ésta ya existía, pues la misericordia del Señor es eterna. ¿Pero cómo, a pesar de ser tan inmensa, iba a poder ser reconocida? Estaba prometida, pero no se la alcanzaba a ver; por lo que muchos no creían en ella. Efectivamente, en distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios por los profetas. Y decía: Yo tengo designios de paz y no de aflicción. Pero ¿qué podía responder el hombre que sólo experimentaba la aflicción e ignoraba la paz? ¿Hasta cuándo vais a estar diciendo: «Paz, paz», y no hay paz? A causa de lo cual los mensajeros de paz lloraban amargamente, diciendo: Señor, ¿quién creyó nuestro anuncio? Pero ahora los hombres tendrán que creer a sus propios ojos, ya que los testimonios de Dios se han vuelto absolutamente creíbles. Pues para que ni una vista perturbada pueda dejar de verlo, puso su tienda al sol.

Pero de lo que se trata ahora no es de la promesa de la paz, sino de su envío; no de la dilatación de su entrega, sino de su realidad; no de su anuncio profético, sino de su presencia. Es como si Dios hubiera vaciado sobre la tierra un saco lleno de su misericordia; un saco que habría de desfondarse en la pasión, para que se derramara nuestro precio, oculto en él; un saco pequeño, pero lleno. Y que un niño se nos ha dado, pero en quien habita toda la plenitud de la divinidad. Ya que, cuando llegó la plenitud del tiempo, hizo también su aparición la plenitud de divinidad. Vino en carne mortal para que, al presenta así ante quienes eran carnales, en la aparición de su humanidad se reconociese su bondad. Porque, cuando se pone de manifiesto la humanidad de Dios, ya no puede mantenerse oculta su bondad. ¿De qué manera podía manifestar mejor su bondad que asumiendo mi carne? La mía, no la de Adán, es decir, no la que Adán tuvo antes del pecado.

¿Hay algo que pueda declarar más inequívocamente la misericordia de Dios que el hecho de haber aceptado nuestra miseria? ¿Qué hay más rebosante de piedad que la Palabra de Dios convertida en tan poca cosa por nosotros? Señor, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? Que deduzcan de aquí los hombres lo grande que es el cuidado que Dios tiene de ellos; que se enteren de lo que Dios piensa y siente sobre ellos. No te preguntes, tú, que eres hombre, por lo que has sufrido, sino por lo que sufrió él. Deduce de todo lo que sufrió por ti, en cuánto te tasó, y así su bondad se te hará evidente por, su humanidad. Cuanto más pequeño se hizo en su humanidad, tanto más grande se reveló en su bondad; y cuanto más se dejó envilecer por mí, tanto más querido me es ahora. Ha aparecido -dice el Apóstol- la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre. Grandes y manifiestos son, sin duda, la bondad y el amor de Dios, y gran indicio de bondad reveló quien se preocupó de añadir a la humanidad el nombre de Dios.

De los sermones de San Bernardo, abad
(Sermón 1 en la Epifanía del Señor, 1-2: PI, 133, 141-143)

-------

Merry Christmas!

May God Bless you, your family and your other dear ones!

DECEMBER 24.

CHRISTMAS EVE.

'At length,' says St. Peter Damian, in his Sermon for this holy Eve, 'at length we have got from the stormy sea into the tranquil port; hitherto it was the promise, now it is the prize; hitherto labour, now rest; hitherto despair, now hope; hitherto the way, now our home. The heralds of the divine promise came to us; but they gave us nothing but rich promises. Hence, our Psalmist himself grew wearied, 'and slept, and, with a seeming reproachful tone, thus sings his lamentation to God: "But thou hast rejected and despised us; thou hast deferred the coming of thy Christ." [Ps. lxxxviii.]. At another time he assumes a tone of demand, and thus prays: "O thou that sittest upon the Cherubim, show thyself!" [Ibid. lxxix.]. Seated on thy high throne, with myriads of adoring Angels around thee, look down upon the children of men, who are victims of that sin, which was committed indeed by Adam, but permitted by thy justice. Remember what my substance is [Ibid. lxxxviii.]; thou didst make it to the likeness of thine own; for though every living man is vanity, yet inasmuch as he is made to thy Image, he is not a passing vanity [Ibid. xxxviii.]. Bend thy heavens and come down, and turn the eyes of thy mercy upon us thy miserable suppliants, and forget us not unto the end!

'Isaias, also, in the vehemence of his desire, thus spoke: "For Sion's sake I will not hold my peace, and for the sake of Jerusalem I will not rest, till her Just One come forth as brightness. Oh! that thou wouldst rend the heavens, and wouldst come down!" So, too, all the Prophets, tired of the long delay of the Coming, have prayed to thee, now with supplication, now with lamentation, and now with cries of impatience. We have listened to these their prayers; we have made use of them as our own, and now, nothing can give us joy or gladness, till our Saviour come to us, and, kissing us with the kiss of his lips, say to us: "I have heard and granted your prayers."

'But, what is this that has been said to us: "Sanctify yourselves, ye children of Israel, and be ready; for on the morrow, the Lord will come down"? We are, then, but one half day and night from the grand visit, the admirable Birth of the Infant-God! Hurry on your course, ye fleeting hours, that we may the sooner see the Son of God in his crib, and pay our homage to this world-saving Birth. You, Brethren, are the Children of Israel, that are sanctified, and cleansed from every defilement of soul and body, ready, by your earnest devotion, for to-morrow's mysteries. Such, indeed, you are, if I may judge from the manner in which you have spent these sacred days of preparation for the Coming of your Saviour.

'But if, notwithstanding all your care, some drops of the stream of this life's frailties are still on your hearts, wipe them away and cover them with the snow-white robe of Confession. This I can promise you from the mercy of the divine Infant: he that shall confess his sins and be sorry for them, shall have born within him the Light of the World; the darkness that deceived him, shall be dispelled; and he shall enjoy the brightness of the true Light. For how can mercy be denied to the miserable this night, in which the merciful and compassionate Lord is so mercifully born? Therefore, drive away from you all haughty looks, and idle words, and unjust works; let your loins be girt, and your feet walk in the right paths; and then come, and accuse the Lord, if this night he rend not the heavens, and come down to you, and throw all your sins into the depths of the sea.'

This holy Eve is, indeed, a day of grace and hope, and we ought to spend it in spiritual joy. The Church, contrary to her general practice, prescribes, that if Christmas Eve fall on a Sunday, the fasting alone should be anticipated on the Saturday; but that the Office and Mass of the Vigil should take precedence of the Office and Mass of the fourth Sunday of Advent. How solemn, then, in the eyes of the Church, are these few hours which separate us from the great Feast! On all other Feasts, no matter how great they may be, the solemnity begins with first Vespers, and until then the Church restrains her joy, and celebrates the Divine Office and Sacrifice according to the Lenten rite. Christmas, on the contrary, seems to begin with the Vigil; and one would suppose that this morning's Lauds were the opening of the Feast; for the solemn intonation of this portion of the Office is that of a Double, and the Antiphons are sung before and after each Psalm or Canticle. The purple Vestments are used at the Mass, but all the genuflexions peculiar to the Advent Ferias are omitted; and only one Collect is said, instead of three, which always denote that the Mass is not that of a solemnity. Let us enter into the spirit of the Church, and prepare ourselves, in all the joy of our hearts, to meet the Saviour who is coming to us. Let us observe with strictness the fast which is prescribed; it will enable our bodies to aid the promptness of our spirit. Let us delight in the thought, that before we again lay down to rest, we shall have seen Him born, in the solemn mid-night, who comes to give light to every creature. For, surely, it is the duty of every faithful this happy Night, when, in spite of all the coldness of devotion, the whole universe keeps up its watch for the arrival of its Saviour. It is one of the last vestiges of the piety of ancient days, and God forbid it should ever be effaced!

From:

The Liturgical Year
Abbot Prosper Gueranger O.S.B.

Advent

Translated from the French by Dom Laurence Shepherd O.S.B

Jubilee year 2000
Limited edition

2000, Loreto Publications, Fitzwilliam, NH.

From: www.theliturgicalyear.org


On the Feast of the Nativity, I.

I. All share in the joy of Christmas


Our Saviour, dearly-beloved, was born today: let us be glad. For there is no proper place for sadness, when we keep the birthday of the Life, which destroys the fear of mortality and brings to us the joy of promised eternity. No one is kept from sharing in this happiness. There is for all one common measure of joy, because as our Lord the destroyer of sin and death finds none free from charge, so is He come to free us all. Let the saint exult in that he draws near to victory. Let the sinner be glad in that he is invited to pardon. Let the gentile take courage in that he is called to life. For the Son of God in the fullness of time which the inscrutable depth of the Divine counsel has determined, has taken on him the nature of man, thereby to reconcile it to its Author: in order that the inventor of death, the devil, might be conquered through that (nature) which he had conquered. And in this conflict undertaken for us, the fight was fought on great and wondrous principles of fairness; for the Almighty Lord enters the lists with His savage foe not in His own majesty but in our humility, opposing him with the same form and the same nature, which shares indeed our mortality, though it is free from all sin.

Truly foreign to this nativity is that which we read of all others, no one is clean from stain, not even the infant who has lived but one day upon earth Job 19:4 . Nothing therefore of the lust of the flesh has passed into that peerless nativity, nothing of the law of sin has entered. A royal Virgin of the stem of David is chosen, to be impregnated with the sacred seed and to conceive the Divinely-human offspring in mind first and then in body. And lest in ignorance of the heavenly counsel she should tremble at so strange a result , she learns from converse with the angel that what is to be wrought in her is of the Holy Ghost. Nor does she believe it loss of honour that she is soon to be the Mother of God. For why should she be in despair over the novelty of such conception, to whom the power of the most High has promised to effect it. Her implicit faith is confirmed also by the attestation of a precursory miracle, and Elizabeth receives unexpected fertility: in order that there might be no doubt that He who had given conception to the barren, would give it even to a virgin.

II. The mystery of the Incarnation is a fitting theme for joy both to angels and to men

Therefore the Word of God, Himself God, the Son of God who in the beginning was with God, through whom all things were made and without whom was nothing made John 1:1-3, with the purpose of delivering man from eternal death, became man: so bending Himself to take on Him our humility without decrease in His own majesty, that remaining what He was and assuming what He was not, He might unite the true form of a slave to that form in which He is equal to God the Father, and join both natures together by such a compact that the lower should not be swallowed up in its exaltation nor the higher impaired by its new associate. Without detriment therefore to the properties of either substance which then came together in one person, majesty took on humility, strength weakness, eternity mortality: and for the paying off of the debt, belonging to our condition, inviolable nature was united with possible nature, and true God and true man were combined to form one Lord, so that, as suited the needs of our case, one and the same Mediator between God and men, the Man Christ Jesus, could both die with the one and rise again with the other.

Rightly therefore did the birth of our Salvation impart no corruption to the Virgin's purity, because the bearing of the Truth was the keeping of honour. Such then beloved was the nativity which became the Power of God and the Wisdom of God even Christ, whereby He might be one with us in manhood and surpass us in Godhead. For unless He were true God, He would not bring us a remedy, unless He were true Man, He would not give us an example. Therefore the exulting angel's song when the Lord was born is this, Glory to God in the Highest, and their message, peace on earth to men of good will Luke 2:14 . For they see that the heavenly Jerusalem is being built up out of all the nations of the world: and over that indescribable work of the Divine love how ought the humbleness of men to rejoice, when the joy of the lofty angels is so great?

III. Christians then must live worthily of Christ their Head

Let us then, dearly beloved, give thanks to God the Father, through His Son, in the Holy Spirit , Who for His great mercy, wherewith He has loved us, has had pity on us: and when we were dead in sins, has quickened us together in Christ Ephesians 2:4-5, that we might be in Him a new creation and a new production. Let us put off then the old man with his deeds: and having obtained a share in the birth of Christ let us renounce the works of the flesh. Christian, acknowledge your dignity, and becoming a partner in the Divine nature, refuse to return to the old baseness by degenerate conduct. Remember the Head and the Body of which you are a member. Recollect that you were rescued from the power of darkness and brought out into God's light and kingdom. By the mystery of Baptism you were made the temple of the Holy Ghost: do not put such a denizen to flight from you by base acts, and subject yourself once more to the devil's thraldom: because your purchase money is the blood of Christ, because He shall judge you in truth Who ransomed you in mercy, who with the Father and the Holy Spirit reigns for ever and ever. Amen.

Sermon 21

Saint Leo the Great.

-------

Christmas, Midnight Mass:

INTROIT ("Entrance Chant") • Dominus Dixit Ad Me sung by the Monks' Choir of the Timadeuc Abbey.



GRADUAL • Tecum Principium sung by the Monks' Choir of the Timadeuc Abbey.



ALLELUIA • Dominus Dixit sung by the monks of St. Benedict's Monastery in São Paulo (Brazil)



OFFERTORY • Laetentur Caeli.



COMMUNION • In Splendoribus Sanctorum sung by the Ensemble Organum




English Propers, Midnight Mass

INTROIT • Dominus Dixit from Corpus Christi Watershed



OFFERTORY • Laetentur Caeli from Corpus Christi Watershed



COMMUNION • In Splendoribus Sanctorum from Corpus Christi Watershed.



-------

The Holy Rosary in Latin:



Litaniae Sanctorum:

  • Mood: Christmas Spirited
  • Listening to: In Splendoribus Sanctorum
  • Reading: Sobre la Navidad
  • Watching: Videos de cantos

Christus surrexit,
sicut dixit,
alleluia!


-------


Osanna, Sanctus Deus Sabaoth,

superillustrans claritate tua

felices ignes horum malacoth!

alleluia!


___________________________________________________
Hosanna holy God of Sabaoth,/ abundantly illumining with thy brightness/ the blessed fires of these kingdoms ...
-------
¡Felices Pascuas de Resurreción!

Que Dios los Bendiga a ustedes, sus familiares, y demás seres queridos.

-------

DEFINICIÓN DEL TIEMPO PASCUAL.

Se da el nombre de Tiempo pascual al período de semanas que transcurre desde el domingo de Pascua al sábado después de Pentecostés. Esta parte del Año litúrgico es la más sagrada, aquella hacia la cual converge el Ciclo completo. Se comprenderá esto fácilmente, si se considera la grandeza de la fiesta de Pascua, que la antigüedad cristiana embelleció con el nombre de Fiesta de las fiestas, Solemnidad, de las solemnidades, a la manera, nos dice San Gregorio Papa en su Homilía sobre este gran día, que lo más augusto en el Santuario era llamado el Santo de los Santos, y se da el nombre de Cantar de los cantares al sublime epitalamio del Hijo de Dios que se une con la Santa Iglesia. Ciertamente, en el día de Pascua es cuando la misión del Verbo encarnado obtiene el fin que estuvo anhelando hasta entonces; en el día de Pascua el género humano es levantado de su caída y entra en posesión de todo lo lo que había perdido por el pecado de Adán.

CRISTO VENCEDOR.

Navidad nos había dado un Hombre-Dios; hace tres días recogimos su sangre de un precio infinito para nuestro rescate. Mas en el día de la Pascua, no es ya una víctima inmolada y vencida por la muerte, la que contemplamos; es un vencedor que aniquila a la muerte, hija del pecado, y proclama la vida, la vida inmortal que nos ha conquistado. No es ya la humildad de los pañales, ni los dolores de la agonía y de la cruz; es la gloria, primero para él, después para nosotros. En el día de Pascua, Dios recupera, en el Hombre-Dios resucitado, su obra primera: el tránsito por la muerte no ha dejado en él huella ninguna, como tampoco la dejó el pecado, cuya semejanza se había dignado asumir el Cordero divino; y no es solamente él quien vuelve a la vida inmortal; es todo el género humano. "Así como por un hombre vino la muerte al mundo, nos dice el Apóstol, por un hombre debe venir también la resurrección de los muertos. Y así como en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados".1

LA PREPARACIÓN DE LA PASCUA.

Así, pues, el aniversario de este acontecimiento constituye cada año el gran día, el día de la alegría, el día por excelencia; a él converge todo el Año litúrgico y sobre él está fundado. Mas, como este día es santo entre todos, ya que nos abre las puertas de la vida celestial, donde entraremos resucitados como Cristo, la Iglesia no ha querido luciera sobre nosotros antes de que hubiésemos purificado nuestros cuerpos por el ayuno y corregido nuestras almas por la compunción. Con este fin instituyó la penitencia cuaresmal, y también nos advirtió desde Septuagésima* que habla llegado el tiempo de aspirar a las alegrías serenas de la Pascua y de disponernos a los sentimientos que su venida debe despertar. Ya hemos terminado esta preparación y el Sol de la Resurrección se eleva sobre nosotros.

SANTIDAD DEL DOMINGO.

Mas no basta festejar el día solemne que contempló a Cristo-Luz huyendo de las sombras del sepulcro; a otro aniversario debemos tributar el culto de nuestra gratitud. El Verbo encarnado resucitó el primer día de la semana, el día en que el Verbo increado del Padre había comenzado la obra de la creación, al sacar la luz del seno del caos y separarla de las tinieblas, inaugurando así el primero de los días. Por tanto, en la Pascua nuestro divino resucitado santifica por segunda vez el domingo y desde entonces el sábado deja de ser el día sagrado. Nuestra resurrección en Jesucristo, realizada en domingo, colma la gloria de este primero de los días; el precepto divino del sábado es abolido con toda la ley mosaica; y los Apóstoles mandarán en lo sucesivo a todo fiel celebrar como día sagrado el primer día de la semana, en el que la gloria de la primera creación se une a la de la divina regeneración.

1 I Cor., XV, 21, 22.

CORONACIÓN DEL AÑO LITÚRGICO.

De todas las estaciones del Año litúrgico, el Tiempo pascual, es ciertamente el más fecundo en misterios; más aún: puede decirse que este tiempo es el culmen de toda la mística de la liturgia en el período anual. Quien tenga la dicha de entrar con plenitud de espíritu y de corazón en el amor y en la inteligencia del misterio pascual, ha llegado a la medula misma de la vida sobrenatural; y por esta razón, nuestra Madre la Santa Iglesia, acomodándose a nuestra flaqueza, nos propone de nuevo cada año esta iniciación. Todo lo que ha precedido no es más que la preparación; la espera del Adviento, las alegrías del tiempo de Navidad, los graves y severos pensamientos de Septuagésima, la compunción y la penitencia de Cuaresma, el espectáculo desgarrador de la Pasión, toda esta gama de sentimientos y maravillas, no han servido sino para llegar al término a que hemos llegado. Y a fin de hacernos comprender que en la solemnidad pascual se trata del mayor interés del hombre terrestre, Dios ha querido que estos dos grandes misterios, Pascua y Pentecostés, que tienen un mismo fin, se ofreciesen a la Iglesia naciente con un pasado que contaba ya quince siglos: período incalculable que a la divina Sabiduría no pareció demasiado prolongado, para preparar, por medio de figuras, las grandes realidades que nosotros poseemos ahora.

En estos días se juntan las dos grandes manifestaciones de la bondad de Dios para con los hombres: la Pascua de Israel y la Pascua cristiana; el Pentecostés del Sinaí y el Pentecostés de la Iglesia; los símbolos concedidos a un solo pueblo, y las verdades mostradas sin sombras a la plenitud de las naciones. Mostraremos particularmente la realización de las figuras antiguas en las realidades de la nueva Pascua y Pentecostés, el crepúsculo de la ley mosaica ilumina-do por el día perfecto del Evangelio; mas ¿no nos sentimos desde ahora impresionados de santo respeto, al pensar que las solemnidades que celebramos cuentan ya más de tres mil años de existencia, y que deben renovarse cada año hasta que resuene la voz del ángel que clamará: "Ya no habrá más tiempo" (Apoc., X, 6) y se abran las puertas de la eternidad?

LA PASCUA DE LA ETERNIDAD.

La eternidad bienaventurada es la verdadera Pascua; y por esta razón la Pascua terrena es la fiesta de las fiestas, la Solemnidad de las solemnidades. El género humano había muerto, estaba abatido con la sentencia que le retenía en el polvo del sepulcro; las puertas de la vida se le habían cerrado. Mas he aquí, que el Hijo de Dios se levanta del sepulcro y entra en posesión de la vida eterna; y no es él solamente el que ya no morirá; su Apóstol nos enseña que "es el primogénito entre los muertos" (Col., I, 18). La Santa Iglesia quiere, pues, que nos consideremos ya como resucitados con él y como en posesión de la vida eterna. Estos cincuenta días del tiempo pascual, nos enseñan los Padres, son imagen de la bienaventurada eternidad. Están consagrados plenamente a la alegría; está desterrada toda tristeza; y la Iglesia no sabe decir nada a su Esposo sin mezclar el Aleluya, ese grito del cielo que resuena sin fin en las calles y plazas de la Jerusalén celestial, como nos lo dice la liturgia1.

Durante nueve semanas nos hemos visto privados de este cántico de admiración y de gozo; sólo nos restaba morir con Cristo nuestra víctima; mas ahora que hemos salido del sepulcro con él, y que no queremos morir en lo sucesivo con la muerte que mata al alma y que hizo ex-pirar sobre la cruz a nuestro Redentor, el Aleluya, vuelve a ser nuestro.

1 Pontificial romano, para la Dedicación de las Iglesias.

Dom Guéranger
El año litúrgico

Tomo III, El Tiempo Pascual

Capítulo I - Historia del Tiempo Pascual --- Capítulo II - Mística del Tiempo Pascual

Primera Edición Española, traducida y adaptada para los países Hispano-Americanos por los monjes de Santo Domingo de Silos.

1954, Editorial Aldecoa, Burgos.

*Septuagésima es el noveno domingo antes de la Pascua, el tercero antes de la Cuaresma conocido entre los griegos como "Domingo del Pródigo" del Evangelio según San Lucas 15, el cual leen en ese día, llamado también Dominica Circumdederunt por los latinos, de la primera palabra del introito de la Misa... En el Martirologio Romano la septuagésima se inaugura con las palabras: "domingo de Septuagésima, en el cual se deja de decir el cántico al Señor, Aleluya". El sábado anterior, el Breviario Romano señala que después de "Benedicamus" de vísperas se añaden dos aleluyas, y que de ahí en adelante se omite hasta la Pascua, y en su lugar se dice el "Laus tibi Domine" al principio del Oficio. - The Catholic Encyclopedia. Vol. 13. ec.aciprensa.com/wiki/Septuag%…


-------

Happy Easter!

May God Bless you, your families and your other dear ones.

-------

PASCHAL TIME.

We give the name of Paschal Time to the period between Easter Sunday and the Saturday following Whit Sunday. It is the most sacred portion of the Liturgical Year, and the one towards which the whole Cycle converges. We shall easily understand how this is, if we reflect upon the greatness of the Easter Feast, which is called the Feast of feasts, and the Solemnity of sletnnities, in the same manner, says St. Gregory,1 as the most sacred part of the Temple was called the Holy of Holies; and the Book of Sacred Scripture, wherein are described the espousals between Christ and the Church, is called the Canticle of canticles. It is on this day, that the mission of the Word Incarnate attains the object towards which it has hitherto been unceasingly tending: mankind is raised up from his fall, and regains what he had lost by Adam's sin.

JESUS CHRIST THE CONQUEROR.

Christmas gave us a Man-God; three days have scarcely passed, since we witnessed His infinitely precious Blood shed for our ransom; but now, on the day of Easter, our Jesus is no longer the Victim of death: He is a Conqueror, that destroys death, the child of sin, and proclaims life, that undying life which He has purchased for us. The humiliation of His swathing-bands, the sufferings of His Agony and Cross, these are passed; all is now glory,- glory for Himself, and glory also for us. On the day of Easter, God regains, by the Resurrection of the Man-God, His creation such as He made it at the beginning; the only vestige now left of death, is that likeness to sin which the Lamb of God deigned to take upon Himself. Neither is it Jesus alone that returns to eternal life; the whole human race also has risen to immortality together with our Jesus. 'By a man came death,' says the Apostle; 'and by a Man the Resurrection of the dead: and as in Adam all die, so also in Christ all shall be made alive.''1

THE PREPARATION FOR EASTER.

The anniversary of this Resurrection is, therefore, the great Day, the day of joy, the day by excellence; the day to which the whole year looks forward in expectation, and on which its whole economy is formed. But as it is the holiest of days,- since it opens to us the gate of Heaven, into which we shall enter because we have risen together with Christ,- the Church would have us come to it well prepared by bodily mortification and by compunction of heart. It was for this that she instituted the Fast of Lent, and that she bade us, during Septuagesima*, look forward to the joy of her Easter, and be filled with sentiments suit able to the approach of so grand a solemnity. We obeyed; we have gone through the period of our preparation; and now the Easter sun has risen upon us!

SANCTITY OF SUNDAY.

But it was not enough to solemnize the great Day when Jesus, our Light, rose from the darkness of the tomb: there was another anniversary which claimed our grateful celebration. The Incarnate Word rose on the first day of the week,- that same day, where on, four thousand years before, He, the Uncreated Word of the Father, had begun the work of the Creation, by calling forth light, and separating it from darkness. The first day was thus ennobled by the creation of light. It received a second consecration by the Resurrection of Jesus; and from that time forward Sunday, and not Saturday, was to be the Lord's Day. Yes, our Resurrection in Jesus which took place on the Sunday, gave this first day a preeminence above the others of the week: the divine precept of the Sabbath was abrogated together with the other ordinances of the Mosaic Law, and the Apostles instructed the faithful to keep holy the first day of the week, which God had dignified with that twofold glory, the creation and the regeneration of the world.

1 I Cor., XV, 21, 22.

THE MYSTERY OF PASCHAL TIME

Of all the Seasons of the Liturgical Year, Easter-tide is by far the richest in mystery. We might even say that Easter is the summit of the Mystery of the sacred Liturgy. The Christian who is happy enough to enter, with his whole mind and heart, into the knowledge and the love of the Paschal Mystery, has reached the very centre of the supernatural life. Hence it is, that the Church uses every effort in order to effect this: what she has hitherto done, was all intended as a preparation for Easter. The holy longings of Advent, the sweet joys of Christmas, the severe truths of Septuagesima, the contrition and penance of Lent, the heart-rending sight of the Passion,- all were given us as preliminaries, as paths, to the sublime and glorious Pasch, which is now ours.

And that we might be convinced of the supreme importance of this Solemnity, God willed that the Christian Easter and Pentecost should be prepared by those of the Jewish Law:- a thousand five hundred years of typical beauty prefigured the reality: and that reality is ours!

During these days, then, we have brought before us the two great manifestations of God’s goodness towards mankind :—the Pasch of Israel, and the Christian Pasch; the Pentecost of Sinai, and the Pentecost of the Church. We shall have occasion to show how the ancient figures were fulfilled in the realities of the new Easter and Pentecost, and how the twilight of the Mosaic Law made way for the full lay of the Gospel; but we cannot resist the feeling of holy reverence, at the bare thought that the Solemnities we have now to celebrate are more than three thousand years old, and that they are to be renewed every year from this till the voice of the Angel shall be heard proclaiming: “Time shall be no more !” (Apoc., X, 6) The gates of eternity will then be thrown open."


Dom Guéranger
The Liturgical Year - Vol. III Paschal Time

Chapter I, History of the Paschal Time--- Chapter II, The Mystery of Paschal Time

Translated from the French by Dom Laurence Shepherd O.S.B

Jubilee year 2000
Limited edition

2000, Loreto Publications, Fitzwilliam, NH.

From: www.theliturgicalyear.org

*Septuagesima is the ninth Sunday before Easter, the third before Lent known among the Greeks as "Sunday of the Prodigal" from the Gospel, Luke 15, which they read on this day, called also Dominica Circumdederunt by the Latins, from the first word of the Introit of the Mass... Septuagesima is today inaugurated in the Roman Martyrology by the words: "Septuagesima Sunday, on which the canticle of the Lord, Alleluja, ceases to be said". On the Saturday preceding, the Roman Breviary notes that after the "Benedicamus" of Vespers two Alleluias are to be added, that thenceforth it is to be omitted till Easter, and in its place "Laus tibi Domine" is to be said at the beginning of the Office. - The Catholic Encyclopedia.Vol. 13. www.newadvent.org/cathen/13721…

-------

Dominica Resurrectionis:

INTROIT ("Entrance Chant") • Resurrexi sung by the  Gloriæ Dei Cantores Schola.



GRADUAL • Haec dies sung by the Benedictine monks of the Abbey of Notre-Dame de Fontgombault.



SEQUENCE • Victimae paschali laudes sung by Gloriæ Dei Cantores Schola.



ALLELUIA • Pascha nostrum sung by the monks of Triors.



OFFERTORY • Terra Tremuit sung by the Abbey of Notre-Dame de Fontgombault.



COMMUNION • Pascha nostrum immolátus est Christus, allelúja: itaque epulémur sung by the monks of Triors.



-------

The Holy Rosary in Latin:


Litaniae Sanctorum:

  • Mood: Joy
  • Listening to: Pascha Nostrum
  • Reading: Sobre el Domingo de Resurrección
  • Watching: Videos de cantos

deviantID

Neoconvoy's Profile Picture
Neoconvoy
César Aus
Artist | Student | Varied
Ora et labora

Graphic Designer.

Specialized in painting, drawing and illustration.

-------

STAT CRUX DUM VOLVITUR ORBIS
Interests

Donate

Neoconvoy has started a donation pool!
169 / 1,500
I need some points in order to renew my subscription, please !!!

You must be logged in to donate.
  • Anonymous
    Anonymous Deviant
    Donated Feb 28, 2015, 6:45:12 AM
    20
  • :iconv-242:
    v-242
    Donated Aug 30, 2014, 9:10:13 AM
    20
  • :iconv-242:
    v-242
    Donated Aug 30, 2014, 9:10:07 AM
    20
  • Anonymous
    Anonymous Deviant
    Donated Apr 20, 2014, 1:31:56 PM
    2
  • :iconnutrioom:
    NUTRIOOM
    Donated Feb 26, 2014, 5:43:36 PM
    10
  • :iconceltickawaii:
    CelticKawaii
    Donated Jan 13, 2014, 7:28:50 PM
    20
  • :iconvonstreff:
    VonStreff
    Donated Dec 24, 2012, 10:15:56 PM
    20

AdCast - Ads from the Community

Comments


Add a Comment:
 
:iconcrispinvcampion:
CrispinVCampion Featured By Owner Jun 11, 2015
Mind reading this and passing it on? Tomorrow is the feast of The Sacred heart so I'm going to do a Holy Hour as I think Our Lord asked for it do be done on the night before the feast day.(has to be between 11:00 and 12:00pm and as a act of Reparation to The Sacred Heart) Not sure if anyone eles is doing this but if so then this might help. www.coldcall.plus.com/shhh/Jan…corjesusacratissimum.org/intro… and sacredheartholyhour.com/prayer… Okay see you all tomorrow. P.S This can be done at home.
Reply
:iconroseliza2:
roseliza2 Featured By Owner May 19, 2015
Hey whats up, doing any drawings lately?
Reply
:iconbig-bad-rocket:
Big-bad-Rocket Featured By Owner Mar 24, 2015
Mind reading this and passing it on? Hi if you can remember in your prayers the 150 people who have just died in a plane crash. (And there families. ) Please pray that they soon get out of purgatory and to Haven soon and ask others to do the same. Thank you and God bless.
Reply
:iconxcdestruct:
xcdestruct Featured By Owner Edited Mar 14, 2015  Hobbyist Digital Artist
Thanks for the watch! :^ )
Reply
:iconveronicaquill:
VeronicaQuill Featured By Owner Mar 7, 2015  Hobbyist Traditional Artist
thank you so much for the watch!  and i know i'm late, but a very happy birthday to you!  God Bless.
Reply
:icongiantpurplecat:
GiantPurpleCat Featured By Owner Feb 28, 2015  Student Filmographer
Happy birthday and God bless. :D
Reply
:iconkiiroikat:
KiiroiKat Featured By Owner Feb 28, 2015   Digital Artist
Happy Birthday! Enjoy your day, and I pray this year will be even better than the last!
 :happy birthday:
Reply
:iconartelizdesouza:
artelizdesouza Featured By Owner Feb 28, 2015  Professional Digital Artist
Happy Birthday! God bless your life with health, joy, and faith. Have a great day!!
birthday cake Blower fella (Party) 
Reply
:iconhitantenshi:
HitanTenshi Featured By Owner Feb 28, 2015  Hobbyist Digital Artist
Blessings to you on your birthday!
Reply
:icongorokai:
GoroKai Featured By Owner Feb 28, 2015  Hobbyist Traditional Artist
Happy Birthday!
Reply
Add a Comment: