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Antífonas O

Las antífonas de la O son siete, y la Iglesia las canta con el Magnificat del Oficio de Vísperas desde el día 17 hasta el día 23 de diciembre. Son un llamamiento al Mesías recordando las ansias con que era esperado por todos los pueblos antes de su venida, y, también son, una manifestación del sentimiento con que todos los años, de nuevo, le espera la Iglesia en los días que preceden a la gran solemnidad del Nacimiento del Salvador.

Se llaman así porque todas empiezan en latín con la exclamación «O», en castellano «Oh». También se llaman «antífonas mayores».

Fueron compuestas hacia los siglos VII-VIII, y se puede decir que son un magnífico compendio de la cristología más antigua de la Iglesia, y a la vez, un resumen expresivo de los deseos de salvación de toda la humanidad, tanto del Israel del A.T. como de la Iglesia del N.T.

Son breves oraciones dirigidas a Cristo Jesús, que condensan el espíritu del Adviento y la Navidad. La admiración de la Iglesia ante el misterio de un Dios hecho hombre: «Oh». La comprensión cada vez más profunda de su misterio. Y la súplica urgente: «ven»

Cada antífona empieza por una exclamación, «Oh», seguida de un título mesiánico tomado del A.T., pero entendido con la plenitud del N.T. Es una aclamación a Jesús el Mesías, reconociendo todo lo que representa para nosotros. Y termina siempre con una súplica: «ven» y no tardes más.

O Sapientia = sabiduría, Palabra

O Adonai = Señor poderoso

O Radix = raíz, renuevo de Jesé (padre de David)

O Clavis = llave de David, que abre y cierra

O Oriens = oriente, sol, luz

O Rex = rey de paz

O Emmanuel = Dios-con-nosotros.

Leídas en sentido inverso las iniciales latinas de la primera palabra después de la «O», dan el acróstico «ero cras», que significa «seré mañana, vendré mañana», que es como la respuesta del Mesías a la súplica de sus fieles.

Se cantan -con la hermosa melodía gregoriana o en alguna de las versiones en las lenguas modernas- antes y después del Magnificat en las Vísperas de estos siete días, del 17 al 23 de diciembre, y también, un tanto resumidas, como versículo del aleluya antes del evangelio de la Misa.

Tomado de: mercaba.org/LITURGIA/Adv/antif…

17 DE DICIEMBRE

COMIENZO DE LAS ANTIFONAS "O"

La Iglesia abre hoy el septenario que precede a la Vigilia de Navidad, días célebres en la Liturgia, con el nombre de Ferias mayores. El Oficio ordinario de Adviento vuélvese más solemne; en Laudes y en las Horas del día las Antífonas son propias del tiempo y relacionadas directamente con el gran acontecimiento. En Vísperas, se canta todos los días una solemne Antífona que es un suspiro por el Mesías, en la cual se le da diariamente uno de los títulos que le atribuye la sagrada Escritura. 

En la Iglesia Romana, estas Antífonas, a las que vulgarmente se les da el nombre de Antífonas O, porque así comienzan, son siete, una para cada día de las Ferias mayores, y se dirigen todas a Jesucristo. En la Edad Media, algunas Iglesias añadieron otras dos, una a la Santísima Virgen, ¡O Virgo Virginum! y otra al Arcángel Gabriel, ¡O Gabriel! o también a Santo Tomás, cuya fiesta cae durante estas Ferias mayores, y que comienza así: O Thomas Didyme1 Hubo Iglesias que tuvieron hasta doce grandes Antífonas, añadiendo otras tres a las ya mencionadas, es decir: una a Cristo, O Rex pacifice! otra a la Santísima Virgen, O mundi Domina! y finalmente la última, dirigida a modo de apóstrofe, a Jerusalén, O Jerusalem!

El momento escogido para dirigir esta sublime llamada a la caridad del Hijo de Dios, son las Vísperas, porque fué al atardecer del mundo, vergente mundi vespere cuando vino el Mesías. Son cantadas antes del Magníficat, para indicar que el Salvador esperado nos ha de llegar por María. Se las repite dos veces, una antes y otra después del Cántico, para mayor solemnidad, lo mismo que en las fiestas Dobles; algunas antiguas Iglesias las cantaban incluso tres veces, a saber: antes del Cántico, antes del Gloria Patri, y después del Sicut erat. Finalmente, estas admirables Antífonas, que contienen toda la medula de la Liturgia de Adviento, llevan un canto armonioso y solemne; y todas las Iglesias las acompañaron de particular pompa, cuyas demostraciones, siempre expresivas, variaron según los lugares. Entremos en el espíritu de la Iglesia, y recojámonos a fin de unirnos a ella con todo nuestro corazón, cuando dirija a su Esposo esas últimas y tiernas invitaciones a las que habrá de ceder finalmente.

PRIMERA ANTIFONA 

Oh Sabiduría, que saliste de la boca del Altísimo, que tocas de una extremidad a la otra y dispones todas las cosas con fuerza y dulzura al mismo tiempo: ven a enseñarnos los caminos de la prudencia.


¡Oh Sabiduría increada, que vais a haceros pronto visible al mundo, cuán bien aparece en estos momentos que todo lo gobiernas!  He aquí que por tu permisión divina, va a salir un edicto del emperador Augusto, para empadronar al mundo. Todos los ciudadanos del Imperio deberán acudir a su ciudad de origen. En su orgullo, creerá el emperador haber conmovido en favor suyo a todo el género humano. Agítanse los hombres por todas partes a millones, y atraviesan en todos los sentidos el inmenso imperio romano; piensan que obedecen a un hombre y es a Dios a quien obedecen. 

Todo ese gran movimiento no tiene más que una finalidad: la de llevar a Belén a un hombre y a una mujer que tienen su humilde morada en Nazaret de Galilea; para que la mujer desconocida de los hombres y ama-da del cielo, al concluir el mes noveno de la concepción de su hijo, le diese a luz en Belén, según lo anunciado por el Profeta: "Es su salida de los días de la eternidad: ¡O Belén, de ningún modo eres la más pequeña entre las mil ciudades de Judá, porque El saldrá de ti!"  ¡Oh Sabiduría divina, cuán fuerte eres para conseguir tus fines de manera infalible aunque oculta la mirada de los hombres!  ¡cuán suave para no forzar su libertad y cuán paternal previendo nuestras necesidades!  Escogiste Belén para nacer en ella, porque Belén significa Casa de Pan. Con esto nos quieres demostrar que eres nuestro Pan, nuestro manjar, nuestro alimento de vida. Nutridos por un Dios, no podremos ya morir. ¡Olí Sabiduría del Padre, Pan vivo bajado del cielo! ven pronto a nosotros, para que nos acerquemos a tí, y seamos iluminados por tus destellos; concédenos esa prudencia que conduce a la salvación.

1 Es ésta más moderna, pero desde el siglo XIII subsituyó en casi todas partes a la anterior.

Fuente: 

Dom Prosper Gueranguer
El Año Litúrgico 
Adviento - Adviento y Navidad

Primera Edición Española, traducida y adaptada para los países Hispano-Americanos por los monjes de Santo Domingo de Silos.

1954, Editorial Aldecoa, Burgos.

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O Antiphons

The seven antiphons to the Magnificat in the ferial Office of the seven days preceeding the vigil of Christmas; so called because all begin with the interjection "O".

O Sapientia = O Wisdom

O Adonai = O Lord

O Radix = O Root of Jesse (David's Father)

O Clavis = O Key of David

O Oriens = O Dayspring

O Rex = O King of the nations

O Emmanuel = O With Us is God

The first letters of the titles taken backwards form a Latin acrostic of "Ero Cras" which translates to "Tomorrow, I will be there", that is like the response of the Messiah the supplication of the faithful.

These are sung, -with beautiful Gregorian chant or some modern language version- before and after the Magnificat at Vespers of the seven days, from December 17 to 23 , and also as shortened verse in the Hallelujah before the Gospel in the Mass.

Couched in a poetic and Scriptural phraseology they constitute a notable feature of the Advent Offices. These seven antiphons are found in the Roman Breviary; but other medieval Breviaries added  "O virgo virginum quomodo fiet" etc., still retained in the Roman Breviary as the proper antiphon to the Magnificat in the second Vespers of the feast Expectatio Partus B. M. V. (18 December), the prayer of this feast being followed by the antiphon "O Adonai" as a commemoration of the ferial office of 18 December; "O Gabriel, nuntius cœlorum", subsequently replaced, almost universally, by the thirteenth-century antiphon, "O Thoma Didyme", for the feast of the Apostle St. Thomas (21 December). 

Some medieval churches had twelve greater antiphons, adding to the above "O Rex Pacifice", "O Mundi Domina",  "O Hierusalem", addressed respectively to Our Lord, Our Lady, and Jerusalem. Guéranger gives the Latin text of all of these (except the "O Mundi Domina"), with vernacular prose translation ("Liturgical Year", Advent, Dublin, 1870, 508-531), besides much devotional and some historical comment. The Parisian Rite added two antiphons ("O sancte sanctorum" and "O pastor Israel") to the seven of the Roman Rite and began the recitation of the nine on the 15th of December. Prose renderings of the Roman Breviary O's will be found in the Marquess of Bute's translation of the Roman Breviary (winter volume). 

Guéranger remarks that the antiphons were appropriately assigned to the Vesper Hour because the Saviour came in the evening hour of the world (vergente mundi vespere, as the Church sings) and that they were attached to the Magnificat to honour her through whom He came. By exception to the rule for ferial days, the seven antiphons are sung in full both before and after the canticle. "In some Churches it was formerly the practice to sing them thrice: that is, before the Canticle, before the Gloria Patri, and after the Sicut erat" (Dom Prosper Guéranger).

From: www.newadvent.org/cathen/11173… and mercaba.org/LITURGIA/Adv/antif…

DECEMBER 17.

THE COMMENCEMENT OF THE GREAT ANTIPHONS.

The Church enters to-day on the seven days, which precede the Vigil of Christmas, and which are known in the Liturgy under the name of the Greater Ferias. The ordinary of the Advent Office becomes more solemn; the Antiphons of the Psalms, both for Lauds and the Hours of the day, are proper, and allude expressly to the great Coming. Every day, at Vespers, is sung a solemn Antiphon, which consists of a fervent prayer to the Messias, whom it addresses by one of the titles given him by the sacred Scriptures.

In the Roman Church, there are seven of these Antiphons, one for each of the Greater Ferias, They are commonly called the O's of Advent, because they all begin with that interjection. In other Churches, during the Middle Ages, two more were added to these seven; one to our Blessed Lady, O Virgo Virginum; and the other to the Angel Gabriel, O Gabriel; or to St. Thomas the Apostle, whose feast comes during the Greater Ferias; it began O Thoma Didyme.1 There were even Churches, where twelve Great Antiphons were sung; that is, besides the nine we have just mentioned, there was Rex Pacifice to our Lord, O mundi Domina to our Lady, and O Hierusalem to the city of the people of God.

The canonical Hour of Vespers has been selected as the most appropriate time for this solemn supplication to our Saviour, because, as the Church sings in one of her hymns, it was in the Evening of the world (vergente mundi vespere) that the Messias came amongst us. These Antiphons are sung at the Magnificat, to show us that the Saviour, whom we expect, is to come to us by Mary. They are sung twice; once before and once after the Canticle, as on Double Feasts, and this to show their great solemnity. In some Churches it was formerly the practice to sing them thrice; that is, before the Canticle, before the Gloria Patri, and after the Sicut erat. Lastly, these admirable Antiphons, which contain the whole pith of the Advent Liturgy, are accompanied by a chant replete with melodious gravity, and by ceremonies of great expressiveness, though, in these latter, there is no uniform practice followed. Let us enter into the spirit of the Church; let us reflect on the great Day which is coming; that thus we may take oar share in these the last and most earnest solicitations of the Church imploring her Spouse to come, and to which He at length yields.

FIRST ANTIPHON.

O Sapientia, quae ex ore Altissimi prodiisti, attingens a fine usque ad finem, fortiter, suaviterque disponens omnia; veni ad docendum nos viam prudentiae.

O Wisdom, that proceedest from the mouth of the Most High, reaching from end to end mightily, and disposing all things with strength and sweetness! come and teach us the way of prudence.


O Uncreated Wisdom! that art so soon to make thyself visible to thy creatures, truly thou disposest all things. It is by thy permission, that the Emperor Augustus issues a decree ordering the enrolment of the whole world. Each citizen of the vast Empire is to have his name enrolled in the city of his birth. This prince has no other object in this order, which sets the world in motion, but his own ambition. Men go to and fro by millions, and an unbroken procession traverses the immense Roman world; men think they are doing the bidding of man, and it is God whom they are obeying. This world-wide agitation has really but one object; it is, to bring to Bethlehem a man and woman who live at Nazareth in Galilee, in order that this woman, who is unknown to the world but dear to heaven, and is at the close of the ninth month since she conceived her child, may give birth to this Child in Bethlehem, for the Prophet has said of him: "His going forth is from the beginning, from the days of eternity. And thou, O Bethlehem I art not the least among the thousand cities of Juda, for out of thee He shall come." [Mich. v. 2; St Matth. ii. 6.]. O divine Wisdom! how strong art thou, in thus reaching Thine ends by means which are infallible, though hidden! and yet, how sweet, offering no constraint to man's free-will! and withal, how fatherly, in providing for our necessities! Thou choosest Bethlehem for thy birth-place, because Bethlehem signifies the House of Bread. In this, thou teachest us that thou art our Bread, the nourishment and support of our life. With God as our food, we cannot die. O Wisdom of the Father, Living Bread that hast descended from heaven, come speedily into us, that thus we may approach to thee and be enlightened [Ps. xxxiii. 6.] by thy light, and by that prudence which leads to salvation.

PRAYER FOR THE TIME OF ADVENT.

(The Mozarabic Breviary, Fourth Sunday of Advent, Oratio.)

Christe, Dei Filius, qui in mundo per Virginem natus, Nativitatis tuae terrore et regna concutis, et reges admirari compellis, praebe nobis initium Sapientiae, quod est timor tuus; ut in eo fructificemur, in eo etiam proficientes, fructum tibi pacatissimum offeramus: ut, qui ad gentium vocationem, quasi fluvius violentus, accessisti; nasciturus in terris ad conversionem peccantium, manifesta tuae gratiae donum: quo, repulso terrore formidinis, casto te semper sequamur amore intimae charitatis. Amen.

O Jesus, Son of God ! born of a Virgin ! whose Nativity struck the nations with terror, and compelled kings to reverence thee; grant unto us the beginning of Wisdom, which is thy fear; that we may thereby yield fruit, and render thee, by our advancement in the same, the fruits of peace. O thou that didst come like a torrent to call the nations, and wast born on earth for the conversion of sinners, show unto us the gift of thy grace, whereby all fear being removed, we may ever follow thee by the chaste love of inward charity. Amen.

1It is more modern than the O Gabriel; but dating from the 13th century, it was almost universally used in its stead.

From:

The Liturgical Year
Abbot Prosper Gueranger O.S.B.

Advent

Translated from the French by Dom Laurence Shepherd O.S.B 

Jubilee year 2000
Limited edition

2000, Loreto Publications, Fitzwilliam, NH.

From: www.theliturgicalyear.org

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Antiphonæ majores

O Sapientia

Sung by the Cantarte Regensburg.



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The Holy Rosary in Latin:



Litaniae Sanctorum:

  • Mood: Joy
  • Listening to: O Sapientia • Cantarte Regensburg
  • Reading: Adviento - Dom Gueranguer
  • Watching: Videos de cantos
¡Feliz tercera Semana de Adviento!

Dios los Bendiga a ustedes y sus seres queridos.

Domingo de Gaudete

Es el Tercer Domingo de Adviento, llamado así por la primera palabra del Introito de la Misa (Gaudete, es decir, Regocíjense). El Tiempo de Adviento se originó como un ayuno de cuarenta días en preparación para la Navidad, comenzando el día después de la fiesta de San Martín (12 de noviembre), de aquí que a menudo se le llamara también la "Cuaresma de San Martín" - nombre por el que el Adviento fue conocido desde el siglo V.

En el siglo IX, la duración del Adviento se redujo a cuatro semanas, encontrándose en una carta de San Nicolás I (858-867) a los búlgaros, la primera alusión a un Tiempo más corto, y hacia el siglo XII el ayuno había sido ya reemplazado por una simple abstinencia. San Gregorio el Grande fue el primero en redactar un Oficio para el Adviento, y el Sacramentario Gregoriano es el más antiguo en proveer Misas propias para los domingos de Adviento. En ambos se hacen provisiones para cinco domingos, pero hacia el siglo X el número usual eran cuatro, aunque algunas iglesias de Francia observaban cinco domingos incluso en el siglo XIII.

No obstante todas estas modificaciones sin embargo, el Adviento preservó muchas de las características de los tiempos penitenciales lo que lo hace una especie de contraparte con la Cuaresma, correspondiendo así el tercer domingo de Adviento, o el del medio, con el domingo de la mitad de la cuaresma o Domingo de Laetare (Alegría). En este Domingo de Laetare, el órgano y las flores, prohibidos durante el resto de la estación, podían ser usados; se permitió el uso de vestimentas color rosa en lugar del púrpura (o negro como en un inicio); el diácono y el subdiácono reasumieron el uso del dalmático y de la túnica en la Misa principal, y los cardenales usaban color rosa en lugar del púrpura. Todas esta marcas características continuaron usándose y son la disciplina actual de la Iglesia Latina. El Domingo de Gaudete por lo tanto, hace un alto, como el Domingo del Laetare, a medio camino a través de un Tiempo que de otra manera es de carácter penitencial, y significa la cercanía de la venida del Señor.

De las "estaciones" que se mantienen en Roma para representar los cuatro domingos de Adviento, la correspondiente a la basílica Vaticana se le asigna al Gaudete, ya que es el más importante de los cuatro domingos. Tanto en el Oficio como en la Misa a través del Adviento, se hace referencia continua a la segunda venida de nuestro Señor, y se enfatiza en el tercer domingo por medio de la adición de signos permitidos para ese día, como una expresión de alegría. El Domingo de Gaudete está marcado por un Nuevo Invitatorio, la Iglesia no invita ya a los fieles a meramente adorar "al Señor que va a venir", sino que les llama a una liturgia de alegría porque "el Señor está ahora aquí y al alcance de la mano".

Las lecturas de Nocturnas, correspondientes a la Profecía de Isaías, describen la venida del Señor y las bendiciones que resultan de ello, y las antífonas de las Vísperas hacen eco de las promesas proféticas. La alegría de la espera se enfatiza por las constantes Aleluyas tanto en el Oficio como en la Misa a través de todo el Tiempo de Adviento. En la Misa, el Introito "Gaudete in Domino temper" resalta lo mismo, y da el nombre al día.

La Epístola nos incita a regocijarnos y nos urge a prepararnos para encontrarnos con el Salvador a través de oraciones y súplicas y de acciones de gracia, mientras que el Evangelio de San Juan Bautista nos advierte que el Cordero de Dios está ahora entre nosotros, aunque parezca que no Le conocemos.

El espíritu del Oficio y de la Liturgia a través de todo el Adviento es uno de espera y de preparación para la fiesta de Navidad así como para la segunda venida de Cristo, y los ejercicios penitenciales, que han sido adecuados para ese espíritu, son suspendidos en el Domingo de Gaudete para simbolizar la alegría y el regocijo por la Redención Prometida, las cuales nunca deben estar ausentes del corazón del fiel.

Tomado de: ec.aciprensa.com/d/domingogaud…

Tercer Domingo de Adviento

En este domingo se aumenta todavía la alegría de la Iglesia. Continuamente suspira ella por el Señor; pero ahora siente que se aproxima y cree poder mitigar un poco la austeridad de este tiempo de penitencia, con la inocente alegría de las pompas litúrgicas. En primer lugar, este Domingo ha recibido el nombre de Gaudete por la primera palabra de su Introito; pero, además en él se observan también las prácticas características del cuarto Domingo de Cuaresma llamado Laetare. Se toca el Órgano en la Misa; los ornamentos son de color rosa;- el Diácono vuelve a tomar la dalmática, y el Subdiácono la túnica; en las Catedrales asiste el Obispo con la mitra preciosa. ¡Admirable condescendencia de la Iglesia que tan armónicamente sabe unir la seriedad de su doctrina con la graciosa poesía de las formas litúrgicas!  Entremos en su espíritu y regocijémonos hoy a causa de la proximidad del Señor. Mañana, nuestros gemidos tomarán otra vez su vuelo; porque aunque no ha de tardar, no ha llegado todavía. La Estación se celebra en San Pedro del Vaticano. Este sagrado templo que contiene el sepulcro del Príncipe de los Apóstoles, es el asilo universal del pueblo cristiano; es natural que sea testigo de las tristezas y de las alegrías de la Iglesia.

El Oficio nocturno comienza por un nuevo Invitatorio: el grito de la Iglesia es un grito de alegría; todos los días, hasta la Vigilia de Navidad, comienza sus Maitines por estas magníficas palabras:

El Señor está ya próximo: venid, adorémosle.

Tomemos ahora el libro del Profeta y leamos con la Santa Iglesia:

Del Profeta Isaías.

Confianza en Dios: El humilla a los soberbios

En aquel día, se cantará este cántico en la tierra de Judá:

Tenemos una ciudad fuerte, nos dará el Señor su ayuda por muralla y fortaleza. Abrid las puertas para que entre un pueblo justo que guarde fidelidad. Esperanza inquebrantable, tú nos conservarás la paz, porque en ti reina la confianza. Tened siempre confianza en el Señor; porque el Señor es un refugio eterno. El ha destruido a los moradores de las alturas, ha echado por tierra la ciudad soberbia; la humilló hasta el suelo, la arrojó en el polvo, y fue pisoteada por los pies del pobre y del mendigo.

El justo espera el reinado de la justicia y permanece fiel a Dios

El sendero del justo está en línea recta; no se desvía de ella la senda que Tu abres al justo. En efecto, en la senda de tus juicios, hemos puesto, oh Señor, nuestra confianza; tu nombre y tu recuerdo son el deseo del alma.

Mi alma te deseó en la noche y te buscarán mis más íntimos suspiros. (ls„  XXVI, 1-9.)


¡Oh santa Iglesia Romana, nuestra ciudad fuerte!, henos aquí reunidos en tus muros, alrededor del sepulcro de este pescador cuyas cenizas te amparan en la tierra, mientras que, con su doctrina inconmovible, te ilustra desde el cielo. Mas, si eres fuerte, lo eres por el Salvador que va a llegar. El es tu muralla; porque El es quien rodea a todos tus hijos con su misericordia; El es la fortaleza invencible; gracias a El, jamás los poderes infernales prevalecerán contra ti. Ensancha tus puertas, para que puedas acoger dentro de ti a todos los pueblos; pues eres maestra de la santidad y guardiana de la verdad. ¡Termine cuanto antes el antiguo error que se opone a la fe y difúndase la paz sobre todo tu rebaño!  ¡Oh Santa Iglesia Romana!  Tú has puesto para siempre la esperanza en el Señor; y El a su vez, fiel a su promesa, ha humillado delante de ti a las alturas de la soberbia y a las ciudades del orgullo. ¿Dónde están los Césares que creyeron haberte ahogado en tu propia sangre?  ¿dónde los Emperadores que quisieron violentar la inviolable virginidad de tu fe?  ¿dónde los sectarios que en cada siglo, por decirlo así, combatieron sucesivamente todos los artículos de tu doctrina?  ¿dónde aquellos desagradecidos príncipes que se empeñaron en avasallarte, cuando fuiste tú quien los ensalzó? ¿dónde está el Imperio de la Media Luna que tantas veces se enfureció contra ti, y cuyas orgullosas conquistas, tú desarmada, rechazaste tan lejos?  ¿dónde están los Reformadores que trataron de fundar un Cristianismo sin ti? ¿dónde estos modernos sofistas, a cuyos ojos no eras tú más que un impotente y apolillado fantasma?  ¿dónde estarán, dentro de un siglo, esos reyes perseguidores de la Iglesia, esos pueblos que buscan la libertad fuera de la Iglesia?  Habrán pasado, como un torrente, en su fracaso; y tú, tú estarás siempre tranquila, siempre joven, siempre sin arrugas, ¡oh Santa Iglesia Romana!  sentada sobre la roca inconmovible.

Tu camino a través de los siglos habrá sido recto como el del justo; y siempre te volverás a hallar semejante a ti misma, como lo has sido durante diecinueve siglos, bajo el sol que, fuera de ti, sólo ilumina las vicisitudes humanas. ¿De dónde a ti esa solidez sino de Aquel que es la misma Verdad y la justicia?  ¡Gloria sea a El en ti!  To-dos los años te hace su visita; todos los años te renueva sus dones, para ayudarte a terminar tu peregrinación; hasta el fin de los siglos vendrá igualmente a visitarte, a renovarte, no sólo por la virtud de aquella mirada con la que renovó a Pedro, sino llenándote de sí mismo, como llenó a la Virgen gloriosa, objeto de tus más dulces amores después del de tu Esposo. Contigo suplicamos, oh Madre nuestra, diciendo: ¡Ven, Señor Jesús!  "Tu nombre y tu recuerdo son el ansia de nuestras almas; en la noche te desean ellas y te buscan nuestros más íntimos suspiros."

Fuente:

Dom Prosper Gueranguer
El Año Litúrgico
Adviento - Adviento y Navidad

Primera Edición Española, traducida y adaptada para los países Hispano-Americanos por los monjes de Santo Domingo de Silos.

1954, Editorial Aldecoa, Burgos.

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Happy Third Week of Advent!

May God Bless you and your dear ones.

Gaudete Sunday

The third Sunday of Advent, so called from the first word of the Introit at Mass (Gaudete, i.e. Rejoice). The season of Advent originated as a fast of forty days in preparation for Christmas, commencing on the day after the feast of St. Martin (12 November), whence it was often called "St. Martin's Lent"-- a name by which it was known as early as the fifth century.

In the ninth century, the duration of Advent was reduced to four weeks, the first allusion to the shortened season being in a letter of St. Nicholas I (858-867) to the Bulgarians, and by the twelfth century the fast had been replaced by simple abstinence. St. Gregory the Great was the first to draw up an Office for the Advent season, and the Gregorian Sacramentary is the earliest to provide Masses for the Sundays of Advent. In both Office and Mass provision is made for five Sundays, but by the tenth century four was the usual number, though some churches of France observed five as late as the thirteenth century.

Notwithstanding all these modifications, however, Advent still preserved most of the characteristics of a penitential seasons which made it a kind of counterpart to Lent, the middle (or third) Sunday corresponding with Laetare or Mid-Lent Sunday. On it, as on Laetare Sunday, the organ and flowers, forbidden during the rest of the season, were, permitted to be used; rose-coloured vestments were allowed instead of purple (or black, as formerly); the deacon and subdeacon reassumed the dalmatic and tunicle at the chief Mass, and cardinals wore rose-colour instead of purple. All these distinguishing marks have continued in use, and are the present discipline of the Latin Church. Gaudete Sunday, therefore, makes a breaker like Laetare Sunday, about midway through a season which is otherwise of a penitential character, and signifies the nearness of the Lord's coming.

Of the "stations" kept in Rome the four Sundays of Advent, that at the Vatican basilica is assigned to Gaudete, as being the most important and imposing of the four. In both Office and Mass throughout Advent continual reference is made to our Lord's second coming, and this is emphasized on the third Sunday by the additional signs of gladness permitted on that day. Gaudete Sunday is further marked by a new Invitatory, the Church no longer inviting the faithful to adore merely "The Lord who is to come", but calling upon them to worship and hail with joy "The Lord who is now nigh and close at hand".

The Nocturn lessons from the Prophecy of Isaias describe the Lord's coming and the blessings that will result from it, and the antiphons at Vespers re-echo the prophetic promises. The joy of expectation is emphasized by the constant Alleluias, which occur in both Office and Mass throughout the entire season. In the Mass, the Introit "Gaudete in Domino semper" strikes the same note, and gives its name to the day.

The Epistle again incites us to rejoicing, and bids us prepare to meet the coming Saviour with prayers and supplication and thanksgiving, whilst the Gospel, the words of St. John Baptist, warns us that the Lamb of God is even now in our midst, though we appear to know Him not.

The spirit of the Office and Liturgy all through Advent is one of expectation and preparation for the Christmas feast as well as for the second coming of Christ, and the penitential exercises suitable to that spirit are thus on Gaudete Sunday suspended, as were, for a while in order to symbolize that joy and gladness in the Promised Redemption which should never be absent from the heart of the faithful.

From: www.newadvent.org/cathen/06394…

Third Sunday of Advent

To-day, again, the Church is full of joy, and the joy is greater than it was. It is true that her Lord has not come; but she feels that He is nearer than before, and therefore she thinks it just to lessen some what the austerity of this penitential season by the innocent cheerfulness of her sacred rites. And first, this Sunday has had the name of Gaudete given to it, from the first word of the Introit; it also is honoured with those impressive exceptions which belong to the fourth Sunday of Lent, called Laetare. The organ is played at the Mass; the vestments are rose-colour; the deacon resumes the dalmatic, and the subdeacon the tunic; and in cathedral churches the bishop assists with the precious mitre. How touching are all these usages, and how admirable this condescension of the Church, wherewith she so beautifully blends together the unalterable strictness of the dogmas of faith and the graceful poetry of the formulae of her liturgy. Let us enter into her spirit, and be glad on this third Sunday of her Advent, because our Lord is now so near unto us. To-morrow we will resume our attitude of servants mourning for the absence of their Lord and waiting for Him; for every delay, however short, is painful and makes love sad.

The Station is kept in the basilica of St. Peter, at the Vatican. This august temple, which contains the tomb of the prince of the apostles, is the home and refuge of all the faithful of the world; it is but natural that it should be chosen to witness both the joy and the sadness of the Church.

The night Office commences with a new Invitatory. The voice of the Church no longer invites the faithful to come and adore in fear and trembling the King, our Lord, who is to come. Her language assumes another character; her tone is one of gladness; and now, every day, until the vigil of Christmas, she begins her nocturns with these grand words:

The Lord is now nigh; come, let us adore.

From the Prophet Isaias.

Ch. xxvi.
In that day shall this canticle be sung in the land of Juda. Sion the city of our strength: a Saviour, a wall, and a bulwark shall be set therein. Open ye the gates and let the just nation, that keepeth the truth, enter in. The old error is passed away, thou wilt keep peace: peace, because we have hoped in thee. You have hoped in the Lord for evermore: in the Lord God mighty for ever. For he shall bring down them that dwell en high, the high city he shall lay low. He shall bring it down even to the ground, he shall pull it down even to the dust. The foot shall tread it down; the feet of the poor, the steps of the needy. The way of the just is right, the path of the just is right to walk in. And in the way of thy judgements, O Lord, we have patiently waited for thee: thy name and thy remembrance are the desire of the soul. My soul hath desired thee in the night: yea, and with my spirit within me in the morning early I will watch to thee.


O holy Roman Church, city of our strength! behold us thy children assembled within thy walls, around the tomb of the fisherman, the prince of the apostles, whose sacred relics protect thee from their earthly shrine, and whose unchanging teaching enlightens thee from heaven. Yet, O city of strength: it is by the Saviour, who is coming, that thou art strong. He is thy wall, for it is He that encircles, with His tender mercy, all thy children; He is thy bulwark, for it is by Him that thou art invincible, and that all the powers of hell are powerless to prevail against thee. Open wide thy gates, that all nations may enter thee for thou art mistress of holiness and the guardian of truth. May the old error, which sets itself against the faith, soon disappear, and peace reign over the whole fold! O holy Roman Church! thou hast for ever put thy trust in the Lord; and He, faithful to His promise, has humbled before thee the haughty ones that defied thee, and the proud cities that were against thee. Where now are the Caesars. who boasted that they had drowned thee in thine own blood? where the emperors, who would ravish the inviolate virginity of thy faith? where the heretics, who, during the past centuries of thine existence, have assailed every article of thy teaching, and denied what they listed? where the ungrateful princes, who would fain make a slave of thee, who hadst made them what they were? where that empire of Mahomet, which has so many times raged against thee, for that thou, the defenceless State, didst arrest the pride of its conquests? where the reformers, who were bent on giving the world a Christianity, in which thou wast to have no part? where the more modern sophists, in whose philosophy thou wast set down as a system that had been tried, and was a failure, and is now a ruin? and those kings who are acting the tyrant over thee, and those people that will have liberty independently and at the risk of truth, where will they be in another hundred years? Gone and forgotten as the noisy anger of a torrent; whilst thou, O holy Church of Rome, built on the immovable rock, wilt be as calm, as young, as unwrinkled as ever.

Thy path through all the ages of this world’s duration, will be right as that of the just man; thou wilt ever be the same unchanging Church, as thou hast been during the eighteen hundred years past, whilst everything else under the sun has been but change. Whence this thy stability, but from Him who is very truth and justice? Glory be to Him in thee! Each year, He visits thee; each year, He brings thee new gifts, wherewith thou mayst go happily through thy pilgrimage; and to the end of time, He will visit thee, and renew thee, not only with the power of that look wherewith Peter was renewed, but by filling thee with Himself, as He did the ever glorious Virgin, who is the object of thy most tender love, after that which thou bearest to Jesus Himself. We pray with thee, O Church, our mother, and here is our prayer: ‘Come, Lord Jesus! Thy name and Thy remembrance are the desire of our souls: they have desired Thee in the night, yea, and early in the morning have they watched for Thee.’

From:

The Liturgical Year
Abbot Prosper Gueranger O.S.B.

Advent

Translated from the French by Dom Laurence Shepherd O.S.B

Jubilee year 2000
Limited edition

2000, Loreto Publications, Fitzwilliam, NH.

From: www.theliturgicalyear.org


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Dominica III Adventus:

INTROIT ("Entrance Chant") • Gaudete in Domino



GRADUAL • Qui Sedes Domine sung by the Congregation of St. Lazarus Autun



ALLELUIA • Excita, Domine sung by the Cantarte Regensburg



OFFERTORY • Benedixisti, Domine terram tuam



COMMUNION • Dicite: Pusillanimes




English Propers, Third Sunday of Advent

INTROIT • Gaudete in Domino from Corpus Christi Watershed



OFFERTORY • Benedixisti from Corpus Christi Watershed



COMMUNION • Dicite: Pusillanimes from Corpus Christi Watershed.




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The Holy Rosary in Latin:



Litaniae Sanctorum:

  • Mood: Joy
  • Listening to: Gaudete in Domino
  • Reading: Tercer Domingo de Adviento - Dom Gueranguer
  • Watching: Videos de cantos
¡Feliz segunda Semana de Adviento!

Dios los Bendiga a ustedes, sus familias y demás seres queridos.

Segundo Domingo de Adviento.

En el Oficio de este Domingo dominan completamente los sentimientos de esperanza y alegría que comunica al alma fiel la feliz noticia de la próxima llegada de Aquel que es su Salvador y Esposo. El Advenimiento interno, el que se opera en las almas, es el objeto casi exclusivo de las oraciones de la Iglesia en este día: abramos, pues, nuestros corazones, preparemos nuestras lámparas y esperemos alegres la voz que se oirá en medio de la noche: ¡Gloria a Dios! ¡Paz a los hombres!

La Iglesia Romana celebra hoy la Estación en la Basílica de Sta. Cruz de Jerusalén. El Emperador Constantino depositó en esta venerable Iglesia una parte notable de la Vera Cruz, con el Rótulo que mandó fijar en ella Pilatos y que proclamaba la Realeza del Salvador de los hombres. Todavía se conservan allí estas preciosas reliquias; enriquecida con tan glorioso tesoro, la Liturgia Romana considera a esta Basílica de 9 4  ADVIENTO Sta. Cruz de Jerusalén como si fuera Jerusalén misma, como se puede observar por las alusiones que hace en las distintas Misas estacionales que allí celebra. En el lenguaje de la Sagrada Escritura y de la Iglesia, Jerusalén es el tipo del alma fiel; ésta es también la idea fundamental que ha presidido la composición del Oficio y de la Misa de este Domingo. Sentimos no poder desarrollar aquí todo este magnífico conjunto, contentándonos con abrir cuanto antes el libro del Profeta Isaías, para leer allí con la Iglesia el paso de donde saca hoy el motivo de sus esperanzas en el reino suave y pacífico del Mesías.

LECCION DEL PROFETA ISAIAS
APARECE EL MESÍAS,  ANIMADO DEL ESPÍRITU DE DIOS.
SU JUSTICIA

Saldrá un tallo del tronco de Jesé y de su raíz se elevará una flor. Sobre él reposará el Espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y de entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y de piedad, espíritu de temor de Dios. No juzgará por las apariencias, ni condenará sólo por lo que oye decir, sino que juzgará a los débiles en justicia, y defenderá con rectitud a los pobres de la tierra. Con la vara de su boca herirá al tirano y con el aliento de sus labios matará al malvado. El cíngulo de sus caderas será la justicia, y la fidelidad como un ceñidor sobre las mismas. Habitará entonces el lobo junto al cordero y el leopardo se acostará junto al cabrito;  juntos comerán el león y el toro y un niño pequeño los conducirá. El becerro y el oso pacerán juntos y sus crías estarán echadas en el mismo sitio. El león y el buey comerán paja; el niño que mama todavía,  jugará junto a la cueva del áspid, y el recién destetado meterá su mano en la madriguera del basilisco. ¡Basta ya de males y destrucción en el santo Monte! Porque la tierra está llena del conocimiento del Señor, como el mar rebosante de agua.

En aquel día el tallo de la raíz de Jesé, que está puesto como estandarte para los pueblos, será buscado por las naciones y su sepulcro será glorioso, (Is., XI,  1-10.)


¡Cuánto que considerar en estas magníficas frases del Profeta! El Tallo, la Flor que sale de él; el Espíritu que reposa sobre esta flor; la paz y la seguridad restablecidas sobre la tierra; una fraternidad universal bajo el mando del Mesías. San Jerónimo, de quien la Iglesia toma hoy las palabras en las lecciones del segundo Nocturno, nos dice "que este tallo sin nudo alguno que sale de la rama de Jesé, es la Virgen María,  y que la Flor es el Salvador mismo, quien dijo en el Cántico: Yo soy la flor de los campos y el lirio de los valles. Todos los siglos cristianos han celebrado con entusiasmo la gloria del Tallo maravilloso y de su Flor divina.  Durante la Edad Media, el Árbol de Jesé extendía sus proféticas ramas por las portadas de nuestras catedrales, brillaba sobre sus vidrieras, y aparecía bordado en los tapices del santuario; la voz melodiosa 9 6  ADVIENTO de los sacerdotes entonaba a su vez el suave Responso compuesto por Fulberto de Chartres y puesto en canto gregoriano por el rey Roberto el Piadoso:

R. La rama de Jesé produjo un tallo y el tallo una flor; * y sobre esta flor reposó el Espíritu divino. — V. La Virgen, Madre de Dios, es el tallo y su hijo la flor: * y sobre esta flor reposó el Espíritu divino.

El piadoso S. Bernardo, al comentar este Responsorio, en su segunda Homilía sobre el Ad-viento, decía "El Hijo de la Virgen es la flor, flor blanca y escarlata, única entre millares, flor cuya vista regocija a los Ángeles y cuyo aroma devuelve la vida a los muertos; Flor de los campos, como ella lo dice de sí misma, y no flor de jardín,  porque la flor del campo vive por sí misma, sin ayuda del hombre, sin procedimientos de agricultura.  De este modo el seno purísimo de la Virgen, como un campo de verdor eterno, produjo esta flor divina cuya belleza no se marchita y cuyo brillo no palidecerá nunca.

¡Oh Virgen, tallo sublime, cuán grande es tu altura! Llegas hasta el que está sentado sobre el Trono, hasta el Señor de la majestad. Y esto no me llama la atención; es que te apoyas en las profundas raíces de la humildad. ¡Oh planta celestial, la más hermosa y santa de todas!  ¡Oh árbol verdadero de la vida,  el único que ha sido digno de llevar el fruto de la salvación!

"¿Hablaremos también del Espíritu Santo y de sus dones, que si se derraman sobre el Mesías, es sólo para después venir sobre nosotros, que tenemos más necesidad de Sabiduría e Inteligencia,  de Consejo y de Fortaleza, de Ciencia, de Piedad y de Temor de Dios?  Roguemos con insistencia a este Espíritu divino, por cuya obra fue concebido y formado Jesús en el seno de María,  y pidámosle que lo forme también en nuestros corazones. Oigamos también con alegría estos admirables relatos que nos hace el Profeta, de la felicidad, de la armonía, de la dulzura que reinan en la santa Montaña. Después de tanto tiempo el mundo ansiaba la paz: por fin llegó. El pecado había creado la división en todo, la gracia va a unirlo todo. Un tierno niño va a ser la garantía de la alianza universal. Los Profetas, lo anunciaron,  lo declaró la Sibila, y aun en Roma, sepultada todavía en las sombras del Paganismo, el príncipe de los poetas latinos, haciéndose eco de las antiguas tradiciones, entonó el célebre canto en el que dice:  "Va a abrir-se la última era, la era predicha por la Sibila de Cumas;  una nueva raza de hombres baja del cielo.  Los rebaños no tendrán que temer del furor de los leones. Perecerá la serpiente y será destruida toda hierba venenosa."

Ven, pues, oh Mesías, a restaurar la armonía primitiva; pero dígnate recordar que, sobre todo, esta armonía quedó destruida en el corazón del hombre; ven a curar este corazón, a tomar posesión de esta Jerusalén, objeto indigno de tu predilección. Durante mucho tiempo ha estado cautiva en Babilonia; sácala ya de la tierra extranjera. Reconstruye su templo; y que la gloria de este segundo templo sea mayor que la del primero, por el honor que tú le harás habitándole, no en imagen sino en persona. El Ángel se lo dijo a María: El Señor Dios dará a tu hijo el trono de su padre David; y reinará por siempre en la casa de Jacob, y su reino no tendrá fin. ¿Qué podemos hacer nosotros, oh Jesús, si no es decir como el discípulo amado al fin de su Profecía: ¡Amén! ¡Así sea! ¡Ven, Señor Jesús!?

Fuente:

Dom Prosper Gueranguer
El Año Litúrgico
Adviento - Adviento y Navidad

Primera Edición Española, traducida y adaptada para los países Hispano-Americanos por los monjes de Santo Domingo de Silos.

1954, Editorial Aldecoa, Burgos.

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Happy Second Week of Advent!

May God Bless you and your dear ones.

Sermons of Saint Bernard of Clairvaux for the Season of Advent:

flippy.grainger.uiuc.edu/metsn…

The Second Sunday of Advent.

The Office of this Sunday is filled, from beginning to end, with the sentiments of hope and joy, with which the soul should be animated at the glad tidings of the speedy coming of Him who is her Saviour and Spouse. The interior coming, that which is effected in the soul, is the almost exclusive object of the Church’s prayers for this day: let us therefore open our hearts, let us prepare our lamps, and await in gladness that cry, which will be heard in the midnight: ‘Glory be to God! Peace unto men!’

The Roman Church makes the Station to-day in the basilica of Holy-Cross-in-Jerusalem. It was in this venerable church that Constantine deposited a large piece of the true cross, together with the title which was fastened to it by Pilate’s order, and which proclaimed the kingly character of the Saviour of the world. These precious relics are still kept there; and, thus enriched with such a treasure, the basilica of Holy-Cross-in-Jerusalem is looked upon, in the Roman liturgy, as Jerusalem itself, as is evident from the allusions made in the several Masses of the Stations held in that basilica. In the language of the sacred Scriptures and of the Church, Jerusalem is the image of the faithful soul; and the Office and Mass of this Sunday have been drawn up on this idea, as the one of the day. We regret not to be able here to develop the sublime beauty of this figure; and must proceed at once to the passage, which the Church has selected from the prophet Isaias. There she tells her children how well founded are her hopes in the merciful and peaceful reign of the Messias. But first let us adore this divine Messias:

Come, let us adore the King, our Lord, who is to come.

From the Prophet Isaias.

Ch. xi.
And there shall come forth a branch out of the rod of Jesse, and a flower shall rise up out of his root. And the Spirit of the Lord shall rest upon him, the Spirit of wisdom and of understanding, the Spirit of counsel and of fortitude, the Spirit of knowledge and of godliness: and he shall be filled with the Spirit of the fear of the Lord. He shall not judge according to the sight of the eyes, nor reprove according to the hearing of the ears: but he shall judge the poor with justice, and shall reprove with equity for the meek of the earth. And he shall strike the earth with the rod of his mouth, and with the breath of his lips he shall slay the wicked. And justice shall be the girdle of his loins, and faith the girdle of his reins. The wolf shall dwell with the lamb, and the leopard shall lie down with the kid: the calf and the lion and the sheep shall abide together, and a little child shall lead them. The calf and the bear shall feed: their young ones shall rest together: and the lion shall eat straw like an ox. And the suckling child shall play on the hole of the asp: and the weaned child shall thrust his hand into the den of the basilisk. They shall not hurt, nor shall they kill in all my holy mountain: for the earth is filled with the knowledge of the Lord, as the covering waters of the sea. In that day the root of Jesse, who standeth for an ensign of people, him the Gentiles shall beseech, and his sepulchre shall be glorious.


How much is contained in these magnificent words of the prophet! The branch; the flower that is to come from it; the Spirit which rests on this flower; the seven gifts of this Spirit; peace and confidence established on the earth; and, throughout the world, one brotherhood in the kingdom of the Messias! St. Jerome, whose words are read by the Church in the lessons of the second nocturn of this Sunday, says that the branch which cometh forth from the root of Jesse, is the blessed Virgin Mary, who had contact with no shrub or plant; and that the flower is the Lord Jesus, who says in the Canticle of canticles: ‘I am the flower of the field, and the lily of the valley.’ In every age of the Christian Church, this wonderful branch and its divine flower have been objects of enthusiastic veneration. In the middle ages the tree of Jesse, with its prophetic branches, was carved on the cathedral porches, was painted on the windows, was embroidered on the hangings of the sanctuary, and the melodious voice of the priests sang its praises in the beautiful responsory composed by Fulbert of Chartres, and put to music by the devout king Robert.

R. The root of Jesse gave out a branch, and the branch a flower; * and on the flower resteth the holy Spirit.
V. The Virgin Mother of God is the branch, her Son the flower. * And on the flower resteth the holy Spirit.


The devout St. Bernard, commenting upon this responsory in his second Advent homily, says: ‘The Virgin’s Son is the flower, a flower white and ruddy, chosen out of thousands; a flower on whom the angels love to look; a flower whose fragrance restores the dead; a flower, as himself assures us, of the field, not of a garden: for the flowers of the field bloom without man’s care, no man has sown their seed, no man has cultivated them. Just so the Virgin’s womb, a meadow verdant in an endless spring, has brought forth a flower, whose beauty will never droop, whose freshness will never fade. O Virgin, branch sublime, to what a height art thou grown! Even up to Him that sitteth on the throne, even to the Lord of majesty. It was sure to be so, for thou castest deep down the roots of humility. O plant of heaven indeed! precious above all, holier than all. O tree of life indeed! alone worthy to bear the fruit of salvation.’

And of the holy Spirit and His gifts, what shall we say? They rest and are poured out on the Messias only to the end that they may flow from Him upon us; He needs them not; but we alone need wisdom and understanding, counsel and fortitude, knowledge and godliness, and fear of the Lord. Let us ask with instance for this divine Spirit, by whose operation Jesus was conceived and born in Mary’s womb, and let us beg of Him to form Jesus within our hearts. But let us not forget to rejoice at those other glorious things which are told us by the prophet, of the happiness, and peace, and delights, which are to be on the holy mountain. The world has been looking so many ages for peace; it is now coming. Sin had caused enmity and division everywhere; grace will bring unity. A little Child will be the pledge of an alliance between all nations. The prophets have foretold it, the sibyl has announced it, and in Rome itself, buried as it is in paganism, the prince of Latin poets has sung the celebrated poem, which, after all, is but the voice of the old tradition: ‘The last age foretold by the Cumean Sibyl, is at hand; a new race is being sent down to earth from high heaven. The flock shall no more fear the fierce lions. The serpent shall be no more: the treacherous plant, which yielded poison, shall grow no more.’

Come then, O Messias, and restore to the world its primitive peace; but remember, we beseech Thee, that it is in the heart of man that harmony has been broken more than elsewhere in Thy creation: cure this heart, enter into possession of this Jerusalem, which Thou lovest, though so unworthy: she has been too long captive in Babylon; lead her out of this strange land. Build up her temple again, and make the glory of this second temple to be greater than that of the first, by having Thee to dwell in it, not in figure, but in the reality of Thy adorable Person. The angel said to Mary: ‘The Lord God shall give unto thy Son the throne of David His father; and He shall reign in the house of Jacob for ever; and of His kingdom there shall be no end.’ What can we do, O Jesus, but say with Thy beloved disciple, at the close of his prophecy: ‘Amen. Come, Lord Jesus!’

From:

The Liturgical Year
Abbot Prosper Gueranger O.S.B.

Advent

Translated from the French by Dom Laurence Shepherd O.S.B

Jubilee year 2000
Limited edition

2000, Loreto Publications, Fitzwilliam, NH.

From: www.theliturgicalyear.org

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Dominica II Adventus:

INTROIT ("Entrance Chant") • Populus Sion sung by the Congregation of St. Lazarus Autun



GRADUAL • Ex Sion.



ALLELUIA • Laetatus Sum sung by the Cantarte Regensburg.



OFFERTORY • Deus te Convertens sung by the Escolania de Montserrat.



COMMUNION • Ierusalem, surge.




English Propers, Second Sunday of Advent

INTROIT • Populus Sion from Corpus Christi Watershed



OFFERTORY • Deus te Convertens from Corpus Christi Watershed



COMMUNION • Ierusalem, surge from Corpus Christi Watershed.



From:

www.newliturgicalmovement.org/…


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The Holy Rosary in Latin:



Litaniae Sanctorum:

  • Mood: Joy
  • Listening to: Ierusalem Surge
  • Reading: Segundo Domingo de Adviento - Dom Gueranguer
  • Watching: Videos de cantos
¡Feliz primer Semana de Adviento!

Dios los Bendiga a ustedes y sus seres queridos.

El tiempo de Adviento

La Iglesia, para comenzar el año litúrgico, celebra la llegada de Cristo con una gran fiesta a la cual llamamos Navidad. Esta fiesta es tan importante para los cristianos que la Iglesia, antes de celebrarla, prepara a sus hijos durante el período conocido como Adviento. Ya desde tiempos remotos la Iglesia acostumbra tener esta preparación.

La palabra Adviento, como se conoce este temporada, significa "llegada" y claramente indica el espíritu de vigilia y preparación que los cristianos deben vivir. Al igual que se prepara la casa para recibir a un invitado muy especial y celebrar su estancia con nosotros, durante los cuatro domingos que anteceden a la fiesta de Navidad, los cristianos preparan su alma para recibir a Cristo y celebrar con Él su presencia entre nosotros.

Tomado de:

www.ewtn.com/spanish/adviento/…

Adviento

Latin ad-venio, llegar.

Conforme al uso actual, el Adviento es un tiempo litúrgico que comienza en el Domingo más cercano a la fiesta de San Andrés Apóstol (30 de Noviembre) y abarca cuatro Domingos. El primer Domingo puede adelantarse hasta el 27 de Noviembre, y entonces el Adviento tiene veintiocho días, o retrasarse hasta el 3 de Diciembre, teniendo solo veintiún días.

Con el Adviento comienza el año eclesiástico en las Iglesias occidentales. Durante este tiempo los creyentes son exhortados a prepararse dignamente a celebrar el aniversario de la venida del Señor al mundo como la encarnación del Dios de amor, de manera que sus almas sean moradas adecuadas al Redentor que viene a través de la Sagrada Comunión y de la gracia, y en consecuencia estén preparadas para su venida final como juez, en la muerte y en el fin del mundo.

Tomado de:

ec.aciprensa.com/a/adviento.ht…

Primer Domingo de Adviento

Este domingo, primero del Año eclesiástico, lleva en los documentos y crónicas de la Edad Media el nombre de Dominica Ad te levavi, por las primeras palabras del Introito, o también el de Domingo Aspiciens a longe, por las primeras palabras de uno de los Responsorios del Oficio de Maitines.

La Estación1 se celebra en Santa María la Mayor; la Iglesia quiere comenzar anualmente la vuelta del Año litúrgico bajo el amparo de María, en la augusta Basílica que venera la gruta de Belén, y que por esta razón se llama en los antiguos monumentos Santa María ad Praesepe. Imposible escoger un lugar más a propósito para saludar ya el próximo y divino alumbramiento que ha de alegrar al cielo y a la tierra, mostrando el sublime prodigio de la fecundidad de una Virgen. Transportémonos con el pensamiento a este sagrado templo y unámonos a las oraciones que allí se oyen; son las mismas que vamos a exponer aquí.

En el Oficio nocturno, la Iglesia comienza hoy la lectura del Profeta Isaías (siglo VIII antes de J. C.), el que con mayor claridad predijo las características del Mesías; continuando esta lectura hasta el día de Navidad inclusive. Tratemos de saborear las enseñanzas del santo Profeta y que el ojo de nuestra fe logre descubrir amorosamente al Salvador prometido, bajo los rasgos ya graciosos, ya terribles, con que nos le pinta Isaías.

Las primeras palabras de la Iglesia en medio de la noche son éstas:

    Al Rey que ha de venir, venid, adorémosle.

Después de haber cumplido con este deber supremo de adoración, escuchemos el oráculo de Isaías, transmitido por la Iglesia.

Empieza el libro del Profeta Isaías.

Visión de Isaías, hijo de Amos, que tuvo sobre las cosas de Judá y Jerusalén en tiempo de Ozías, Joatán, Acaz y Ezequías, reyes de Judá. Oíd, cielos, y tú, oh tierra, escucha, porque el Señor habla: Crié hijos y los engrandecí; pero ellos me despreciaron. El buey conoció a su amo y el asno el pesebre de su dueño2: mas Israel no me reconoció y mi pueblo no me entendió.

¡Ay de la nación pecadora, del pueblo cargado de pecados, raza maligna, hijos malvados!: han abandonado al Señor, han blasfemado del Santo de Israel, le han vuelto las espaldas. ¿Para qué os heriré de nuevo a vosotros, que añadís pecados a pecados? Toda cabeza está enferma y todo corazón triste. Desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza, no hay en él parte sana3. Ni la herida, ni los cardenales, ni la llaga infectada ha sido vendada ni suavizada con aceite. (7s., I, 1-6.)

Estas palabras del santo Profeta, o más bien de Dios, que habla por su boca deben impresionar vivamente a los hijos de la Iglesia, a la entrada de santo tiempo del Adviento. ¿Quién no temblaría oyendo este grito del Señor despreciado, el mismo día de su visita a su pueblo?

Por temor a asustar a los hombres, se despojó de su resplandor; y lejos de sentir la potencia divina de Aquel que así se anonada por amor, no le reconocieron; y la gruta que escogió para descansar después de su nacimiento, no se vio visitada más que por dos brutos animales. ¿Comprendéis, cristianos, cuán amargas son las quejas de vuestro Dios?, ¿cuánto sufre con vuestra indiferencia su amor menospreciado?

Pone por testigos al cielo y a la tierra, lanza el anatema contra la nación perversa, contra los hijos desagradecidos. Reconozcamos sinceramente que, hasta la fecha, no hemos sabido apreciar en todo su valor la visita del Señor, que hemos imitado demasiado la insensibilidad de los judíos, los cuales no se conmovieron cuando apareció en medio de sus tinieblas. En vano cantaron los Ángeles a medianoche y le adoraron y reconocieron los pastores; en vano vinieron los Magos de Oriente, preguntando dónde estaba su cuna. Es verdad que Jerusalén se turbó durante un momento a la nueva de un Rey nacido; pero volvió a caer en la inconsciencia y no se preocupó más de la gran noticia.

Así es como visitáis, oh Salvador, a las tinieblas, y las tinieblas no os comprenden. Haced que las tinieblas comprendan a la luz y la deseen. Un día vendrá en que habréis de desgarrar esas tinieblas insensibles y voluntarias con el rayo deslumbrador de vuestra justicia. ¡Gloria a Ti en ese día, oh soberano Juez!, mas líbranos de tu ira en los días de esta vida mortal. — ¿En dónde os heriré todavía?, dices. Mi pueblo no es ya más que una llaga—. Sé, pues, Salvador, oh Jesús, en esta venida que esperamos. La cabeza está muy enferma y el corazón desfallecido: ven a levantar estas frentes que la humillación y a veces viles apegos inclinan hacia la tierra. Ven a consolar y aliviar estos corazones tímidos y ajados. Y si nuestras heridas son graves y antiguas, ven, tú que eres el buen Samaritano, y derrama sobre ellas el bálsamo que ahuyenta el dolor y procura la salud. El mundo entero te aguarda, ¡oh Redentor! Revélate a él, salvándole. La Iglesia tu Esposa, comienza ahora un nuevo año; su primer clamor es un grito de angustia hacia Ti; su primera palabra es ésta: ¡Ven! Nuestras almas, oh Jesús, no quieren continuar caminando sin Ti por el desierto de esta vida. Estamos en el atardecer: el día va declinando y las sombras se echan encima: levántate, ¡oh Sol divino!, ven a guiar nuestros pasos y a salvarnos de la muerte.

1 Las Estaciones, señaladas en el Misal romano para algunos días del Año, designaban antiguamente las Iglesias a donde el Papa, acompañado del clero y de todo el pueblo, acudían procesionalmente para celebrar la misa solemne. Esta costumbre se remonta tal vez al siglo IV: todavía existe hoy hasta cierto punto, haciéndose algunas Estaciones, aunque con menos pompa y asistencia en los días señalados en el Misal.

2 Israel tiene menos inteligencia que los brutos animales. Estos conocen a su señor; Israel no reconoce a su Dios y Bienhechor. Con frecuencia se emplea este versículo para pintar la ceguera de los Judíos que rechazaron al Mesías. Por otra parte, ha contribuido a crear la antigua tradición del nacimiento de Jesús en medio de dos animales: el asno y el buey. (V. Tobac, Los Profetas de Israel, II, 16.)

3 El Profeta describe el estado de Judá castigado: se halla semejante a un herido cubierto de llagas. La Iglesia aplica este verso al Mesías, "destrozado a causa de nuestros pecados". (Tobac, Id. 17.)


Fuente:

Dom Prosper Gueranguer
El Año Litúrgico
Adviento - Adviento y Navidad

Primera Edición Española, traducida y adaptada para los países Hispano-Americanos por los monjes de Santo Domingo de Silos.

1954, Editorial Aldecoa, Burgos.

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Happy First Week of Advent!

May God Bless you and your dear ones.

Advent

(Latin ad-venio, to come to).

According to present usage, Advent is a period beginning with the Sunday nearest to the feast of St. Andrew the Apostle (30 November) and embracing four Sundays. The first Sunday may be as early as 27 November, and then Advent has twenty-eight days, or as late as 3 December, giving the season only twenty-one days.

With Advent the ecclesiastical year begins in the Western churches. During this time the faithful are admonished to prepare themselves worthily to celebrate the anniversary of the Lord's coming into the world as the incarnate God of love, thus to make their souls fitting abodes for the Redeemer coming in Holy Communion and through grace, and thereby to make themselves ready for His final coming as judge, at death and at the end of the world.

From:

www.newadvent.org/cathen/01165…

The traditional color of Advent is purple or violet which symbolizes the penitential spirit. Religious traditions associated with Advent express all these themes.

From:

www.ewtn.com/devotionals/adven…

Sermons of Saint Bernard of Clairvaux for the Season of Advent:

flippy.grainger.uiuc.edu/metsn…

Dom Prosper Gueranger, The Liturgical Year

We find that this mystery of the coming, or Advent, of Jesus is at once simple and threefold. It is simple, for it is the one same Son of God that is coining; it is threefold, because He comes at three different times and in three different ways.  'In the first coming,' says St. Bernard, 'He comes in the flesh and in weakness; in the second, He comes in spirit and in power; in the third, He comes in glory and in majesty; and the second coming is the means whereby we pass from the first to the third.'

This, then, is the mystery of Advent. Let us now listen to the explanation of this threefold visit of Christ, given to us by Peter of Blois, in his third Sermon de Advent: 'There are three comings of our Lord; the first in the flesh, the second in the soul, the third at the judgement. The first was at midnight, according to those words of the Gospel: At midnight there was a cry made, Lo the Bridegroom cometh! But this first coming is long since past, for Christ has been seen on the earth and has conversed among men. We are now in the second coming, provided only we are such as that He may thus come to us; for He has said that if we love him, He will come unto us and will take up His abode with us. So that this second coming is full of uncertainty to us; for who, save the Spirit of God, knows them that are of God? They that are raised out of themselves by the desire of heavenly things, know indeed when He comes; but whence He cometh, or whither He goeth, they know not. As for the third coming, it is most certain that it will be, most uncertain when it will be; for nothing is more sure than death, and nothing less sure than the hour of death. When they shall say, peace and security, says the apostle, then shall sudden destruction come upon them, as the pains upon her that is with child, and they shall not escape. So that the first coming was humble and hidden, the second is mysterious and full of love, the third will be majestic and terrible. In His first coming, Christ was judged by men unjustly; in His second, He renders us just by His grace; in His third, He will judge all things with justice. In His first, a lamb; in His last, a lion; in the one between the two, the tenderest of friends.'

The First Sunday of Advent

This Sunday, the first of the ecclesiastical year, is called, in the chronicles and charts of the middle ages, Ad te levavi Sunday, from the first words of the Introit; or, Aspiciens a longe, from the first words of one of the responsories of Matins.

The Station * is at St. Mary Major’s. It is under the auspices of Mary - in the splendid basilica which possesses the crib of Bethlehem, and is therefore called, in ancient documents, St. Mary’s ad Praesepe - that the Roman Church recommences, each year, the sacred cycle. It would have been impossible to select a place more suitable than this for saluting the approach of the divine birth, which is to gladden heaven and earth, and manifest the sublime portent of a Virgin Mother. Let us go in spirit to this august temple, and unite in the prayers which are there being offered up: they are the very ones we also use, and which we will now explain.

[* The Stations marked in the Roman missal for certain days in the year, were formerly processions, in which the whole clergy and people went to some given church, and there celebrated the Office and Mass. This usage, which dates from the earliest period of the Roman Church, and of which St. Gregory the Great was but the restorer, still exists, at least in a measure; for the Stations are still observed, though with less solemnity and concourse of people, on all the days specified in the missal.]

In the night Office, the Church commences the reading of the Book of Isaias, who, of all the Prophets, has the most distinctly and explicitly foretold the Messias; and she continues this same Book until Christmas day inclusively. Let us strive to enter into the teaching of the holy prophet, and let the eye of our faith affectionately recognize the promised Saviour in the descriptions, sometimes consoling and sometimes terrifying, under which Isaias depicts Him.

The first words of the Church, in the still midnight, are these:

Come, let us adore the King our Lord, who is to come.

This first duty of adoration complied with, let us listen to the oracle of the prophet Isaias, delivered to us by the holy Church.

Beginning of the Book of the Prophet Isaias.

Ch. i.

The vision of Isaias, the son of Amos, which ho saw concerning Juda and Jerusalem, in the days of Ozias, Joathan, Achaz, and Ezechias, kings of Juda. Hear, O ye heavens, and give ear, O earth, for the Lord hath spoken: I have brought up children, and exalted them: but they have despised me. The ox knoweth his owner, and the ass his master’s crib: but Israel hath not known me, and my people hath not understood. Woe to the sinful nation, a people laden with iniquity, a wicked seed, ungracious children. They have forsaken the Lord, they have blasphemed the holy One of Israel, they are gone away backwards. For what shall I strike you any more, you that increase transgression? The whole head is sick, and the whole heart is sad. From the sole of the foot unto the top of the head, there is no soundness therein; wounds, and bruises, and swelling sores; they are not bound up, nor dressed, nor fomented with oil.


These words of the holy prophet, or rather of God who speaks to us by the prophet, should make a deep impression on the children of the Church, at this opening of the holy period of Advent. Who could hear without trembling this voice of our Lord, who is despised and unknown even at the very time when He is coming to visit His people? Lest men should be terrified at the splendour of His majesty, He divested Himself of it; and far from acknowledging the divine power of Him who thus humbled Himself out of love to them, these men have refused even to know Him; and the crib where He lay after His birth, had, at first, but two dumb animals to honour or notice it. Do you feel, Christians, how just are the complaints which your God here makes? And how your indifference for all His love is an insult? He calls heaven and earth to witness; He utters anathema against the sinful nation, His ungrateful children. Let us honestly confess that we, too, have not known the value of our Jesus’ visit to us, and that we have but too faithfully imitated the obduracy of the Jews, who heeded not the bright light when it burst upon their darkness. In vain did the angels sing on that December night; in vain did shepherds receive and welcome the invitation to adore the Babe and know Him; in vain did the Magi come from the east, asking where they were to find the crib of the King that was born. At this last example, the city of Jerusalem was somewhat moved; but the astonishment was only for a moment, and the old indifference soon stifled the good tidings.

Thus it is, O Jesus, that Thou comest unto darkness, and darkness does not comprehend Thee. We beseech Thee, let our darkness comprehend the light, and desire it. The day will come when Thou wilt disperse the spiritual and voluntary darkness of men by the awful light of Thy justice. Thy glory, O sovereign Judge, will be magnificent on that day, and we love to think upon Thy having it: but during these days of our life on earth, deliver us from Thy wrath. We are one great wound from the sole of the foot unto the top of the head; Thou knowest not where to strike: be, then, a Saviour, O Jesus, in this coming, for which we are now preparing. The whole head is sick, and the whole heart is sad: come, and raise up this head which shame and vile passions bow down to the earth. Come, and comfort this heart oppressed with sin and fear. We confess it, our wounds are deep and sore; come, thou good Samaritan, pour in Thy soothing oil and heal them.

The whole world is in expectation of its Redeemer; come, dear Jesus, show Thyself to it by granting it salvation. The Church, Thy bride, is now commencing another year, and her first word is to Thee, a word which she speaks in the anxious solicitude of a mother for the safety of her children; she cries out to Thee, saying: ‘Come!’ No, we will go no farther in our journey through the desert of this life without Thee, O Jesus! Time is passing quickly away from us; our day is perhaps far spent, and the shades of our life’s night are fast coming on; arise, O divine Sun of justice. Come! guide our steps and save us from eternal death.

From:

The Liturgical Year
Abbot Prosper Gueranger O.S.B.

Advent

Translated from the French by Dom Laurence Shepherd O.S.B

Jubilee year 2000
Limited edition

2000, Loreto Publications, Fitzwilliam, NH.

From: www.theliturgicalyear.org


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Dominica I Adventus:

INTROIT ("Entrance Chant") • Ad Te Levavi from the Congregation of St. Lazarus Autun



KYRIE XVII (Sundays in Advent & Lent) • From the Congregation of St. Lazarus Autun



SANCTUS XVII (Sundays in Advent & Lent) • From the Congregation of St. Lazarus Autun



AGNUS DEI XVII (Sundays in Advent & Lent) • From the Congregation of St. Lazarus Autun




English Propers, First Sunday of Advent



More on:

www.newliturgicalmovement.org/…



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The Holy Rosary in Latin:



Litaniae Sanctorum:

  • Mood: Joy
  • Listening to: SANCTUS XVII
  • Reading: Primer Domingo de Adviento - Dom Gueranguer
  • Watching: Videos de cantos
Cristo Rey

Cristo es rey por derecho propio y por derecho de conquista.
Por derecho propio: lo es como hombre y como Dios. Jesucristo en cuanto hombre, por su Unión Hipostática con el Verbo, recibió del Padre "la potestad, el honor y el reino" (cfr. Dan. 7,13-14) y, en cuanto Verbo de Dios, es el Creador y Conservador de todos cuanto existe. Por eso tiene pleno y absoluto poder en toda la creación (cfr. Jn. 1,1ss).

Por derecho de conquista, en virtud de haber rescatado al género humano de la esclavitud en la que se encontraba, al precio de su sangre, mediante su Pasión y Muerte en la Cruz (cfr. 1 Pe. 1,18-19).

El Padre lo puso todo en manos de su Hijo. Debemos obedecerle en todo.

No se justo apelar al amor como pretexto para ser laxo en la obediencia a Dios. En nuestra relación con Dios, la obediencia y el amor son inseparables.

   El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.» -Juan 14,21

Los mártires nos dan ejemplo. Prefirieron morir antes de negar a Jesús. Muchos mártires del siglo XX en México, España, Cuba y otros lugares murieron gritando ¡Viva Cristo Rey!. También en nuestro siglo.  

Ninguna persona, ni ley, ni entidad esta por encima de Dios. El Pontífice León XIII enseñaba en la "Inmortale Dei" la obligación de los Estados en rendir culto público a Dios, homenajeando su soberanía universal.

Diferente a los hombres, Dios ejerce siempre su autoridad para el bien. Quien confía en Dios, quien conoce su amor no dejará de obedecerle en todo, aunque algunos mandatos sobrepasen su entendimiento.  

LA FIESTA DE CRISTO REY DEL UNIVERSO

El Papa Pio XI, el 11 de diciembre de 1925, instituyó esta solemnidad que cierra el tiempo ordinario. Su propósito es recordar la soberanía universal de Jesucristo. Es una verdad que siempre la Iglesia ha profesado.  

Tomado de:

www.corazones.org/diccionario/…

Oración a Cristo Rey.

¡Oh Cristo Jesús! Os reconozco por Rey universal. Todo lo que ha sido hecho, ha sido creado para Vos. Ejerced sobre mí todos vuestros derechos.

Renuevo mis promesas del Bautismo, renunciando a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y prometo vivir como buen cristiano. Y muy en particular me comprometo a hacer triunfar, según mis medios, los derechos de Dios y de vuestra Iglesia.

¡Divino Corazón de Jesús! Os ofrezco mis pobres acciones para que todos los corazones reconozcan vuestra Sagrada Realeza, y que así el reinado de vuestra paz se establezca en el Universo entero. Amén.

Tomado de:

www.ewtn.com/spanish/prayers/c…

CARTA ENCÍCLICA QUAS PRIMAS DEL SUMO PONTÍFICE PÍO XI SOBRE LA FIESTA DE CRISTO REY

www.vatican.va/holy_father/piu…

Letanías a Cristo Rey

www.devocionario.com/jesucrist…

TU REINARÁS


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Christ the King

Pope Pius XI, on December 11, 1925, instituted this feast that closes Ordinary Time. Its purpose is to remember Jesus Christ's universal sovereignty. It is a truth that the Church has always professed.

"For a child is born to us and a son is given to us, and the government is upon his shoulder, and his name
shall be called Wonderful, Counselor, God the mighty, the Father of the world to come, the Prince of Peace. His empire shall be multiplied, and there shall be no end of peace. He shall sit upon the throne of David and upon his kingdom; to establish it and strengthen it with judgment and with justice, from henceforth and for ever." – Quas primas, Pope Pius XI, 1925

QUAS PRIMAS ENCYCLICAL OF POPE PIUS XI
ON THE FEAST OF CHRIST THE KING
TO OUR VENERABLE BRETHREN THE PATRIARCHS, PRIMATES,
ARCHBISHOPS, BISHOPS, AND OTHER ORDINARIES
IN PEACE AND COMMUNION WITH THE APOSTOLIC SEE.


www.vatican.va/holy_father/piu…

Litany to Christ the King

www.ewtn.com/devotionals/Litan…

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Chanted Propers for Christ the King:

INTROIT ("Entrance Chant") • Dignus Est Agnus from Corpus Christi Watershed



OFFERTORY CHANT • Postula A Me from Corpus Christi Watershed



COMMUNION CHANT • Amen Dico Vobis: Quod Uni Ex Minimis Meis Fecistis from Corpus Christi Watershed



From:

www.newliturgicalmovement.org/…

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The Holy Rosary in Latin:



Litaniae Sanctorum:

  • Mood: Joy
  • Listening to: Dignus Est Agnus • Corpus Christ
  • Reading: Sobre la Fiesta de Cristo rey
  • Watching: Videos de cantos
Antífonas O

Las antífonas de la O son siete, y la Iglesia las canta con el Magnificat del Oficio de Vísperas desde el día 17 hasta el día 23 de diciembre. Son un llamamiento al Mesías recordando las ansias con que era esperado por todos los pueblos antes de su venida, y, también son, una manifestación del sentimiento con que todos los años, de nuevo, le espera la Iglesia en los días que preceden a la gran solemnidad del Nacimiento del Salvador.

Se llaman así porque todas empiezan en latín con la exclamación «O», en castellano «Oh». También se llaman «antífonas mayores».

Fueron compuestas hacia los siglos VII-VIII, y se puede decir que son un magnífico compendio de la cristología más antigua de la Iglesia, y a la vez, un resumen expresivo de los deseos de salvación de toda la humanidad, tanto del Israel del A.T. como de la Iglesia del N.T.

Son breves oraciones dirigidas a Cristo Jesús, que condensan el espíritu del Adviento y la Navidad. La admiración de la Iglesia ante el misterio de un Dios hecho hombre: «Oh». La comprensión cada vez más profunda de su misterio. Y la súplica urgente: «ven»

Cada antífona empieza por una exclamación, «Oh», seguida de un título mesiánico tomado del A.T., pero entendido con la plenitud del N.T. Es una aclamación a Jesús el Mesías, reconociendo todo lo que representa para nosotros. Y termina siempre con una súplica: «ven» y no tardes más.

O Sapientia = sabiduría, Palabra

O Adonai = Señor poderoso

O Radix = raíz, renuevo de Jesé (padre de David)

O Clavis = llave de David, que abre y cierra

O Oriens = oriente, sol, luz

O Rex = rey de paz

O Emmanuel = Dios-con-nosotros.

Leídas en sentido inverso las iniciales latinas de la primera palabra después de la «O», dan el acróstico «ero cras», que significa «seré mañana, vendré mañana», que es como la respuesta del Mesías a la súplica de sus fieles.

Se cantan -con la hermosa melodía gregoriana o en alguna de las versiones en las lenguas modernas- antes y después del Magnificat en las Vísperas de estos siete días, del 17 al 23 de diciembre, y también, un tanto resumidas, como versículo del aleluya antes del evangelio de la Misa.

Tomado de: mercaba.org/LITURGIA/Adv/antif…

17 DE DICIEMBRE

COMIENZO DE LAS ANTIFONAS "O"

La Iglesia abre hoy el septenario que precede a la Vigilia de Navidad, días célebres en la Liturgia, con el nombre de Ferias mayores. El Oficio ordinario de Adviento vuélvese más solemne; en Laudes y en las Horas del día las Antífonas son propias del tiempo y relacionadas directamente con el gran acontecimiento. En Vísperas, se canta todos los días una solemne Antífona que es un suspiro por el Mesías, en la cual se le da diariamente uno de los títulos que le atribuye la sagrada Escritura. 

En la Iglesia Romana, estas Antífonas, a las que vulgarmente se les da el nombre de Antífonas O, porque así comienzan, son siete, una para cada día de las Ferias mayores, y se dirigen todas a Jesucristo. En la Edad Media, algunas Iglesias añadieron otras dos, una a la Santísima Virgen, ¡O Virgo Virginum! y otra al Arcángel Gabriel, ¡O Gabriel! o también a Santo Tomás, cuya fiesta cae durante estas Ferias mayores, y que comienza así: O Thomas Didyme1 Hubo Iglesias que tuvieron hasta doce grandes Antífonas, añadiendo otras tres a las ya mencionadas, es decir: una a Cristo, O Rex pacifice! otra a la Santísima Virgen, O mundi Domina! y finalmente la última, dirigida a modo de apóstrofe, a Jerusalén, O Jerusalem!

El momento escogido para dirigir esta sublime llamada a la caridad del Hijo de Dios, son las Vísperas, porque fué al atardecer del mundo, vergente mundi vespere cuando vino el Mesías. Son cantadas antes del Magníficat, para indicar que el Salvador esperado nos ha de llegar por María. Se las repite dos veces, una antes y otra después del Cántico, para mayor solemnidad, lo mismo que en las fiestas Dobles; algunas antiguas Iglesias las cantaban incluso tres veces, a saber: antes del Cántico, antes del Gloria Patri, y después del Sicut erat. Finalmente, estas admirables Antífonas, que contienen toda la medula de la Liturgia de Adviento, llevan un canto armonioso y solemne; y todas las Iglesias las acompañaron de particular pompa, cuyas demostraciones, siempre expresivas, variaron según los lugares. Entremos en el espíritu de la Iglesia, y recojámonos a fin de unirnos a ella con todo nuestro corazón, cuando dirija a su Esposo esas últimas y tiernas invitaciones a las que habrá de ceder finalmente.

PRIMERA ANTIFONA 

Oh Sabiduría, que saliste de la boca del Altísimo, que tocas de una extremidad a la otra y dispones todas las cosas con fuerza y dulzura al mismo tiempo: ven a enseñarnos los caminos de la prudencia.


¡Oh Sabiduría increada, que vais a haceros pronto visible al mundo, cuán bien aparece en estos momentos que todo lo gobiernas!  He aquí que por tu permisión divina, va a salir un edicto del emperador Augusto, para empadronar al mundo. Todos los ciudadanos del Imperio deberán acudir a su ciudad de origen. En su orgullo, creerá el emperador haber conmovido en favor suyo a todo el género humano. Agítanse los hombres por todas partes a millones, y atraviesan en todos los sentidos el inmenso imperio romano; piensan que obedecen a un hombre y es a Dios a quien obedecen. 

Todo ese gran movimiento no tiene más que una finalidad: la de llevar a Belén a un hombre y a una mujer que tienen su humilde morada en Nazaret de Galilea; para que la mujer desconocida de los hombres y ama-da del cielo, al concluir el mes noveno de la concepción de su hijo, le diese a luz en Belén, según lo anunciado por el Profeta: "Es su salida de los días de la eternidad: ¡O Belén, de ningún modo eres la más pequeña entre las mil ciudades de Judá, porque El saldrá de ti!"  ¡Oh Sabiduría divina, cuán fuerte eres para conseguir tus fines de manera infalible aunque oculta la mirada de los hombres!  ¡cuán suave para no forzar su libertad y cuán paternal previendo nuestras necesidades!  Escogiste Belén para nacer en ella, porque Belén significa Casa de Pan. Con esto nos quieres demostrar que eres nuestro Pan, nuestro manjar, nuestro alimento de vida. Nutridos por un Dios, no podremos ya morir. ¡Olí Sabiduría del Padre, Pan vivo bajado del cielo! ven pronto a nosotros, para que nos acerquemos a tí, y seamos iluminados por tus destellos; concédenos esa prudencia que conduce a la salvación.

1 Es ésta más moderna, pero desde el siglo XIII subsituyó en casi todas partes a la anterior.

Fuente: 

Dom Prosper Gueranguer
El Año Litúrgico 
Adviento - Adviento y Navidad

Primera Edición Española, traducida y adaptada para los países Hispano-Americanos por los monjes de Santo Domingo de Silos.

1954, Editorial Aldecoa, Burgos.

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O Antiphons

The seven antiphons to the Magnificat in the ferial Office of the seven days preceeding the vigil of Christmas; so called because all begin with the interjection "O".

O Sapientia = O Wisdom

O Adonai = O Lord

O Radix = O Root of Jesse (David's Father)

O Clavis = O Key of David

O Oriens = O Dayspring

O Rex = O King of the nations

O Emmanuel = O With Us is God

The first letters of the titles taken backwards form a Latin acrostic of "Ero Cras" which translates to "Tomorrow, I will be there", that is like the response of the Messiah the supplication of the faithful.

These are sung, -with beautiful Gregorian chant or some modern language version- before and after the Magnificat at Vespers of the seven days, from December 17 to 23 , and also as shortened verse in the Hallelujah before the Gospel in the Mass.

Couched in a poetic and Scriptural phraseology they constitute a notable feature of the Advent Offices. These seven antiphons are found in the Roman Breviary; but other medieval Breviaries added  "O virgo virginum quomodo fiet" etc., still retained in the Roman Breviary as the proper antiphon to the Magnificat in the second Vespers of the feast Expectatio Partus B. M. V. (18 December), the prayer of this feast being followed by the antiphon "O Adonai" as a commemoration of the ferial office of 18 December; "O Gabriel, nuntius cœlorum", subsequently replaced, almost universally, by the thirteenth-century antiphon, "O Thoma Didyme", for the feast of the Apostle St. Thomas (21 December). 

Some medieval churches had twelve greater antiphons, adding to the above "O Rex Pacifice", "O Mundi Domina",  "O Hierusalem", addressed respectively to Our Lord, Our Lady, and Jerusalem. Guéranger gives the Latin text of all of these (except the "O Mundi Domina"), with vernacular prose translation ("Liturgical Year", Advent, Dublin, 1870, 508-531), besides much devotional and some historical comment. The Parisian Rite added two antiphons ("O sancte sanctorum" and "O pastor Israel") to the seven of the Roman Rite and began the recitation of the nine on the 15th of December. Prose renderings of the Roman Breviary O's will be found in the Marquess of Bute's translation of the Roman Breviary (winter volume). 

Guéranger remarks that the antiphons were appropriately assigned to the Vesper Hour because the Saviour came in the evening hour of the world (vergente mundi vespere, as the Church sings) and that they were attached to the Magnificat to honour her through whom He came. By exception to the rule for ferial days, the seven antiphons are sung in full both before and after the canticle. "In some Churches it was formerly the practice to sing them thrice: that is, before the Canticle, before the Gloria Patri, and after the Sicut erat" (Dom Prosper Guéranger).

From: www.newadvent.org/cathen/11173… and mercaba.org/LITURGIA/Adv/antif…

DECEMBER 17.

THE COMMENCEMENT OF THE GREAT ANTIPHONS.

The Church enters to-day on the seven days, which precede the Vigil of Christmas, and which are known in the Liturgy under the name of the Greater Ferias. The ordinary of the Advent Office becomes more solemn; the Antiphons of the Psalms, both for Lauds and the Hours of the day, are proper, and allude expressly to the great Coming. Every day, at Vespers, is sung a solemn Antiphon, which consists of a fervent prayer to the Messias, whom it addresses by one of the titles given him by the sacred Scriptures.

In the Roman Church, there are seven of these Antiphons, one for each of the Greater Ferias, They are commonly called the O's of Advent, because they all begin with that interjection. In other Churches, during the Middle Ages, two more were added to these seven; one to our Blessed Lady, O Virgo Virginum; and the other to the Angel Gabriel, O Gabriel; or to St. Thomas the Apostle, whose feast comes during the Greater Ferias; it began O Thoma Didyme.1 There were even Churches, where twelve Great Antiphons were sung; that is, besides the nine we have just mentioned, there was Rex Pacifice to our Lord, O mundi Domina to our Lady, and O Hierusalem to the city of the people of God.

The canonical Hour of Vespers has been selected as the most appropriate time for this solemn supplication to our Saviour, because, as the Church sings in one of her hymns, it was in the Evening of the world (vergente mundi vespere) that the Messias came amongst us. These Antiphons are sung at the Magnificat, to show us that the Saviour, whom we expect, is to come to us by Mary. They are sung twice; once before and once after the Canticle, as on Double Feasts, and this to show their great solemnity. In some Churches it was formerly the practice to sing them thrice; that is, before the Canticle, before the Gloria Patri, and after the Sicut erat. Lastly, these admirable Antiphons, which contain the whole pith of the Advent Liturgy, are accompanied by a chant replete with melodious gravity, and by ceremonies of great expressiveness, though, in these latter, there is no uniform practice followed. Let us enter into the spirit of the Church; let us reflect on the great Day which is coming; that thus we may take oar share in these the last and most earnest solicitations of the Church imploring her Spouse to come, and to which He at length yields.

FIRST ANTIPHON.

O Sapientia, quae ex ore Altissimi prodiisti, attingens a fine usque ad finem, fortiter, suaviterque disponens omnia; veni ad docendum nos viam prudentiae.

O Wisdom, that proceedest from the mouth of the Most High, reaching from end to end mightily, and disposing all things with strength and sweetness! come and teach us the way of prudence.


O Uncreated Wisdom! that art so soon to make thyself visible to thy creatures, truly thou disposest all things. It is by thy permission, that the Emperor Augustus issues a decree ordering the enrolment of the whole world. Each citizen of the vast Empire is to have his name enrolled in the city of his birth. This prince has no other object in this order, which sets the world in motion, but his own ambition. Men go to and fro by millions, and an unbroken procession traverses the immense Roman world; men think they are doing the bidding of man, and it is God whom they are obeying. This world-wide agitation has really but one object; it is, to bring to Bethlehem a man and woman who live at Nazareth in Galilee, in order that this woman, who is unknown to the world but dear to heaven, and is at the close of the ninth month since she conceived her child, may give birth to this Child in Bethlehem, for the Prophet has said of him: "His going forth is from the beginning, from the days of eternity. And thou, O Bethlehem I art not the least among the thousand cities of Juda, for out of thee He shall come." [Mich. v. 2; St Matth. ii. 6.]. O divine Wisdom! how strong art thou, in thus reaching Thine ends by means which are infallible, though hidden! and yet, how sweet, offering no constraint to man's free-will! and withal, how fatherly, in providing for our necessities! Thou choosest Bethlehem for thy birth-place, because Bethlehem signifies the House of Bread. In this, thou teachest us that thou art our Bread, the nourishment and support of our life. With God as our food, we cannot die. O Wisdom of the Father, Living Bread that hast descended from heaven, come speedily into us, that thus we may approach to thee and be enlightened [Ps. xxxiii. 6.] by thy light, and by that prudence which leads to salvation.

PRAYER FOR THE TIME OF ADVENT.

(The Mozarabic Breviary, Fourth Sunday of Advent, Oratio.)

Christe, Dei Filius, qui in mundo per Virginem natus, Nativitatis tuae terrore et regna concutis, et reges admirari compellis, praebe nobis initium Sapientiae, quod est timor tuus; ut in eo fructificemur, in eo etiam proficientes, fructum tibi pacatissimum offeramus: ut, qui ad gentium vocationem, quasi fluvius violentus, accessisti; nasciturus in terris ad conversionem peccantium, manifesta tuae gratiae donum: quo, repulso terrore formidinis, casto te semper sequamur amore intimae charitatis. Amen.

O Jesus, Son of God ! born of a Virgin ! whose Nativity struck the nations with terror, and compelled kings to reverence thee; grant unto us the beginning of Wisdom, which is thy fear; that we may thereby yield fruit, and render thee, by our advancement in the same, the fruits of peace. O thou that didst come like a torrent to call the nations, and wast born on earth for the conversion of sinners, show unto us the gift of thy grace, whereby all fear being removed, we may ever follow thee by the chaste love of inward charity. Amen.

1It is more modern than the O Gabriel; but dating from the 13th century, it was almost universally used in its stead.

From:

The Liturgical Year
Abbot Prosper Gueranger O.S.B.

Advent

Translated from the French by Dom Laurence Shepherd O.S.B 

Jubilee year 2000
Limited edition

2000, Loreto Publications, Fitzwilliam, NH.

From: www.theliturgicalyear.org

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Antiphonæ majores

O Sapientia

Sung by the Cantarte Regensburg.



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The Holy Rosary in Latin:



Litaniae Sanctorum:

  • Mood: Joy
  • Listening to: O Sapientia • Cantarte Regensburg
  • Reading: Adviento - Dom Gueranguer
  • Watching: Videos de cantos

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:iconasukouenn:
asukouenn Featured By Owner Dec 8, 2014  Student Digital Artist
Thanks a lot for watching me!
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:iconkatetrista:
katetrista Featured By Owner Nov 20, 2014  Hobbyist General Artist
Thank you so so much for the watch!! :)
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:iconzabdyr:
zabdyr Featured By Owner Nov 19, 2014
Thank you very much for thinking of me and for the good wishes! Greetings!
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:iconcrispinvcampion:
CrispinVCampion Featured By Owner Nov 9, 2014
Thanks for the watch.
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:iconshinjumarkez:
ShinjuMarkez Featured By Owner Nov 4, 2014  Hobbyist General Artist
Muchas gracias por el watch :)
Reply
:iconfullmetalkobe824:
FullmetalKobe824 Featured By Owner Oct 19, 2014
Amazing Transformers gallery you've got right there, and can I just tell you how much I love your avatar? THe awesome Greek word for Christ! :)
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:icontrpandadragon:
TRPandadragon Featured By Owner Oct 18, 2014  Student General Artist
Thanks for the watch!
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:iconcrispinvcampion:
CrispinVCampion Featured By Owner Oct 10, 2014
Soon it will be the 13th of October and that's the anniversary of Fatima. A lot of Catholics will  be on a huge pray campaign to get the pope to do the consecration of Russia. Wound any of you be interested in helping? 
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:iconpadder:
Padder Featured By Owner Sep 3, 2014  Professional General Artist
Thank you for watching : )
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:iconvendae:
vendae Featured By Owner Sep 2, 2014  Hobbyist Digital Artist
hello! thank you for the watch, i appreciate it!
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